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| Reuters | Durante la homilía el nuevo
Pontífice fue aplaudido múltiples veces. |
Una multitud afectuosa acogió al
nuevo Papa
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
Benedicto XVI comenzó este domingo 24 de abril formalmente
su Pontificado con una misa solemne en la que cerca de 400.000
personas quisieron estar presentes para dar testimonio de su afecto
al nuevo Papa, en un ambiente de tranquilidad sólo roto
cuando al final paseó en carro descubierto unos minutos.
Roma vivió otra jornada extraordinaria para celebrar el
acceso al Sillón de San Pedro de Joseph Ratzinger, quien
recibió la estola blanca y el Anillo del Pescador, símbolos
del Papado, rodeado de líderes internacionales y del cariño
de varios centenares de miles de personas.
La Protección Civil italiana repitió el esquema
organizativo que dio buen resultado con motivo de la capilla ardiente
y el funeral por Juan Pablo II, aunque en esta ocasión
la afluencia de peregrinos fue notablemente menor.
Ese organismo dijo que en la Plaza de San Pedro, la inmediata
Vía della Conciliazione y áreas cercanas se
congregaron unas 400.000 personas, que siguieron la ceremonia
a través de las pantallas gigantes instaladas por el Ayuntamiento
de Roma.
La solemnidad fue la nota dominante en la ceremonia de apertura
oficial del Pontificado del nuevo Papa, sólo rota en algunos
momentos por grupos de fieles que coreaban "Benedetto",
el nombre en italiano de Benedicto XVI.
La emoción vivida en la despedida a Juan Pablo II no apareció
en el recibimiento a Benedicto XVI, pero sí contó
con el cariño de los fieles, que aplaudieron una treintena
de veces al religioso alemán, tímido y contenido,
que sólo en contadas ocasiones dejó escapar una
sonrisa que convierte su rostro en apacible.
Parte de la legión de polacos que invadió Roma
en el adiós a Karol Wojtyla permaneció para saludar
a su sucesor, en quien aprecian que fuera un fiel colaborador
durante más de dos décadas.
Por eso en San Pedro se vieron numerosas banderas polacas, casi
tantas como alemanas, que dieron a la plaza un aire multicolor
cuando los fieles las agitaban, junto a las españolas,
mexicanas o brasileñas.
De todas las latitudes
Los alemanes acudieron masivamente a esta ceremonia, llegados
en vuelos y trenes extraordinarios fletados desde su país,
como Reiner, un cuarentón acompañado de su esposa
y sus dos hijos, que se declaraba "emocionado" por la
elección de su compatriota como Papa, aunque reconoció
que en su país algunos lo consideran muy conservador.
Entre los alemanes, pero sentado en la Plaza de San Pedro, estaba
Georg Ratzinger, el hermano sacerdote del nuevo jefe de la Iglesia
Católica.
Una italiana de unos sesenta años se mostraba convencida
de que Ratzinger "será un buen Papa. Conoce bien la
Iglesia y es muy culto", mientras su marido asentía
en silencio.
Las pancartas contribuían a dar la bienvenida al nuevo
Papa, como las dispuestas a lo largo de Vía della Concilizacione
por un grupo de escolares italianos, que en su idioma y en alemán
pedían la bendición y ofrecían sus "pequeños
corazones".
En esa zona algunos llevaron sus propias sillas y otros escogieron
las de los bares, para tomar algo de manera relajada mientras
veían la ceremonia a través de las pantallas.
"Ven, aquí estaremos bien y si al final el Papa pasa
con el carro lo veremos", decía una señora
madura a una amiga antes de instalarse junto a una valla. Benedicto
XVI no llegó hasta ese lugar, pero sí fue paseado
unos minutos en una camioneta descubierta, que giró por
la Plaza de San Pedro.
Fue el momento más intenso en el primer acto de multitudes
entre el flamante Pontífice y los fieles, si se excluye
la breve aparición ante el balcón de la Basílica
de San Pedro una hora después de su elección en
el cónclave.
En esos minutos en los que recorrió la plaza vaticana
Benedicto XVI recibió el calor de los fieles, a los que
bendijo y saludó, mientras su rostro se distendió
ya en una amplia sonrisa. |