05-08-2001
El Ministerio de Cultura está
en el esqueleto
El
Sistema Nacional de Cultura en Colombia está hecho pedazos.
Por
Juan
Carlos Mazo
Medellín

El Festival de Mimos, realizado en Medellín recientemente,
fue uno de los eventos concertados con el Ministerio de Cultura.
Esta forma de la concertación es uno de los principales medios
de inversión social en cultura, sin embargo, su presupuesto
es cada vez menor. Foto Archivo, Juan Antonio Sánchez. |
Pareciera que el Ministerio de Cultura tiene una enfermedad terminal,
que poco a poco va mimando su capacidad de acción, aunque
de momento su agonía es prolongada y no se tiene prevista
una eutanasia.
Y todos sus males se reducen a una cosa: falta de recursos. Sin
dinero no se puede gestionar y la llamada inversión social
en cultura año tras año, presupuesto tras presupuesto,
aparece más afectada.
El Ministerio de Cultura nació en 1997 con un presupuesto
de $80.000 millones. Para este año estará por el orden
de los $17.500 millones y en el consolidado del presupuesto asignado
a los diferentes ministerios, esta cartera ni siquiera tiene el
1% de la torta, la cifra es cercana al 0.08% de ese total.
Es decir, que se montó un aparato para gestionar una cifra
y hoy maneja una muchísimo menor, por lo cual de la Ley General
de Cultura sólo está el esqueleto, pero vacío.
Uno de los mayores logros alcanzados por el gremio cultural era
el Sistema de Cultura Concertada. Hace tres años había
$14.000 millones para tal fin y hoy está en poco más
de los $10.000 millones.
Finalmente, la Ley General de Cultura contempla que la célula
básica del Sistema Nacional son las casa de cultura, pues
éstas quedaron al amparo de las administraciones municipales
de turno, con la ley 617 y el acto legislativo 012, que le da la
potestad a los alcaldes de suprimir los gastos que sean necesarios
en sus entes.
Lamentablemente, en el país aún no se tiene conciencia
generalizada de que la cultura y la educación son elementos
fundamentales para combatir la guerra y en tiempo de crisis, la
cenicienta seguirá siendo la cenicienta.
Ante esta situación, el ministro de turno sólo tiene
la opción de administrar la pobreza, escuchar a las personas,
tratar de gestionar recursos internacionales y esperar el "día
de suerte" que vuelva a traer la bonanza, para reactivar programas
como las becas y los premios de cultura, entre otras actividades.
Paradójicamente, la historia dirá que durante la
administración Pastrana se fortalecieron proyectos como los
museos, con las donaciones de Fernando Botero, para Bogotá
y Medellín o la reapertura del Museo Nacional de Bogotá;
o los festivales, como el de Poesía (aunque con poca ayuda
estatal). La buena noticia que dejan estos tres años de gobierno
es que el Ministerio de Cultura no se ha cerrado.
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