Novena de Aguinaldos
Día quinto
Consideración
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús
en el seno de su purísima Madre; veamos hoy la vida que
lleva también María durante el mismo espacio de
tiempo.
María no cesaba de aspirar el momento en que gozaría
de esa visión beatífica terrestre, la faz de Dios
encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía
iluminar el cielo durante toda la eternidad. Iba a leer el amor
filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos debería esparcir
para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a verle
en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares
de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura.
Tal era la vida de expectativa de María! Era inaudita
en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico
de toda vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús
residiendo en María, sino pensamos que en nosotros también
reside por esencia, potencia y presencia.
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