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| AP | La Plaza de San Pedro fue un espacio
lleno de fe. Los fieles no pudieron evitar las lágrimas. |
Roma dijo adiós al Pontífice
en un inusual silencio
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
Roma se sumió en un inusual silencio para dar el último
adiós al papa Juan Pablo II, cuyos solemnes funerales fueron
seguidos por cientos de miles de personas en algunos de los puntos
más destacados de la capital italiana.
Antes de que a las 10:00 de la mañana, hora local, (3:00
a.m. en Colombia) comenzara la misa por el alma del Pontífice,
las principales vías de la capital italiana presentaban
un aspecto extrañamente tranquilo, sólo perturbado
por las sirenas de los carros de policía que abrían
paso a las comitivas oficiales que se dirigían a la Plaza
de San Pedro, donde se celebraron las exequias fúnebres.
El Ayuntamiento de Roma desplegó casi treinta pantallas
gigantes de televisión en zonas de amplio aforo, como los
estadios Olímpico y Flaminio; el campus universitario de
Tor Vergata, y las plazas del Popolo, San Juan de Letrán,
San Pablo Extramuros, así como al pie del Coliseo, justo
al lado del Arco de Constantino.
Aunque es difícil dar una cifra siquiera aproximada del
número de personas que se concentraron en estos lugares
para seguir en directo la ceremonia, las autoridades italianas
aventuraron que pueden haber sido varios cientos de miles, de
los que sólo unos 600.000 se congregaron en las inmediaciones
de la Plaza de San Pedro.
El día amaneció en Roma ventoso y con más
nubes que claros, que en algún momento hicieron temer que
lloviera, cosa que finalmente no ocurrió, aunque el fuerte
viento levantaba nubes de polvo, que eran especialmente molestas
y persistentes en ciertas zonas con poco o ningún asfalto,
como la inmensa superficie del Circo Máximo.
Portón de Bronce
Una vez que el féretro con los restos mortales de Juan
Pablo II apareció por el Portón de Bronce de la
Basílica de San Pedro portado por los sediarios papales,
la gente que estaba siguiendo el acontecimiento, incluso físicamente
lejos del Vaticano, prorrumpió en una fuerte ovación,
tras la cual se sumió en un solemne silencio y siguió
la misa con gran recogimiento.
Especialmente significativa fue la presencia de los polacos (de
los que se calcula que ha venido cerca de un millón para
rendir homenaje al difunto Papa y compatriota suyo), quienes alzaron
sus banderas en señal de saludo tanto en el momento de
salir el féretro a la plaza, como cuando fue de nuevo alzado
por los sediarios para emprender el último viaje a las
Grutas Vaticanas.
Asimismo, en Tor Vergata, en el Circo Máximo o en la
Via della Conciliazione (la calle que comunica Roma con el
Vaticano) se veían de vez en cuando pancartas con un lema
tajante y significativo: "Santo subito" (Santo
ya).
En San Juan de Letrán, una de las plazas más grandes
de Roma, se concentró una gran multitud, compuesta en su
mayoría por jóvenes, equipados con sacos de dormir,
tiendas de campaña, ponchos para la lluvia y sillas de
camping, utensilios con los que sobrellevaron la larga noche de
espera.
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| AP | Las banderas de los diferentes países
ondearon durante la ceremonia, que duró casi tres horas. |
Circo Máximo
En el Circo Máximo, donde había abundancia de polacos,
aunque también se veían bastantes banderas francesas,
croatas, eslovacas y españolas, el ambiente podría
medirse en dos planos diferentes:
En la zona superior, que en su día ocuparon las gradas
y los vomitorios, la sensación recordaba a un campamento,
a una acampada espontánea y tranquila, muchos de cuyos
participantes se rendían al cansancio y abandonaban el
seguimiento de la misa para descabezar un sueño reparador
después de tantas jornadas de cansancio o tantas horas
de viaje hasta Roma.
En cambio, en la zona inferior, por la que en su día discurría
la enorme pista del que fuera el mayor recinto para espectáculos
de la Roma clásica, el ambiente sí era de recogimiento
y meditación.
Algunos fieles, incluso, pedían ser oídos en confesión,
sacramento que administraban algunos sacerdotes que paseaban por
la zona vestidos con hábito talar y estola y provistos
de un cartelito en el que precisaban el idioma en que podían
impartirla.
Piazza del Popolo
En la Piazza del Popolo, una de las más bellas de Roma
y también una de las más burguesas, el ambiente
era más tranquilo, menos "juvenil", por así
decirlo, que en algunos de los otros puntos de la ciudad.
Sin embargo, los miles de personas que siguieron la ceremonia,
mantuvieron un silencio absoluto que sólo se rompió
en el momento de darse la paz o cuando, al final, poco antes de
las 1:00 p.m. (6:00 a.m. en Colomba), el féretro fue elevado
de nuevo por los doce sediarios para conducir al difunto Papa
a su última morada.
Mientras Juan Pablo II emprendía el postrer viaje, una
larga ovación y el saludo de las banderas polacas enhiestas,
le acompañaban por última vez. Mucha gente, entonces,
rompió a llorar, en silencio, con calma, pero con gran
sentimiento. |