| Chocolate,
una dulce fábula
El comienzo de la narración en primera persona de Chocolate
da la clave para alistar los sentidos a esta historia. Cuando la
narradora dice Había una vez... (Once upon a time) se puede
entender que se trata de un cuento o de una fábula. La segunda,
por su contenido mágico y sus enseñanzas, parece la
mejor opción.
El chocolate,
milenario sabor, es el motivo que revoluciona durante los 40 días
de la cuaresma la vida de los habitantes de Lansquenet, acostumbrados
a la tranquilidad de una aldea simplona.
Y es que la
apertura de la Chocolatería de Vianne Rocher -interpretada
por una siempre bella Juliette Binoche- en el tiempo de la cuaresma,
es la excusa de una afrenta para los demás habitantes de
la villa pero al mismo tiempo tiene un misterioso efecto liberador.
Chocolate muestra
como un sabor dulce y atrevido consigue despertar pasiones, mantener
esperanzas y descubrir cariños ocultos entre una serie de
personajes acostumbrados al rigor de las normas y al silencio del
deber ser.
El reparto del
filme es una buena combinación de nacionalidades, como personalidades
hay en Lansquenet. Por un lado está la francesa Juliette
Binoche, protagonista de La viuda y Azul, entre otros. También
está la británica Judi Dench, a quien ya vimos como
la simpática Arabella en Té con Mussolini y como la
implacable reina en Shakespeare apasionado.
Por este último papel obtuvo el Oscar a mejor actriz de reparto,
categoría en la que vuelve a estar nominada este año
por Chocolate, donde interpreta a Armande, la propietaria del local
de la chocolatería. El estadounidense Johnny Depp, por su
parte, tiene una decente participación como el líder
de una comunidad gitana.
Por último
está la sorpresa de ver a Carrie Anne Moss, Trinity en The
Matrix, como la conservadora Caroline.
Las imágenes
de la elaboración del producto en la casa de Vianne traen
a la memoria a Como agua para chocolate, la película dirigida
por el mexicano Alfonso Arau. Amabas cintas guardan el encanto de
las sensaciones que esconde un plato de comida.La fábula,
entonces, hace camino ella sola, recordando que el sabor de la historia
depende de cada quien.
[BAS]
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