06-08-2001
Un año para saldar cuentas
con los pobres
El crecimiento económico está lejos del 6% que se
juzga necesario.
Tampoco disminuye el conflicto social. Al contrario, sube la violencia.
Como Pastrana diría: eso hace inviable un modelo de desarrollo.
Por
Germán
Jiménez Morales
Medellín

El principal costo social del ajuste económico
es el aumento de la pobreza, que hoy afecta al 60% de la población.
El Gobierno se defiende y sostiene que buena parte de la miseria
es consecuencia del desorden que heredó de la administración
Samper, y que lo único que ha hecho es buscar un adecuado remedio
para estos males. Foto Archivo, Colprensa |
Al cierre de sus primeros tres años de gobierno, el presidente
de la República, Andrés Pastrana Arango, no ha podido
enfrentar con éxito los dos problemas centrales de Colombia
que identificó en su plan de desarrollo "Cambio para
construir la paz": el agudo conflicto social del país,
con sus variadas e inquietantes formas de violencia, y el pobre
desempeño de una economía que en los últimos
20 años no había conocido tasas de crecimiento mayores
al 6%, vitales para cerrar las brechas que en materia de ingresos,
patrimonio y bienestar existen entre ricos y pobres.
Al criticar la gestión de los gobiernos liberales de los
90s, que se la jugaron a la apertura y a las reformas en materia
laboral y de seguridad social, el propio Pastrana reconoce en la
página 7 de su plan que si un modelo de desarrollo no da
frutos en esos dos terrenos es insostenible. Ese concepto obra hoy
en su contra.
La expresión más concreta del conflicto social es
la violencia. Esta, en lugar de bajar, se ha intensificado: en el
año 2000 se cometieron 1.097 secuestros más que en
el año 98. Entre esas dos fechas el número de guerrilleros
se incrementó en 6.225 y el de los paramilitares en 3.650.
La tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes había caído
a 56 en el 98, pero con los 26.540 asesinatos del año 2000
esa tasa ganó 6.7 puntos. La cifra de personas muertas en
masacres creció en 726.
El secuestro se robusteció. Hoy en día es una industria
controlada en un 76% por la guerrilla, el 15% por la delincuencia
común y el 10% por los paramilitares. Mientras en 1980 fueron
plagiadas 44 personas, en el 2000 ese número se alcanzó
en menos de cinco días. El dato del año anterior fue
un negro hito: 3.706 secuestrados.
A los pobres, en particular, tampoco es que les haya tocado mucho
de la buena nueva anunciada por el Plan de Desarrollo. En el año
98, de cada 100 colombianos existían 51.5 que vivían
en condiciones de pobreza. Muy a su pesar, a ese club han ingresado
otras 4.3 millones de personas y hoy el porcentaje de los pobres
ronda el 60%.
A los que tienen fuente de ingresos tampoco les ha faltado su cuota
de dolor, representada en una desvalorización del 20%, vía
un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita que ha bajado
en esos años de US$2.420 a US$1.925.
El desempleo bordeaba por entonces la tasa récord del 16%,
pero ha conocido infiernos peores: del 19%. Hoy, en las trece principales
ciudades, ese indicador es del 18.6% y la cruda realidad, que algunos
sostienen está subestimada, es que 2.858.000 ciudadanos están
de balde, muy a su pesar. Lo que sí ha mejorado es el sofisticado
índice de miseria macroeconómica, que resulta de sumar
el índice de costo de vida y el desempleo. Gracias a la baja
de la inflación ese indicador ha pasado del 32.5% al 27%.
De las añoradas tasas de crecimiento económico del
6% nada se ha visto. El PIB del año 98, que se podría
decir que fue heredado, llegó al 0.5%. El 99 conoció
la peor crisis de los últimos 50 años y la economía
bajó -4.3%. En el 2000 se estima un crecimiento del 2.9%
y para este año el 3.8%, inicialmente previsto, ha quedado
reducido a 2.4%. Para el gobierno, ése es el costo de poner
en orden la casa.
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