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Sorpresas y lágrimas fundidos en Oscar con diamantes y belleza


Las lágrimas de emoción y el brillo de los Oscar se confundieron, durante la 74 entrega de los codiciados premios cinematográficos, con el fulgor de las joyas, que subrayó el "glamour" del que están hechos los sueños en Hollywood.

Si Halle Berry se quedó boquiabierta al recibir la primera estatuilla en la historia de los Oscar como mejor actriz para una intérprete negra, gracias a su trabajo en "Monster"s Ball", su elegante presencia vestida en tonos burdeos en un traje de Eliee Saab fue el centro de todas las miradas.

Con una silueta visible a través de un tul transparente, sólo oscurecido por un bordado de flores ocultando sus senos y una falda de tafetán larga, en medio de la emoción, la actriz bromeó con sus dificultades a la hora de subir las escaleras sin pisarse la cola del traje. "Pensaba que no podría subir al escenario. Menos mal que Dios evitó que pusiera a mi madre en ridículo", bromeó, una vez superadas las lágrimas.

Berry no fue la única en dar el "glamour" propio de Hollywood a una ceremonia que esta edición estrenaba teatro justo frente al hotel Roosevelt, donde hace 74 años fue entregada la primera estatuilla.

El cielo plomizo de la jornada, que según el británico Ian McKellan fue en honor de los numerosos ingleses candidatos en esta edición, quedó coloreado con los tonos pastel de las estrellas presentes en esta gala.
Nicole Kidman optó por el rosa de un vestido largo de Chanel mientras que Jennifer Connelly prefirió el tono "champagne", sencillo y elegante, de Balenciaga, sólo acentuado por una bufanda de gasa al cuello.

"Me gusta la elegancia y la simplicidad al vestir. Me siento muy cómoda", afirmó la ganadora de su primer Oscar como mejor actriz secundaria por "A Beautiful Mind", la película triunfadora en esta edición. Ese filme también consiguió el Oscar a la mejor película, mejor director (Ron Howard) y mejor guión (Akiva Goldman).

Si Connelly no necesitó acentuar su presencia más que con unos pendientes de diamantes, las joyas brillaron libremente en los 150 metros de alfombra roja y compitieron con los "flashes" de las cámaras.

Entre las más destacadas estuvo el collar de diamantes de cuatro millones de dólares que lucía Kidman, piedras en bruto de Bulgari de 241 quilates, mientras que Marisa Tomei, candidata como mejor secundaria por "In the Bedroom", consolaba su derrota con una larga cadena de diamantes de estilo Charlestone que remataba su vestido "chiffon" azul de Jurgen Simonson.

Sin embargo, fue la hispana Laura Helena Harring, protagonista de "Mulholland Drive", la que brilló con luz propia eclipsando su figura en el vestido rojo y negro de Armani con el diamante histórico "Archiduque Joseph" de 77 quilates y un valor de 27 millones de dólares diseñado por Alfredo Molina.

Su riqueza se complementaba con unas sandalias de tacón de aguja elaboradas sólo con diamantes por Stuart Weitzman que elevaba no sólo su altura sino su valor en un millón más de dólares. "Soy la chica más protegida de la noche", coqueteó acompañada de cuatro guardaespaldas.

Pero la elegancia y el "glamour" también acompañó a los hombres, desde Denzel Washington, el triunfador de la velada con su Oscar como mejor actor -el primero a un intérprete negro desde hace casi 30 años-, hasta Will Smith, que luciendo un esmoquin de Ozwald Boateng tuvo que abandonar la ceremonia temprano por un problema familiar.

Hasta Woody Allen, el invitado sorpresa de la gala en su primer paso por los Oscar a pesar de haber ganado con anterioridad varias estatuillas, vistió un esmoquin para la ocasión aunque en cuanto salió del escenario se quitó la pajarita.

"Me siento incómodo, claro. Y encima llevo maquillaje. No soy ese tipo de hombre, pero no quería venir de otro modo porque pensaba que sería ofensivo para esta velada", reconoció el realizador, que honró durante la ceremonia a su ciudad natal, Nueva York.

Fue este tipo de velada en la que Hollywood se vistió de largo para bailar con su mejor héroe, el Oscar, aunque, como bromeó Kate Winslet, engalanada en un ajustado traje rojo del diseñador británico Ben de Lisi, no todo es fácil, ni tan siquiera para las estrellas.

"En este momento, no me atrevería ni a ir al servicio", comentó risueña mientras, como muchas otras estrellas, forcejeaba su paso por la gran escalinata que conducía a la gloria del teatro Kodak.

EL COLOMBIANO / EFE







 

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