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Pirry vive la Navidad en familia
Por María Helena Hurtado Ortiz Redacción elcolombiano.com Son muchos los recuerdos que le quedan a Guillermo Prieto Larrota, más conocido como Pirry, después de alimentar tiburones, saltar al vacío o escalar las montañas más altas del mundo, pero nada se iguala con la Navidad en la casa de su abuela Marina en Boyacá. Pirry siempre esperaba a que llegara diciembre para encontrarse con los primos que vivían en otras ciudades, hacer la Novena de Aguinaldos y comer todas las golosinas que les daba la abuela. El pesebre fue lo mejor de aquellos días, aunque hoy reconoce que lo armaba a costa de “un crimen ecológico por arrancar musgo de los árboles”. Entregar regalos a los niños del barrio donde vivía la señora que hacía el aseo en su casa, le permitió a Pirry vivir de cerca lo que el llama “el verdadero sentido de la Navidad”. Ahora las reuniones son más formales pero igual las vive con alegría, porque es la única fecha del año en que puede verse con sus padres y sus dos hermanas. Terror al matrimonio Contrario a lo que se podría imaginar después de ver sus recorridos por inhóspitos lugares, el próximo reto de Pirry no es tratar de volar o algo por el estilo. Casarse sería uno de sus desafíos por cumplir. “Me asusta como un verraco, pero es posible”. De lo único que se arrepiente es de no haberse atrevido a hacer muchas otras cosas que le generaron miedo en su momento, de resto repetiría su vida completa sin pensarlo dos veces. Después de haber visto tanto, a Pirry pareciera que nada lo escandaliza, pero la impunidad, la falta de tolerancia y “la falta de memoria del pueblo colombiano” colman el límite de su paciencia. Por el contrario suele asombrarse, no con animales exóticos o construcciones milenarias, sino con el esfuerzo del colombiano promedio que “pasa las duras y las maduras” vendiendo en los semáforos porque su lema de vida es “nunca mendigar”. Esos son los héroes de Pirry, porque le dan una lección diaria sobre la vida. Una Navidad de locos Como las aventuras y las situaciones emocionantes son su trabajo, la mejor forma de descansar la encuentra en leer, pedir domicilios y “ver una buena película en mi televisor gigante que es mi única propiedad de valor”, cuenta, después de confesar que cantar y jugar baloncesto definitivamente no están dentro de sus habilidades. Pasar la Navidad solo con su amigo Piquiña en la cumbre del Nevado del Ruiz sería lo más atrevido que pudiera hacer en esta época porque como él mismo afirma: “No me imagino una Navidad que no sea con la familia. Esa es la verdadera excusa para el reencuentro”. “Esta es una buena época para reflexionar y para dejar de pensar en la ilusión del dinero fácil”, afirma mientras cuenta los días para ir a Tunja y reunirse con toda la familia después de cinco años. Así, entre viajes, historias de vida y los mejores recuerdos familiares, Pirry termina de organizar su especial sobre la realidad de las minas antipersona para 2007 y en otro destino que tal vez le vuelva a sacar lágrimas de felicidad. |
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