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Repara el delito: Rubiano

Toda nuestra violencia tiene como raíz el narcotráfico, dice el Cardenal.
Advierte que la corrupción y la injusticia social, son males por corregir.
Monseñor Rubiano habla de los problemas de los colombianos.


Colprensa | Monseñor Pedro Rubiano Sáenz ha sido protagonista de la vida nacional convirtiéndose desde el púlpito en un duro crítico de la guerrilla y ha formado parte de varias comisiones de paz.
Por
Carlos Fernando Álvarez C.
Colprensa, Bogotá

Para monseñor Pedro Rubiano Sáenz, Cardenal Primado de Colombia, el futuro es claro: hay que trabajar demasiado para alcanzar las metas mínimas de humanidad, respeto, convivencia y tolerancia, como sociedad y como país frente al mundo.

Partidario de apoyar los esfuerzos de reconciliación, seguro de que todo daño debe ser reparado por sus autores, consciente de la necesidad de minar el poder del narcotráfico a través de políticas sociales que estén acompañadas de una reducción en el consumo; crítico de la doble moral de quienes predican pero no aplican y claro en exigir una pronta solución al drama de quienes, dice, están por debajo de la línea de la dignidad humana, monseñor Rubiano habló con Colprensa. Minutos antes, había ingresado al salón de la Conferencia Episcopal que se llamará, de ahora en adelante, "Monseñor Bernardo Herrera Restrepo", en honor el Arzobispo fundador de la institución en 1908, con un óleo del religioso.

Ahí, había insistido ante los presentes en la necesidad de apoyar y estimular los miles de ejemplos silenciosos que, a diario, se aplican en Colombia para vivir en cristiandad.

Monseñor, dentro del mensaje final de la asamblea de obispos que habla sobre una nueva evangelización, a través de aplicar lo que se predica y de destacar lo bueno ¿cómo se pueden interpretar los actuales esfuerzos de paz adelantados en el país?

"Los procesos de paz son importantes. Cualquier esfuerzo para lograrlo debe ser apoyado. Pero como dijimos al principio de la Asamblea (la 77 reunión de la Conferencia Episcopal Colombiana) y desde antes, que es necesario que haya claridad total, transparencia y compromiso".

¿Un proceso de desmovilización debe contar con justicia y reparación?
"No basta con reconocer un delito sino que también hay la obligación de enmendarlo, de repararlo. Eso, con los grupos armados ilegales. En cuanto a otros actores, como el narcotráfico, el Estado tiene sus mecanismos e instituciones de tipo judicial para no sólo señalar y condenar sino para buscar la rehabilitación de las personas".

Hay un debate en el país en torno a la presencia del narcotráfico en la mesa de negociación con el grupo armado ilegal autodefensas...
"No lo vería como una mesa de negociación. Creo que son dos campos muy distintos. El de una violencia armada que tiene en el fondo alguna expresión política. Y otro, el del narcotráfico. Ese delito, con qué cara se presenta.

El narcotráfico es un problema que necesita un estudio a fondo por parte de quienes tienen la responsabilidad en la aplicación de la justicia".

Igualmente, la presencia de dos extraditables en Santa Fe de Ralito (Córdoba), ha despertado suspicacias...
Ahí se presenta una dualidad, una mezcla. Este problema registra, por un lado, personas implicadas con la coca, pero que a la vez son combatientes. Diría que en esos diálogos debe hacerse un análisis muy sereno que ayude a despejar los interrogantes.

Narcotráfico y corrupción
¿Qué actitud asumir frente al flagelo del narcotráfico?
"Es vital para el país afrontar ese tema. Para mí, es terrible la situación que vive el país: la guerra, los enfrentamientos, las autodefensas, la insurgencia, los secuestros, las muertes, todo eso está alimentado en su gran mayoría por el narcotráfico. Me decía un obispo y acertaba en cuanto al problema de la droga en el Catatumbo: 'Siembra coca y cosecharás muertos'. Es una maldición que la estamos viviendo: donde se siembra la coca... hay dolor, hay muerte y hay llanto..."

¿Estamos viviendo un resurgimiento del narcotráfico, entendido como un fenómeno que vuelve a permear a la sociedad. Cifras de las autoridades hablan de un porcentaje altísimo de muertes violentas por ejemplo en el Valle del Cauca por culpa de ese delito?
"A ver. El problema hay que erradicarlo totalmente. No solo con las fumigaciones de los cultivos ilícitos. Hay que crear conciencia de que es un problema total, pero hay que buscar que la gente tenga en qué trabajar. ¿Por qué hay 'raspachines'?, ¿Por qué se van a esos territorios donde está la coca? Porque no encuentran trabajo en otra parte y, como me decía algún campesino hace un tiempo: 'yo tengo que sobrevivir'. Por eso, el esfuerzo debe ser de todos: de la sociedad, del Estado, para no sólo erradicar los cultivos ilícitos con fumigaciones, o manualmente, o con sustitución de cultivos.

La presión debe hacerse como País, como Nación frente al mundo".

¿Y qué hacer frente a los países consumidores?
"Si toda esta violencia tiene como raíz el narcotráfico, son los países consumidores los que tienen que mirarse hacia adentro. No se deben contentar con señalarnos únicamente a nosotros como los malos, como los narcotraficantes.

Debieran hacer un esfuerzo, diría titánico, para controlar y ojalá acabar con el consumo. Una vez se acabe el consumo en los países ricos, creo que nos vuelve la paz de manera inmediata".

El otro tema es la corrupción ¿cómo enfrentarla?
"La Iglesia Católica no se cansa de llamar la atención para luchar contra este flagelo. Y lo decimos dentro de la evangelización o dentro de la iniciación cristiana. Muchos de los que se confiesan o que dicen que son creyentes, toleran cierto tipo de corrupción y de componendas. Uno tiene que ser íntegro en todo, sobre todo cuando se trata de los bienes públicos. Esos bienes están al servicio de los colombianos.

Por eso, el país debe estar muy vigilante. Hay los instrumentos legales y organismos para controlarla, pero hay que llegar más a fondo y tocar la conciencia de todos, en especial, de quienes son llamados a ejercer cargos de tanta responsabilidad. Deben tener transparencia".

Es decir, predicar y aplicar...
"Desde la Fe, el que se confiesa creyente debe tener una unidad de vida. Uno no puede ser cristiano o creyente por decir que va a misa el domingo. No. Es el comportamiento diario en su vida, en su familia, en su comunidad, en el manejo de recursos. La rectitud es norma. Si todos la ejerciéramos, todo sería distinto".

¿Y sobre la justicia, entendida como inversión social y atención a los más necesitados, la sociedad colombiana cumple esa labor?
"Cuando se habla de justicia se cree que es la de los jueces y tribunales, o que justicia es cuando se condena a los autores de un delito.

El concepto es más amplio. En este momento el país pasa por momentos difíciles. Por ejemplo, en la salud y en la falta de oportunidades de trabajo. Allí habría que hacer un ajuste, en el sentido de que la justicia social es la que tiene que llevar a todos los colombianos a estar por encima de la llamada línea de supervivencia y no por debajo de ella. No por debajo de la línea de la dignidad humana.

Por eso, tenemos todos que hacer un esfuerzo y, en especial, el Estado, para corregir todo lo que es corrupción, hacer inversión social y dar oportunidad de que todos los colombianos tengan un trabajo digno. A veces parece algo inalcanzable, pero con esfuerzo, ojalá más temprano que tarde, y con justicia, habrá dignidad".


Una vida dedica a la evangelización
Monseñor Pedro Rubiano Sáenz nació en Cartago (Valle del Cauca), el 13 de setiembre de 1932. Estudió Filosofía en el Seminario de Popayán, Teología en la Universidad de Laval de Québec (Canadá), Catequesis en la Universidad Católica de Washington (E.U.) y Doctrina Social de la Iglesia en el Ilades de Santiago de Chile.

Fue ordenado sacerdote en el Seminario de San Pedro en Cali, el 8 de julio de 1956, para la arquidiócesis de Cali y, según dicen quienes lo conocen, desde muy niño ha sido muy estudioso, sencillo, discreto, amable y, sobre todo, muy humano.

Fue nombrado Obispo de Cúcuta el 2 de junio de 1971 y consagrado el 11 de julio del mismo año. El 26 de marzo de 1983 fue nombrado arzobispo Coadjutor de Cali y, el 7 de febrero de 1985, designado arzobispo de esa misma ciudad.

Fue presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia durante dos períodos consecutivos: entre 1990 y 1993, y de 1993 a 1996. En la actualidad ostenta ese cargo.

Fue traslado a Bogotá el 27 de diciembre de 1994 y el 11 de febrero de 1995 asumió el cargo de Arzobispo de la capital del país.En su actividad eclesiástica ha defendido el vínculo matrimonial, ha rechazado el aborto y se le otorga el haber posicionado a la Iglesia en Colombia como cultivadora de las buenas costumbres.

Ha sido protagonista de la vida nacional convirtiéndose desde el púlpito en un duro crítico de la guerrilla y ha formado parte de varias comisiones de paz.
Fuente: Aciprensa.com


EL COLOMBIANO / Palabras de Peso / Julio de 2004

 

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