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Tráfico, al fin Hollywood reconoce que el asunto es de todos

Esta película ha abierto una discusión enorme en Estados Unidos.
El filme se aleja de los estereotipos creados sobre el tema.
Cinco nominaciones al Oscar demuestran su impacto

Por
Juan Gonzalo Benítez

Películas sobre narcotráfico se han hecho varias, no demasiadas, pero si hay antecedentes. Incluso en una en la que calificaban a Colombia como un "peligro inminente" y enviaban a un típico super-héroe, interpretado por Harrison Ford para que se enfrentara, él solo, al Cartel de Cali, que por alguna coincidencia se apellidaba Escobedo y era robusto y de bigote.

Pero Tráfico es otra cosa. Allí no hay colombianos ni súper héroes norteamericanos. Hay seres humanos de carne y hueso a lado y lado. Ni los policías, ni los funcionarios ni los narcos hacen parte del estereotipo. Ahí está la clave.

La película plantea tres historias. Una es la de Javier Rodríguez, un policía mexicano que trata de mantenerse limpio en un ambiente donde todos tienen precio y el poder corruptor del dinero desde hace tiempo hace que la vida haya perdido valor. Otra es la de Carlos Ayala, un capo que es capturado y su juicio depende del testimonio de un testigo al que su esposa busca asesinar y la tercera es la de Robert Wakefield, el nuevo Zar antidrogas que descubre que su hija es adicta.

La productora Laura Bickford, dice que "desde el principio pensé que Steven Soderbergh era el director perfecto para este proyecto porque él siempre ha estado interesado en contar historias con varios marcos de referencia".

Laura tenía en mente la historia desde que vivía en Inglaterra, en la década de los 80, debido a que una serie llamada Traffic había despertado en ella la inquietud por el tema del negocio de las drogas. "Comencé a notar que los periódicos daban noticias sobre el tema, decían si el precio bajaba o subía, yo estaba sorprendida de que todo el mundo supiera quienes eran los jefes de los carteles, era como si a pesar de ser un negocio ilícito, era de público conocimiento", explica.

Uno de los mensajes explícitos de la película es que la guerra se está haciendo contra enemigos conocidos. Si el ataque es contra todo el proceso, es también contra los consumidores y esos están en cualquier familia norteamericana, incluso en la del Zar antidrogas de los Estados Unidos.

El director Steven Soderbergh dice que "las drogas es uno de los temas centrales de nuestra cultura contemporánea: todos conocemos a alguien tocado por ellas, ya sea un amigo, un familiar; siento que está en el aire, en la vida de la gente".

De interés
La historia es particularmente interesante en Colombia porque por primera vez el problema se ve desde otro ángulo. Sólo se hace referencia de Pablo Escobar una vez en la cinta, para compararlo con otro capo, pero no más. No hay colombianos, no hay carteles ni hay sicarios de este país. La trama se centra en Tijuana, San Diego y Washington.

Además, cinco nominaciones al Oscar son su mejor carta de presentación. Una postulación difícil pero no imposible es la de mejor película. Otra en la que tiene mucha opción es en mejor actor de reparto con Benicio del Toro, quien interpreta al policía mexicano. Además, peleará las estatuillas a mejor director, mejor edición y mejor guión adaptado.

Tal vez ninguna cinta sobre narcóticos había alcanzado tal reconocimiento ni había generado tanto revuelo en todas las esferas sociales de Estados Unidos. La razón, posiblemente, es que ninguna había tocado el tema con tanto realismo, con un mensaje tan evidente de: esto también es con usted.

Al final el sabor que queda es desestimulante. La guerra contra las drogas está muy lejos de ganarse y los esfuerzos aislados que se hacen, en ocasiones no sólo son inútiles sino que terminan favoreciendo a los capos, como se lo hace ver un traficante de mando medio a un policía norteamericano.


 
 

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