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Cónclave

Los momentos previos al Habemus Papam

Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma

El próximo Papa necesitará los dos tercios de los votos de los cardenales asistentes al Cónclave para ser elegido y si después de 34 votaciones sigue sin salir, el nuevo Pontífice se elegirá entre los dos purpurados más votados, pero siempre deberá lograr la mayoría absoluta de los votos.

Así lo contempla la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, que señala que si en el caso de que en la elección del Papa se perpetrara el delito de simonía (comprar los votos) todos los culpables serán excomulgados, pero el voto será válido.

También se prevé que los cardenales electores deberán abstenerse de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género que les puedan obligar a dar o negar el voto a otros. Si eso sucediera, el compromiso adquirido sería nulo y nadie estará obligado a observarlo.

Los cardenales tampoco pueden hacer capitulaciones antes de la elección.

Comienzo del conclave
El cónclave comenzará en la tarde del 18 de abril, tras la misa solemne que se celebrará en la Basílica de San Pedro por la mañana, la llamada Misa votiva Pro eligendo Papa, a la que podrán asistir todos los fieles que lo deseen, así como el Cuerpo Diplomático.

Por la tarde los cardenales se reunirán en el Aula de las Bendiciones del Palacio Apostólico (hasta ahora lo hacían en la Capilla Paulina, pero está en obras) y en procesión se dirigirán hacia la Capilla Sixtina, recitando las letanías.

La capilla Sixtina
La Sixtina sigue siendo el lugar para la elección y todo lo que se haga o diga allí durante el Cónclave es secreto.

Para garantizar ese secretismo, los especialistas harán precisos y severos controles para que en la capilla no sean instalados medios audiovisuales de grabación y trasmisión exterior.

Llegados los cardenales electores, se procederá al juramento, por el que se comprometen a mantener el secreto de todo lo que se diga o haga en el Cónclave y cantarán en el Veni Creator Spiritus, con el que invocarán la ayuda del Espíritu Santo.

Después, el Maestro de Ceremonias Pontificias pronunciará la frase extra omnes y todos los ajenos al cónclave saldrán de la Capilla.

Votación
Abolidos los modos de aclamación y por compromiso, la elección se hará por escrutinio secreto. Para que sea válida la elección del Romano Pontífice se requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre totalidad de los electores presentes.

En la tarde del primer día se realizará la primera votación y en los días siguientes si la elección no ha tenido lugar se llevarán a cabo dos votaciones por la mañana y otras dos por la tarde.

El procedimiento de escrutinio se desarrollará en tres fases: preparación y distribución de las papeletas por parte de los Ceremonieros, quienes entregarán dos o tres papeletas a cada cardenal elector; elección por sorteo de tres escrutadores (de entre los cardenales), de tres encargados de recoger los votos de los enfermos y de tres revisores, y si entre los elegidos por sorteo salen cardenales electores enfermos se extraerán los nombres de otros no impedidos.

Papeletas
Las papeletas tendrán forma rectangular y llevarán escrita en la mitad superior las palabras Eligo in summum pontificem, mientras que la parte inferior estará en blanco para que se escriba allí el nombre del elegido.

Cada cardenal deberá escribir el nombre con una caligrafía lo más irreconocible posible y poner sólo uno, ya que más harían el voto nulo.

Para asegurar que los cardenales estén solos, en el momento de la votación saldrán de la Sixtina el secretario del Colegio de Cardenales, el Maestro de Celebraciones Pontificias y los ceremonieros.

Una vez escrito el nombre en la papeleta, cada cardenal llevará la suya, de forma bien visible, hasta la urna. Delante de los escrutadores pronunciará él juramento: "Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien en presencia de Dios, creo que debe ser elegido".

Después colocará la papeleta en un plato y con éste la introduce en la urna. Después vuelve a su sitio.

Si alguno de los cardenales electores no puede ir hasta el altar a llevar su papeleta, un escrutador se encargará de hacerlo, después de que el purpurado pronuncie la fórmula.

Recuento de los votos
Una vez que todos los cardenales electores hayan introducido su papeleta se procede a contarlas. Si el número de las mismas no corresponde al de electores se procederá a quemarlas inmediatamente y se realizará una segunda votación.

Si todo está en orden, los escrutadores se sientan en una mesa colocada delante del altar. El primero toma una papeleta, la abre y mira el nombre del elegido y la pasa al segundo, que hace lo mismo y la pasa al tercero, el cual lee en voz alta e inteligible el nombre, para que todos puedan escucharlo y anotarlo.

Concluido el escrutinio, se suman los votos obtenidos por los diferentes nombres y se anota. El último escrutador que lee las papeletas las va perforando con una aguja en el punto donde aparece la palabra Eligo y la inserta en un hilo.

Al final se atan los extremos del hilo con un nudo y las papeletas así unidas se ponen en un recipiente o al lado de la mesa.

Si ninguno de los elegidos alcanza los dos tercios de la votación no hay Papa y si lo logran ya hay nuevo sucesor de Pedro. En ambos casos habrá que proceder a un control de las papeletas.

Si todo es correcto y antes de que los cardenales abandonen la Capilla todas las papeletas son quemadas. En caso negativo habrá que volver a votar.

Después de tres días de escrutinios sin resultados positivos, las votaciones se suspenderán durante un día para una pausa de oración y coloquio entre los votantes.

Tras ese día de pausa volverán a celebrarse otros siete días de escrutinios y si se sigue sin elegir Papa se realizará otro descanso y se volverán a realizar escrutinios durante otros siete días. Si todo sigue igual se hará otra pausa y se efectuarán otras siete votaciones.

A partir de ese momento se pasará a elegir Papa entre los dos cardenales que hayan obtenido en el último escrutinio el mayor número de votos. La normativa exige que el elegido lo sea por mayoría absoluta.

Aceptación
Una vez elegido, el cardenal decano en nombre de todo el colegio pide su consentimiento al elegido con las palabras: "¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?"

Daado el consentimiento se le pregunta como quiere ser llamado y después el Maestro de Ceremonias levanta acta.

Anuncio al mundo
Finalmente se anunciará al mundo con la fórmula: Habemus Papam.


   
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