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| Reuters | Diversos nombres de cardenales
suenan para suceder al Papa Juan Pabllo II. Sin embargo, nada
estará confirmado hasta que no veamos la fumata blanca. |
El desfile de los papables
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
Las puertas de la Capilla Sixtina para que comience al cónclave
que elegirá al sucesor de Juan Pablo II están a
punto de abrirse, tras las decisivas reuniones en las que los
cardenales han fijado posiciones y orientado estrategias y votos.
De lo hablado y lo tramado poco se ha sabido y lo que se dice
que ha trascendido no ha podido ser contrastado, aunque el dictado
de los vaticanistas más influyentes ha convertido en certezas
lo que a priori tenía sólo apariencia de meras especulaciones.
A partir de este principio, aceptado por la mayoría como
una dictadura inevitable, y a fuerza de repetir lo leído,
se ha acabado dibujando el escenario de papaples en el umbral
del cónclave, con dos nombres por encima de los demás:
el del cardenal alemán Joseph Ratzinger y el del italiano
Dionigi Tettamanzi.
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| Reuters | El cardenal alemán Joseph
Ratzinger, uno de los más opcionados. |
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| Reuters | El cardenal italiano Dionigi Tettamanzi.
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| AP | Cardenal hondureño
Óscar Rodríguez, uno de los más nombrados
dentro de la segunda lista. |
Entre los vaticanistas y periodistas afines hay, al igual que
entre los purpurados, grandes electores, capaces de arrastrar
a los demás por su venerable experiencia o por la altura
del púlpito desde el que predican.
Las cábalas
Esos adelantados han escrito que Ratzinger tiene 40 ó 50
votos de los 77 necesarios (dos tercios de los 115 electores)
para ser el próximo Papa y que, frente a su opción,
se ha fraguado la alternativa Tettamanzi, apadrinada por su antecesor
como arzobispo de Milán, el "progresista" Carlo
Maria Martini.
Algunos de los primeros en citar al purpurado alemán le
han restado luego posibilidades efectivas, aunque reconocen que
si queda fuera de la liza, como prevén, será decisivo
con sus indicaciones.
En un segundo plano, por si el primer "duelo" acaba
sin fumata blanca, se sitúa a los papables latinoamericanos,
con una lista en la que destacan el hondureño Oscar Rodríguez
Maradiaga, el brasileño Claudio Hummes, el argentino Jorge
Bergoglio, el mexicano Norberto Rivera Carrera y hasta el chileno
Francsico Errázuriz.
Para eventuales nuevas vueltas se cita a los italianos Angelo
Scola y Camilo Ruini, de los que se dice que inicialmente apoyarían
a Ratzinger, lo que demuestra la falta de unión que reina
entre los representantes del país de la llamada cantera
papal.
Otros nombres que se dejan caer en el relato de lo que supuestamente
está aconteciendo en el impenetrable selecto club de príncipes
de la Iglesia son los del portugués Jose Da Cruz Policarpo,
el austríaco Christoph Schonborn, el francés Philippe
Barbarin, el indio Ivan Dias y el nigeriano Francis Arinze.
Los más opcionados
Pero entre todos, el más nombrado al final de las sucesivas
Congregaciones Generales ha sido Joseph Ratzinger, mano derecha
como guardián de la fe y el dogma del fallecido Juan Pablo
II y que el pasado sábado cumplió 78 años.
Su condición de decano del Colegio Cardenalicio le ha
otorgado un papel relevante tras la muerte del Papa Wojtyla, ya
que fue el oficiante de su funeral, de igual manera que presidirá
la misa que precede al cónclave, llamada "Pro Eligendo
Pontefice", además de coordinar en cierta medida las
reuniones previas de sus colegas.
Los detractores de Ratzinger, que los tiene, y algunos entre
sus propios colegas alemanes, han aprovechado el lanzamiento virtual
de su candidatura para hurgar en su estado de salud, subrayar
su aparente perfil "conservador" y su "limitada"
capacidad de gestión.
A su presunto rival, Dionigi Tettamanzi, al que se le compara
con Juan XXIII, también le buscan las vueltas los que inciden
estos días en el hecho de que no habla idiomas, mientras
recuerdan que la condición de políglota del nuevo
Papa parece inevitable.
Ya se sabe que es tradición en la milenaria elección
de sucesores del Apóstol Pedro "quemar" a los
candidatos con todo tipo de recursos y repetir el dicho, para
curarse en salud, de que en el cónclave quien entra Papa,
sale cardenal.
En medio de estos tópicos y entre especulaciones elevadas
a la categoría de información, la peculiar lógica
de los vaticanistas, de determinados vaticanistas, para ser más
exactos, ha ordenado el desfile de los papables hacia el inminente
cónclave.
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