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El mejor remedio es no tomar
Consejos útiles para sacarle provecho al guayabo


Decía un bobo famoso en Marinilla que lo mejor para el guayabo es no beber. Menuda conclusión, inservible, además, si el consejo se da mientras el infeliz enguayabado padece su mal.

En principio, así parece haberlo corroborado la ciencia, no hay nada qué hacer. Si usted sufre de los síntomas post borrachera las noticias no son buenas. Recuéstese y sufra por terco, como diría Pacho Puntillas.


Pero tranquilo, los índices de muertes ocasionadas por resacas no son muy altos y es posible que usted sobreviva, así el ardor en el estómago, las agudas picadas en la cabeza, las azuladas ojeras, los labios resecos, el decaimiento general y el tremendo sentimiento de abandono le digan lo contrario. Por lo pronto, trate de sacarle alguna utilidad a su lastimera situación, sobre todo si usted hace parte de ese enorme porcentaje de hombres a quienes les toca, encima, lidiar con un baño de cantaleta prolongado.

Intente dignificar su situación, saque pecho y siga estos consejos prácticos. La idea es que, al fin de cuentas, algo le deban agradecer a su doliente estado.

Si en su casa hay una plaga de cucarachas, cosa por lo demás frecuente en el 87% de las viviendas, aspire con su aliento los ocasionales escondites del animal. Cuando lo haga en los estantes de la cocina evite hacerlo sobre los cubiertos o la loza, pues los restos de vaho en la superficie de platos y cucharas podría resultar mortal para un desprevenido comensal. Recuerde rociar su aliento en bocanadas uniformes y, en todo caso, lejos de la pipeta del gas.

Otra aplicación útil para su mortífero aliento consiste en ofrecer servicios de escolta a familiares que deben utilizar cajeros automáticos. Se trata de seguirlos a prudente distancia, hasta doce metros, para que usted pueda reaccionar resoplando una eficaz bocanada en caso de que sean asaltados. Debe tener en cuenta que entre más lejos se haga de sus protegidos mayor será el ángulo de aspersión y, en consecuencia, las potenciales víctimas inocentes podrían ser numerosas. Por eso se recomienda llevar consigo un tubo de P.V.C de unos dos metros de longitud para que pueda orientar mejor su disparo. Es muy importante que disponga una clave de seguridad para que sus familiares puedan alcanzar a taparse la nariz antes de que usted resople. De nada sirve que fulmine por igual a víctimas y a victimarios.

Como en estos días de fiesta es frecuente la elaboración de gran cantidad de alimentos, algunos de los cuales, a causa del elevado número de convidados, deben prepararse al aire libre, su aporte consistirá en sentarse cerca para que evite la desagradable presencia de insectos. Si el sitio es soleado, mejor. Nada más efectivo que el sudor viscoso de un enguayabado para espantar moscos, zancudos y avispas. Cuídese de hacerse muy cerca de los que cocinan porque ellos también podrían ahuyentarse.

Como no faltan, incluso por esta época, insistentes vendedores de enciclopedias, Biblias ilustradas, cursos de inglés y de lectura rápida a domicilio, salga a atenderlos usted. Verá como corren.

Por último, aunque esto sólo se lo agradecerá la madre naturaleza, intente mitigar la muerte de pavos, gallos y cerdos. Antes de que el filoso cuchillo les corte la vida, siéntese con ellos y hábleles, nunca menos de quince minutos, y abrácelos. Verá cómo después se entregan al salvaje suplicio con un extraño pero evidente gesto de alivio.

No se enoje. Como diría Pacho Puntillas, ¿si sabía que le iba a doler para que metió el dedo? Relájese y sufra, y acuérdese de su estado actual la próxima vez que vaya a tomar. ¡Salud!

EL COLOMBIANO/ José Alejandro Castaño.

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