Navidad, de las costumbres paganas a la tradición
El mundo se prepara para celebrar la tradicional fiesta cristiana
de la Navidad.
Las costumbres tienen su origen en celebraciones que poco tienen
que ver con la cristiandad.
La unión familiar, las comidas típicas y los regalos
resumen esta temporada.
Por
Mario
Alberto Duque Cardozo
Medellín
Con la de este año se ajustarían 2.000 navidades,
al menos esa es la cuenta, por lo demás sencilla, que resulta
de contar el número de veces que el calendario, que instauró
el Papa Gregorio, señaló el nacimiento del Niño
en Belén, en el caso de que se hubiera celebrado cada vez
que el infante cumplió un año más de vida.
No es claro el día exacto del nacimiento de Jesús
en el ya lejano año que marca el inicio de los 2.001 que
conoce el mundo occidental. No fue sino hasta el siglo IV, cuando
San Cirilo le propuso al Papa Julio I reemplazar la pagana fiesta
romana del Natalis Solis Invictis, en la que los habitantes de
la capital del imperio pedían al Sol un poco más
de luz, que se oficializó la cristiana natividad.
Otros aseguran que fueron San Juan Crisóstomo y San Gregorio
Nacianzeno quienes celebraron por primera vez la Navidad en el
año 354 y otros atribuyen a Honorio, emperador romano de
Occidente, la oficialización de esta festividad.
Lo cierto es que con la Navidad, sin importar la fecha o el año
en que se estableció de manera oficial como una fiesta
religiosa, los habitantes del mundo occidental se reúnen
y celebran alrededor de las mismas tradiciones que tienen siglos
de existencia, pero de particular manera en cada país,
ya sea con novenas, pastorelas o posadas, para citar sólo
tres ejemplos dentro del continente americano.
Las personas, cada año, esperan el nacimiento del Niño
frente al pesebre, como en Colombia, Venezuela y los países
bolivarianos en general; los regalos de Papá Noel bajo
el árbol de Navidad, costumbre más del norte del
mundo o la llegada de los Reyes, como lo aprendieron de los españoles
los más australes del continente americano, argentinos
y chilenos, por ejemplo.
El
pesebre
Mientras predicaba en la campiña de Rieti, Italia, en el
invierno de 1223, a San Francisco de Asís se le ocurrió
reproducir el momento del nacimiento de Jesús, construyó
una casita de paja, trajo un burro, un buey e invitó a
los campesinos para que actuaran como los pastores de la historia
bíblica.
La idea se extendió por Europa, en donde cada año
actores representaban las escenas que dieron vida a la Navidad.
Hacia finales del siglo XV los actores fueron reemplazados por
figuras de barro. El pesebre llegó a América con
las carabelas y a través de los monjes franciscanos, quienes
se encargaron de llevar con ellos la costumbre iniciada en el
siglo XIII.
El
árbol de Navidad
La tradición del árbol es originaria del norte de
Europa. Los habitantes de Alemania, Finlandia, Dinamarca, entre
otros países, tenían como costumbre recoger hojas
verdes y llevarlas a sus casas para recordar el verano durante
los fríos días del invierno.
Se tienen datos desde 1605 que dan cuenta de la existencia del
árbol, y se atribuye al protestante Martín Lutero,
quien decidió que el abeto fuera la insignia de las Navidades
protestantes, la costumbre de adornar el árbol con luces,
cuando llevó uno a su casa y lo adornó con velas.
La tradición del árbol de Navidad la adoptaron las
iglesias cristianas en el siglo XIX, hoy es uno de los símbolos
más representativos de la época.
Sin embargo, la tradición de adornar pinos, abetos y demás
se hizo oficial cuando la Reina Victoria y el príncipe
Alberto utilizaron este objeto para celebrar su Navidad.
Antecedentes
El
Papá de la Nochebuena
Claus o Noel son dos nombres distintos
para un mismo personaje, gordo y bonachón que cada año
toma su trineo y pasea por el mundo para llevar regalos a aquellos
niños que durante el año se portaron bien y carbones
a los que no.
Se cree que este singular personaje navideño
que reparte juguetes en Nochebuena, tiene origen en un obispo
de nombre Nicolás y que recorría la ciudad con obsequios
para los niños y sabios consejos para las demás
personas.
La imagen de este viejo, conductor de trineo,
habitante del Polo y que se escurre a las casas por las chimeneas,
que fue declarado santo por la Iglesia, reaparece cada año
como parte de las tradiciones navideñas más representativas.