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AP | Los cardenales esperan confirmar el nombre del sucesor de Juan Pablo II antes de finalizar abril.
Tras el entierro del Papa, las miradas vuelven al cónclave

Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma

Tras el funeral y el entierro del Papa Juan Pablo II todas las miradas se dirigen ahora hacia el cónclave, la reunión de cardenales que comenzará el próximo día 18 y de la que saldrá el nuevo jefe de la Iglesia Católica.

De los 117 cardenales electores -aquellos menores de 80 años-, hasta el momento se ha confirmado la ausencia definitiva del filipino Jaime Sin, ex arzobispo de Manila, que padece problemas de corazón e hígado que le obligan a utilizar una silla de ruedas.

Las reuniones diarias que han mantenido los purpurados durante esta semana se han centrado en buena parte en ultimar los detalles de las exequias, pero una vez concluidas se ocuparán exclusivamente de la preparación del cónclave.

No obstante, en el Aula del Sínodo del Palacio Apostólico vaticano comenzó ya lo que en algunos medios se define como un auténtico "pre-cónclave", con un intercambio de opiniones sobre la situación de la Iglesia, su doctrina y los problemas a los que debe hacer frente.

En medio de la expectación desatada, los cardenales se han convertido en los objetivos favoritos de la prensa, lo que ha llevado al alemán Joseph Ratzinger a dar un toque de atención a los prelados.

El decano del Colegio Cardenalicio instó hace unos días a los electores a no conceder ningún tipo de entrevista, una petición que algunos cardenales, deseosos de mantener un diálogo fluido con los medios sobre ciertas cuestiones, consideraron demasiado estricta.

Finalmente, Ratzinger logró obtener un compromiso a medio camino: los electores le garantizaron que sus declaraciones se ceñirían al pontificado de Juan Pablo II y en ningún caso tocarían el ámbito de los trabajos en el Aula del Sínodo.

El compromiso, como quedó de manifiesto, es difícil de cumplir, en vista de que hacia el selecto club cardenalicio están apuntados los focos de todas los medios internacionales que estos días han invadido Roma.

Las preferencias
Así, las entrevistas a periódicos, radios y televisiones prosiguen tras la advertencia de Ratzinger, con declaraciones que dejan entrever algunas de las preferencias de los purpurados.

En unas de esas declaraciones, el cardenal belga Godfried Danneels señala que es necesario "un Papa fuerte y un episcopado fuerte", al tiempo que detalla que las reuniones de cardenales han sido por el momento "muy abiertas y amigables".

"Hasta ahora nos hemos ocupado sobre todo de problemas administrativos. La próxima semana entraremos en el núcleo de los problemas concretos", añade el purpurado elector, antes de precisar que el objetivo será "hacer un chequeo de la Iglesia".

El cardenal italiano Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia, indicaba por su parte a un semanario religioso que, en su opinión, el nuevo Papa se moverá "dentro de las pautas trazadas por Juan Pablo II: actuación fiel del Concilio Vaticano II, unidad de la Iglesia en la verdad y la caridad, evangelización y diálogo ecuménico".

Otros prelados también revelaron algunos de los criterios que tendrán en consideración a la hora de votar al próximo Papa, aunque, eso sí, todos coinciden en que se dejarán guiar por el Espíritu Santo.

En medio de declaraciones más o menos prudentes y de las advertencias, las conjeturas y apuestas sobre quién será el próximo sucesor de Pedro se multiplican estos días, con una decena de nombres que la prensa repite con ahínco.

Algunos sostienen que el próximo Papa debería ser de Latinoamérica, dado que es el continente que alberga mayor número de católicos, y se apunta al brasileño Claudio Hummes, al hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, al argentino Jorge Bergoglio y el mexicano Norberto Rivera Carrera.

Otros aseguran que será un italiano, y entre los de esta nacionalidad se destaca al cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán, y al patriarca de Venecia, el cardenal Angelo Scola.

También se insiste en el propio cardenal Ratzinger, que hasta la muerte de Juan Pablo II era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, y en el francés Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon.


   
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