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Náufrago
La supervivencia del cuerpo y el espíritu humano

Como todas las películas dirigidas por Robert Zemeckis, Náufrago lleva al espectador en un vaivén de emociones fuertes que lo hacen reír y llorar sin objeción.

Después de ver los cortos y conociendo el nombre de la cinta, cualquiera puede imaginar que se trata de una simple forma de reencauchar la historia de Róbinson Crusoe. Pero aunque en esencia puede ser cierto, el caudal emotivo de la película hace que cualquier idea preconcebida se diluya.

Hanks el creador
La iniciativa de hacer esta historia fue del propio Tom Hanks, quien fue protagonista y co-productor. Hanks, ganador de Oscar con Filadelfia y Forrest Gump, obtuvo este año el premio al mejor actor en los Globos de Oro por su papel en Náufrago.

Hanks contrató a William Broyles como guionista y luego se unió Zemeckis como director. Trabajaron durante seis años. Filmaron primero la parte en tierra y un año después las escenas de la isla a la que Chuck Noland llega por accidente.

Los contrastes son el hilo conductor de los primeros minutos. Un hombre que trabaja para una compañía de correo, es decir, que se vuelve obsesivo por el tiempo y por su oficio de generar relación entre las personas, quien de un momento a otro queda absolutamente solo y con todo el tiempo del mundo disponible.

“Náufrago es una gran aventura, pero también es una cinta sobre la fe, la esperanza y la redención”, dice el guionista. Y es que la película se desarrolla en un ambiente solitario, con muy pocos diálogos y sin música de acompañamiento. El guionista no necesitó de muchas palabras para imprimirle un alto contenido dramático.

Las emociones: su reto
La parte más intensa es justamente cuando el personaje se enfrenta a sus retos emocionales. “Después de que es capaz de obtener los cuatro elementos básicos para sobrevivir -comida, agua, albergue y fuego-, nos centramos en el quinto elemento: compañía”, explica Hanks. Allí aparece Wilson, un balón de voleybol que alguien había enviado en el avión accidentado y que pasa a convertirse en el único amigo de Chuck. Llega incluso a tener personalidad y no pocas emociones fuertes transmite.

“La trama no es tanto sobre la supervivencia del ser humano, sino sobre la supervivencia del espíritu humano”, explica el director. Al final, cuando el espectador va caminando por el pasillo de salida del teatro, se va con algunos cuestionamientos.

¿Cada quien viaja con su vida o a veces es posible que dejemos nuestra realidad en un sitio y después volvamos a tratar de recuperarla? ¿Qué sería lo más difícil de manejar en una situación extrema? ¿El instinto de conservación es tan fuerte que nos mantiene vivos aún cuando preferiríamos morir?

El final de la película no es un final rosa, no es lo que uno podría suponer de un drama de Hollywood. Es más cercano a lo que podría pasar en la vida real y tal vez por eso la sensación que deja la historia es más confusa.

[EL COLOMBIANO/ Juan Gonzálo Benítez]



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