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| Reuters | El Papa es un personaje influyente
que es escuchado con atención en todos los foros y
por los gobernantes. |
Líderes políticos y religiosos
arropan al Papa en su viaje final
Con la Agencia Efe
Ciudad del Vaticano
Líderes políticos y religiosos de todo el mundo acompañaron
a Juan Pablo II en su último viaje con una presencia masiva
en el funeral solemne que tuvo lugar este viernes en la Plaza de
San Pedro.
Durante los casi veintiséis años y medio de Pontificado
Karol Wojtyla se relacionó con grandes multitudes y con
dirigentes de talla mundial, que este viernes respondieron con
su presencia respetuosa en San Pedro y en numerosas plazas de
Roma.
Como monarca absoluto de un pequeño Estado, pero sobre
todo como líder espiritual de más de mil millones
de católicos en todo el mundo, el Papa es un personaje
influyente que es escuchado con atención en todos los foros
y por los gobernantes.
Muchos de ellos acudieron este viernes al Vaticano para hacer
patente el liderazgo que en vida tuvo Karol Wojtyla, aunque pertenezcan
a otras confesiones religiosas o en años pasados tuvieran
discrepancias con las posiciones de la Iglesia Católica.
En el lado derecho de la plaza visto desde la Basílica,
con la vista puesta en el sencillo ataúd de madera de ciprés,
destacadas personalidades siguieron la ceremonia oficiada por
Josef Ratzinger como decano del colegio cardenalicio.
En la primera fila había representantes de Casas Reales,
como Don Juan Carlos y Doña Sofía, flanqueados por
los reyes de los belgas, Alberto y Paola y los de Jordania, Abdalá
II y Rania, ellos de riguroso oscuro y ellas con peineta negra
o, como en el caso de la jordana, con velo de ese color.
Estuvo presente asimismo el príncipe Carlos de Inglaterra,
que decidió aplazar para este sábado su boda con
Camilla Parker-Bowles (ausente) para que no coincidiera con el
acontecimiento de hoy.
En la segunda fila (las dos primeras eran las únicas con
reclinatorio) se veía a los presidentes de Estados Unidos,
George W. Bush; Francia, Jacques Chirac; y Alemania, Horst Koehler,
por delante de primeros ministros como el español José
Luis Rodríguez Zapatero; Reino Unido, Tony Blair; Luxemburgo,
Jean Claude Juncker o Alemania, Gerhard Schroeder.
El protocolo establece que los gobernantes se sientan en función
de la letra con la que empieza el nombre de su país en
francés y, así, salteados, se podía ver a
los mandatarios latinoamericanos, como los presidentes de Bolivia,
Carlos Mesa; Brasil, Luiz Inácio "Lula" da Silva;
Costa Rica, Abel Pacheco; Guatemala, Oscar Berger y Honduras,
Ricardo Maduro.
También estaban los jefes de Estado de México,
Vicente Fox y Nicaragua, Enrique Bolaños y los vicepresidentes
de Colombia, Francisco Santos, y Paraguay, Luis Castiglione, así
como ministros de Asuntos Exteriores y representantes de otros
Estados latinoamericanos.
Todos ellos habían sido recibidos a la entrada de la Plaza
de San Pedro por el arzobispo James Harvey, prefecto de la Casa
Pontificia, antes de tomar asiento, y el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, tuvo el honor de ser el último
en acceder al recinto.
La muerte de Juan Pablo II ha tenido el efecto de hacer compartir
acto a enemigos manifiestos, como Bush y el presidente de Irán,
Mohamed Jatamí, quien a su llegada besó afectuoso
al sirio Bachir el Asad, otro que está en el punto de mira
de Washington.
No faltó el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, a quien
la UE tiene prohibida la entrada en los países miembros,
pero que se benefició de la invitación formal de
la Santa Sede y pudo desembarcar en Roma gracias a la aplicación
del Pacto Lateranense entre el Vaticano y el Estado italiano.
También acudió el presidente de Taiwan, Chen Shui-bian,
lo que le costó al Vaticano la ausencia de un representante
oficial de China, disconforme con la invitación al mandatario
de la isla vecina.
Por Rusia acudió el primer ministro Mijail Fradkov, pero
no el presidente Vladimir Putin, quizá para no incomodar
al Patriarcado Ortodoxo de Moscú, cuyo titular, Alejo II,
nunca tuvo buenas relaciones con Juan Pablo II y se negó
siempre a que visitara su país.
Tampoco hubo representación de alto nivel del Principado
de Mónaco, que estos días vive su propio drama tras
la muerte, el pasado miércoles, de Rainiero.
El ecumenismo religioso que Wojtyla defendió en vida también
se volvió en su favor a la hora de la muerte y, salvo algunos
líderes religiosos como el propio Alejo II, en San Pedro
estuvieron patriarcas de Iglesias Ortodoxas, como Bartolomeo I
de Constantinopla, Christodoulos de Grecia o Anastas de Albania.
El arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia anglicana,
Rowan Williams, compartió banco con representantes de religiones
musulmanas, budistas, sijs, hindúes y hebreas y con dirigentes
luteranos, metodistas, coptos, baptistas y menonitas, entre otros,
en la concentración más numerosa de líderes
políticos y religiosos de la Historia.
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