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Para la paz hay que hablar con pecadores
A su juicio, existe poca reciprocidad en la lucha contra el narcotráfico.
Insiste en que se debe buscar la paz y pone como meta el año 2010.
Monseñor
Pedro Rubiano reitera la necesidad de una negociación.
Por
Áreas Política y Paz y D.H.
 Colprensa
| Para monseñor Pedro Rubiano Sáenz, todavía
son pocos los esfuerzos para mitigar el dolor y el desarraigo del
desplazamiento. |
La urgencia de que sean liberados todos los secuestrados; de que tanto autodefensas
como guerrillas reconozcan los errores que cometieron, y de que la sociedad
se una en la búsqueda de la paz antes de 2010, son prioridades para
el país, a juicio del presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor
Pedro Rubiano Sáenz.
El Cardenal Primado de Colombia y arzobispo de la capital del país
reiteró la voluntad de los obispos y sacerdotes para facilitar
los caminos de la reconciliación.
Sobre el narcotráfico dijo que el fariseísmo también
influye en que no se pueda encontrar una salida al fenómeno, por
considerar que la lucha debe ser de doble vía: en la producción
y el consumo en los países donde se señala a los colombianos
como narcotraficantes, sin hacer el suficiente análisis de que
allí también hay una gran responsabilidad.
¿Cómo puede hacerse efectiva la
propuesta de que el conflicto armado desaparezca antes de 2010?
"Es importante que nos fijemos determinadas fechas como meta. Eso
no significa que esperamos que la paz llegue sólo en 2010. Ojalá
se hiciera ya. Es un llamado a todos los colombianos, las organizaciones,
a quienes estamos trabajando por la paz para que formen en la gente una
conciencia colectiva hacia esta tarea y nadie se excluya de la responsabilidad
de conseguir la paz.
Por qué decimos que el 20 de julio de 2010. La respuesta es que
es la conmemoración del bicentenario de la independencia y al comparar
las gestas de hace 200 años, debemos buscar liberarnos de lo que
nos impide vivir en paz y lleguemos a la reconciliación. Si mañana
uno dijera, cesaron los combates, la destrucción de pueblos, el
secuestro y el terrorismo, eso no es suficiente. Se requiere conciencia
de todos de que también hay que buscar una justicia restaurativa".
¿Cuál es el rol de la Iglesia
hoy?
"Tanto con las autodefensas como las Farc o con el Eln, hacemos un
trabajo. Miremos lo de Santa Fe de Ralito: esa presencia le ha permitido
al país que la mesa se mantenga, aunque muchos se pregunten qué
estamos haciendo allá con esos bandidos. No se trata de ángeles.
Cuando se habla de una negociación con la insurgencia se está
hablando con personas que están al margen de la ley, que han cometido
desafueros y crímenes. Lo que se busca es que eso termine y se
encuentre una salida para ellos. Es avanzar en la construcción
de una paz y en el cese de esas hostilidades".
Pero se oyen muchas voces en torno a que el proceso tiene dificultades...
"Dificultades las hay y las habrá. Ahí se necesita
una infinita paciencia. Están las experiencias anteriores, hay
unos esfuerzos y uno no puede negar los que hizo el gobierno anterior
y lo que hace el de ahora. Hay que perseverar hasta encontrar el punto
crítico para poderlo resolver".
La transversal
Preocupa el tema del narcotráfico en torno
a ese proceso...
"Desde luego. Pero ahí no podemos nosotros caer como en un
fariseísmo. Cuál es el problema grande que tenemos y por
qué. También tenemos esta terrible violencia, no sólo
de la insurgencia, sino la que se ve a diario en las ciudades. Una gran
parte de esta carga negativa viene por el cultivo, el procesamiento y
el mercadeo de la droga. Insisto en que mientras los países ricos
sean consumidores y no logren detener este consumo persistirá el
problema. La carga de culpabilidad no sólo es porque se nos señala
como si todos fuéramos narcotraficantes. Hay que entender una regla
elemental y es que si hay consumo, habrá producción, y si
no hay consumo, se acaba la producción".
Hay otro tema en el proceso con las Auc y es el de la reparación
de las víctimas...
"Creo que cuando se ha cometido una falta grave contra el país,
contra la Nación y contra la vida hay que reconocerlo. No se está
diciendo que aquí no pasó nada. Tiene que quedar claro que
sí paso y esa memoria no es para guardarla y para que nos amargue
siempre. Es una memoria que ayuda a liberar, en el sentido de que al reconocer
que se ha faltado, se exprese que eso no volverá a suceder".
Pero los discursos de los líderes de las Auc en el Congreso indicarían
que no hay como ese acto de contrición...
"La gente trata siempre de disculparse, pero creo que en el reconocimiento
terminarán haciéndolo, pues el daño causado es muy
grande. Y lo mismo la guerrilla, porque aquí el que esté
libre de pecado que levante la mano. La guerrilla dice que son insurgentes
que están en una rebeldía política, pero también
ellos se han nutrido del narcotráfico".
Intercambio
¿A propósito de las Farc, la única
alternativa hoy es el acuerdo humanitario?
"Se están explorando los distintos caminos. Cuando veo esos
esfuerzos que se han hecho y se siguen haciendo buscando esa facilitación
veo una salida. Es muy difícil poder avanzar con señales
de humo a distancia".
¿El intercambio humanitario es por ahora
la única salida?
"La alternativa es que los tenemos que liberar a todos. Si quieren
mostrar una voluntad de paz, que los liberen. Lógicamente lo veo
muy aterrizado. Ese es el ideal, pero hasta él no se llega si no
dando pasos para alcanzar una meta. Por eso insisto en esa meta del bicentenario
de la Independencia en 2010 como fecha límite. Mientras tanto,
en todo este tiempo, cada uno deberá aportar para esa paz duradera
porque si uno no tiene paz cómo va a trabajar por ella. Hay mucha
violencia también en los hogares. Desde ya, empecemos a buscar
esa paz".
¿Cómo es el trabajo con el Eln?
"Hay por lo menos confianza de parte de la Iglesia. Igual ocurre
con las Farc. Por eso, ellos valoran los esfuerzos que hacemos para discutir
una búsqueda de encuentro y negociación con el Gobierno.
Tenemos un respeto grande por la Constitución, por la ley y por
el Gobierno. Con la independencia que nos dan, tenemos la misión
de conciliar y reconciliar y de buscar que los colombianos obtengamos
la dignidad como personas y que trabajemos rompiendo las barreras que
ponen el egoísmo, el odio y el deseo de venganza".
¿Hay muchos riesgos para la Iglesia en
esta labor?
"Parto del principio de cuántos obispos y sacerdotes han muerto
por esta misma violencia. Recuerdo el asesinato de monseñor Jesús
Emilio Jaramillo, cuando él estaba en Arauca y yo en Cúcuta,
en mis primeros años como Obispo. No guardamos rencor al Eln, que
lo mató. Qué tal que como obispos o sacerdotes estuviéramos
llenos de rencor: no podríamos hablar con nadie (...) Tenemos que
tratar de abrir caminos".
¿El tema de la reelección es algo
que les preocupa, que han discutido?
"En últimas, así se apruebe, es el país el que
tiene que decidir. Son los ciudadanos quienes votarán de acuerdo
con sus convicciones sobre qué será lo mejor para el país.
En eso, uno no puede desgastarse tampoco. Parece que hay esa propuesta,
habrá otras y otros candidatos y la gente tendrá que decir.
Lo que se va viendo en la misma votación del Congreso es que hay
una mayoría a favor de la reelección y no solamente del
Presidente, sino que ya aparecen de otros distintos organismos de poder
político que también se les abriría una puerta para
la reelección en el país".
¿Cuál es su llamado en la Semana
por la Paz?
"Es importante que el país no se acostumbre a que como estamos
en una situación de violencia, esto no se va a terminar. No podemos
olvidar a las personas secuestradas, no sólo a los políticos
y militares, sino a todos los ciudadanos que están padeciéndolo.
Tiene que ser un clamor unánime permanente para que vuelvan a sus
hogares".
Ayuda al lector
El tema de los desplazados duele mucho
Para monseñor Pedro Rubiano Sáenz, todavía son pocos
los esfuerzos para mitigar el dolor y el desarraigo del desplazamiento.
"Uno ve que ha disminuido mucha violencia, terrorismo y demás,
pero el desplazamiento sigue. Me refiero por ejemplo al Centro de Migraciones
que nosotros tenemos en Bogotá. Eso es de todos los días.
Ese es otro tema que me parece bien importante. (...) Miramos por ejemplo
en Chocó: siempre está esa tensión tan grande allá,
porque son territorios que se están disputando los distintos grupos
que están al margen del Estado. Entonces la que sufre es la gente".
EL COLOMBIANO / La entrevista / Septiembre de 2004
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