Fue famoso en Medellín en 1837 cuando recorría todas
sus calles vestido de ruana negra, sombrero grande y montado en
una mula negra. Perseguía a los borrachos y trasnochadores
diciéndoles: si te alcanzo te pongo este sombrero.
Aparecía los viernes de cuaresma y cabalgaba con un par de
perros encadenados. El Sombrerón fue el espanto propio de
Medellín.