05-08-2001
Años de escándalos,
renuncias y polémicas
Por
Octavio
Gómez V.
Medellín
El refrán de que "cada torero llega con su cuadrilla"
es perfectamente cierto en el caso del gobierno de Andrés
Pastrana Arango. Sin embargo, nadie esperaba, menos el Presidente,
que algunos de sus mozos de espadas se metieran en los líos
en que se metieron y en tan poco tiempo.
Juan Hernández Celis, el de mayor confianza del mandatario
fue uno de los primeros en redactar la carta que dice "presentar
renuncia irrevocable de mi cargo", luego de verse comprometido
en escándalos que vinculaban sus negocios familiares y sus
altas responsabilidades como Secretario Privado de la Presidencia.
A eso se había sumado una fuerte presión política
porque en los pasillos de la Presidencia se rumoreaba sobre el enorme
poder que había concentrado Hernández Celis en el
nombramiento de funcionarios de segundo y tercer nivel, al punto
de que su "computadora" -una agenda- logró hacerse
bastante notoria en los medios periodísticos y políticos.
Diego Pardo Koppel, otro amigo personal del mandatario, tuvo que
dejar la Embajada en México luego de que se encontrara metido
en un escándalo por su vinculación con una entidad
financiera intervenida por la Superbancaria y en la que, aparentemente,
la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) perdió
varios millones de dólares. El escándalo, además,
siguió aumentando de tamaño y llenado espacio en los
medios de comunicación cuando un representante a la Cámara
denunció que allí también tendrían que
dar explicaciones los embajadores en Washington y Ottawa, Luis Alberto
Moreno y Fanny Kertzman.
El ministro de Salud, Virgilio Galvis, debió dejar su cargo
cuando se denunció que beneficiaba al ex director del Invima
y, como los anteriores, debió pasar la carta antes de recibirla.
Fernando Araujo Perdomo fue el siguiente -segundo ministro- encartado
con las versiones de que se habría aprovechado de su posición
para comprar las tierras del complejo llamado Chambacú, en
Cartagena, al Inurbe. Para no entorpecer el trabajo de la Fiscalía
ni dañar la situación política del Presidente,
empeñado en sacar adelante una compleja agenda económica,
darle marcha adelante al proceso de paz y negociar, con un crecientemente
adverso Congreso, la reforma política. Araujo fue secuestrado
en diciembre y de su paradero nada se sabe.
Luis Carlos Valenzuela Delgado también renunció al
Ministerio de Minas por supuesto favorecimiento a Corfivalle, corporación
de la que había sido vicepresidente. "No tengo espacio
político para ejercer el Ministerio", dijo.
Mauricio Cárdenas Santamaría dejó la cartera
de Transporte por la conciliación que habría autorizado
a la firma Dragacol, por $23.000 millones.
Faltan nombres de funcionarios cercanos que, en un momento, quedaron
inmersos en escándalos públicos. Casi todas esas denuncias
están, todavía, pendientes de ser comprobadas. OGV
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