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| AP | La Capilla Sixtina fue cerrada al público
una vez se conoció el fallecimiento de Juan Pablo II
y de esta manera comenzar su adecuación. |
El cónclave, que elegirá al Papa,
estrenará normas
Con la agencia Reuters
Ciudad del Vaticano, Roma
El cónclave que comienza este próximo lunes para elegir
al sucesor de Juan Pablo II en la Capilla Sixtina del Vaticano estará
impregnado de antiguas tradiciones cardenales en casullas rojas,
cánticos en latín y papeletas del papel de mejor calidad.
Sin embargo, también será el primero con nuevas
normas que dan más libertad de movimientos a los cardenales.
El nuevo código también incluye medidas contra los
micrófonos ocultos y la prohibición de teléfonos
celulares y, por primera vez en siglos, permitirá a los
prelados dormir en la cómoda residencia del Vaticano en
vez de en unos alojamientos temporales cerca de la capilla.
Además se les permitirá pasear por los jardines
del Vaticano siempre que no hablen con desconocidos. A pesar de
ello, la palabra cónclave que proviene del latín
cum clave (con una llave), pone de manifiesto cómo los
cardenales son prisioneros, aunque en esta ocasión puedan
tener una reunión con más comodidades.
Las condiciones espartanas que estuvieron en vigor hasta el último
cónclave, en 1978, fueron impuestas para obligarlos a tomar
una decisión rápidamente y evitar una repetición
de una elección en el siglo XIII, cuando estuvieron dos
años, nueve meses y dos días hasta que designaron
al nuevo pontífice.
"Esta vez es un encierro más suelto", manifestó
el arzobispo Piero Marini, maestro de ceremonias del Vaticano.
"Antes los cardenales estaban encerrados, las ventanas selladas,
compartían baños. En cierto modo era más
fácil puesto que estaban todos juntos y obligados a tomar
una decisión, pero había muchas dificultades - los
pobres no podían salir", explicó.
Hacia las 4:30 p.m. (9:30 a.m. en Colombia) del lunes, 115 cardenales
electores - aquellos menores de 80 años - entrarán
en la capilla, antes de lo cual habrán jurado no divulgar
ninguna información sobre lo que va a ocurrir.
Si alguno es sorprendido colocando dispositivos para captar comunicaciones
en la capilla, será "sometido a un castigo grave"
decidido por el próximo Papa.
Cualquiera que sea hallado sobornando a sus colegas para ganar
votos será excomulgado o expulsado de la Iglesia. La misma
suerte espera a trabajadores de la limpieza, cocineros, médicos
o confesores que atienden a los cardenales y que cuenten algo
al mundo exterior.
Bajo la mirada de Miguel Ángel
Los frescos de Miguel Angel con las escenas de la Biblia serán
los únicos testigos. Los prelados votarán dos veces
al día, hasta que un candidato alcance la mayoría
de dos tercios más uno.
En cada papeleta figuran las palabras Eligo in Summum Pontificem
(voto como Sumo Pontífice), que se dobla hasta formar un
pequeño cuadrado. Luego se levanta para que los demás
puedan verlas y se introducen en una nueva urna, que parece un
platillo volante. Otra urna se utilizará para los que están
demasiado enfermos para poder levantarse.
Posteriormente, los inspectores oficiales comienzan el recuento,
leyendo los nombres en alto, y el último de ellos atraviesa
las papeletas con una aguja enhebrada en la palabra Eligo (yo
voto). Entonces se colocan en una tercera urna, más grande.
La votación se declarará nula si hay más
o menos papeletas que cardenales o incluso si en una de ellas
aparece más de un nombre.
Si no se alcanza la mayoría necesaria, las papeletas y
las hojas de recuento se queman en una estufa con un aditivo para
producir el humo negro. Si se ha elegido un Papa, se queman con
un aditivo que produce humo blanco.
El humo sale de una chimenea encima de la Capilla Sixtina, y
así el mundo se entera de que hay un nuevo Pontífice.
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