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Quien llega al Chocó se enferma
El estado del tiempo es el que decide si
la gente se puede mover o no.
La región
no tiene escuelas ni maestros, pero sí cantidad de niños.
Monseñor
Llano lleva 4 paludismos, pero no da pie atrás.
Por
Carlos Fernando Álvarez
Bogotá

EL COLOMBIANO | Monseñor Alonso Llano Ruiz,
obispo de la Diócesis Itsmina-Tadó |
El Obispo de Itsmina-Tadó, monseñor Alonso Llano Ruiz, sonríe
cuando le preguntan qué tan grande es el atraso y la pobreza en Chocó.
El prelado tiene una respuesta alternativa a la consignada en múltiples
diagnósticos hechos en la zona durante años y otros de esta
semana, que evidencian su dramática realidad: prefiere hablar sobre
las cifras acerca del trabajo que ha hecho en la región durante los
últimos 11 años, de la mano de las comunidades.
"Aún hay mucho por hacer", dijo a Colprensa, al hablar
sobre la pobreza y el conflicto en una zona rica en recursos humanos,
naturales, mineros y de biodiversidad, región que esta semana decidió
protestar y entrar en paro ante el que consideraron incumplimiento del
Gobierno sobre la construcción de la vía Las Ánimas-Nuquí,
sobre el Golfo de Tribugá y polo turístico de la región.
Pero además el obispo, oriundo de Marulanda, Caldas, aprovechó
para recordar las anécdotas que ha tenido que sortear en medio
de una zona sin vías de comunicación, viajes en "pangas"
o canoas de la región, malaria, paludismo, corrupción y
grupos armados ilegales de todas las vertientes, que han afectado a la
vida en comunidad en esta década.
Monseñor, ¿Cuál es la realidad
del atraso en Chocó?
"El departamento tiene una extensión de 46.850 kilómetros
cuadrados y 467.000 habitantes. Es una de las regiones más ricas
del mundo en biodiversidad y recursos mineros e hidrográficos.
Pero la paradoja comienza con el promedio de vida de 48 años; el
analfabetismo llega al 60 por ciento; la mortalidad es de 68 por cada
mil habitantes y la infantil es de 11.7 por cada mil, un 10 por ciento
más que el promedio nacional. El 89 por ciento de sus 850 corregimientos
y 18 municipios aún tiene sus necesidades básicas sin satisfacer,
además de malaria, paludismo, parásitos y enfermedades respiratorias.
Todas cifras de organizaciones civiles, oficiales del mismo departamento
y las de la Diócesis".
Esta semana las comunidades chocoanas pararon
y protestaron ante lo que llamaron incumplimiento del Gobierno para la
construcción de la vía al mar. ¿Cómo se encuentra
la región en vías?
"Incomunicada cuando las condiciones climáticas así
lo determinan. El Chocó es selva y sus autopistas son los ríos,
pero el desplazamiento dura muchas horas. Cuando llueve es imposible navegar.
De los mil kilómetros de costa que tiene el Chocó sobre
el Pacífico, hay una carretera de 14 kilómetros entre El
Valle y Bahía Solano. Y está la que de Pereira intenta llegar
a Nuquí y que fue el motivo de la protesta".
¿Qué pasa en Salud?
"En la Diócesis constatamos la falta de apoyo estatal para
los hospitales. El de Itsmina se encuentra en lamentable estado. Las brigadas
de salud de los médicos de Medellín y del interior llegan
a la zona con patrullas aéreas y por vocación, en forma
gratuita. Alemania ayudaba con sus organismos de cooperación, pero
se alejó por la violencia. Ojalá contáramos con apoyo
directo internacional para la Diócesis y para la formación
de maestros y su sostenimiento, porque cuando hay participación
gubernamental en las regiones se vuelve un lío tremendo y se mete
mucho la politiquería. Pero hace meses, la comunidad internacional
y la ONU se han interesado en esta región que tiene problemas desde
hace años".
¿Y en educación?
"El 80 por ciento de las localidades no tiene escuelas ni maestros,
pero sí cantidad de niños. En esas escuelas, abandonadas
también por el conflicto, los únicos que conviven son los
cerdos y las gallinas. Pero tampoco tienen alcalde, corregidor, ni Policía.
Son las comisiones ancestrales las que manejan más o menos los
pueblitos. La gente es muy querida".
El clima de Chocó es muy insalubre. ¿Cómo
se controlan las enfermedades?
"Quién llega a Chocó sabe que se va a enfermar. Llevo
ya cuatro paludismos, y algunos sacerdotes me dicen que ya perdieron la
cuenta.
Ahora, en cuanto a las jornadas de vacunación, esa ha sido otra
lucha de concientización con los grupos ilegales, que no dejan
pasar al personal médico y a las brigadas de salud. Me ha tocado
muchas veces mediar en esa situación".
¿Cómo resiste en su labor pastoral
en un mundo tan difícil?
"Para esto hay que tener vocación. Yo vibro con mi gente,
con mi Diócesis. Quien no tiene vocación, sufre mucho.
Conflicto armado ¿Ha adelantado conversaciones
con guerrilla y paramilitares?
"Sí. He hablado con ellos y sin permiso de la Presidencia
de la República, porque el Gobierno está en Bogotá
y nosotros aquí. Los temas del diario vivir en la zona, como cuando
bloquean el paso de alimentos hay que resolverlos. El conflicto en el
país se resuelve dialogando. Al hablar con los representantes del
Ejército, se les reclama que están por un tiempo en la zona
y después se van. Me han dicho que es cierto, porque no cuentan
con más helicópteros, con más lanchas, para tener
una presencia permanente, salvo la Armada que ha ayudado a controlar un
tanto la situación. La selva es maravillosa, pero es dura. Hay
que aprender a vivir en ella, se necesita de mucho coraje".
¿Cuál es la realidad de los grupos
armados ilegales?
"En Chocó y en la parte de mi Diócesis, operan todos
los grupos ilegales, tanto de guerrilla, como del paramilitarismo. Incluso,
recuerdo un día que llegó la subversión a la población.
Nos dieron la orden de que todo el pueblo debía concentrarse a
las 11 de la mañana. Yo no fui. Después llegaron a buscarme
dos de ellos y me dijeron de mala manera: "Monseñor, el Jefe
manda a decir que tiene que ir a la reunión". Les dije que
iba dentro de un rato. "No, tiene que ser ya", reiteraron. Entonces
les dije: "dígale a ese señor que no voy y que lo espero
acá".
¿Y qué pasó?
"Les reiteré a los padres que me acompañaban que debemos
darle seguridad a nuestra gente, que no todo el mundo debe estar sometido
y que si nosotros tenemos un liderazgo, no podemos ser los primeros en
ser vencidos. Esos grupos cuando le ven a uno seguridad, dejan de actuar
con tanta violencia. Como a las dos horas llegó el Jefe, algo nervioso
y con rabia. Cuando se sentó, y para hacerse notar, nos dijo: "por
dónde comenzamos". Yo le respondí que habláramos
del tiempo atmosférico, que es lo más fácil para
empezar una conversación. Ahí se distensionó la situación
y llevamos tres años sin problemas. Incluso, logramos que entendieran
de la necesidad de reabrir las clases en el pueblo de San Roque de la
Frontera, donde este grupo armado había ordenado su suspensión".
Pero ha habido crímenes...
"Sí. La región ha sido muy conflictiva sobre todo en
Pizarro, Birodó y hacia la desembocadura del río San Juan,
al sur, que se convirtió en corredor para armas y coca, donde han
asesinado a los indígenas embera, por ejemplo. Ha habido muchas
detenciones y secuestros, como el de la ensenada de Utría.
¿Cuál es la estrategia de trabajo
que ha desplegado en su labor?
"El centro de todo es continuar la labor evangelizadora que hemos
emprendido las comunidades de sacerdotes, hermanas y de la misma sociedad
civil, que trabajan con gran sacrificio y gran entrega por indígenas,
comunidades raizales y de los colonos en la zona. Y todo en medio de la
pobreza. Nosotros no tenemos nada que nos sostenga económicamente
dentro del Chocó. Tenemos que estar buscando por aquí, o
por allá. Yo me volví pedigüeño para podernos
sostener".
¿Qué otras propuestas tiene?
"Educación, formación en valores, sensibilización
sobre el derecho humanitario y el derecho internacional humanitario; establecer
comisiones de vida, justicia y paz, mayor organización comunitaria,
instaurar y desarrollar proyectos productivos; vías, mejorar viviendas,
establecer comedores escolares, crear empresas, dar continuidad a los
programas de salud que carecen incluso del apoyo estatal y rescatar los
valores culturales y lúdicos de la región".
¿Qué recomendaciones le haría
al Gobierno?
"Descentralizar los programas, mejorar la presencia estatal, mayor
atención en salud, educación, vías, crear y fortalecer
medios de comunicación, sostener la biodiversidad, impulsar un
turismo responsable, pero sobre todo ponerle atención al conflicto
armado que se está librando en el Bajo San Juan, al sur del departamento,
donde el enfrentamiento entre los grupos ilegales de guerrilla y paramilitares
es fuerte, según constatan los propios habitantes de la región".
Ayuda al lector
Un atraso que se mide en años
En su presentación sobre la pobreza en Colombia, el Programa para
el Desarrollo de Naciones Unidas, PNUD, reveló que la iniquidad
en el progreso de Colombia es bastante marcada entre ciudades y poblaciones
rurales. Según el estudio, Bogotá tiene un índice
como el de República Checa, pero Chocó tiene uno similar
al de Vietnam. De otro lado, el atraso del departamento con respecto al
país, de acuerdo con las mediciones de ingreso, necesidades básicas
insatisfechas, falta de infraestructura y desarrollo, es de 10 años
EL COLOMBIANO / Palabras de Peso/ Octubre de 2004
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