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Documento académico
Cadáveres N.N., para
la vida y la dignidad humana
Por
Germán Antía
M.
Profesor Titular Facultad de Investigación Judicial
Programa de Tanatopraxia, Tecnológico de Antioquia

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El ser humano, producto de complejas y evolucionadas reacciones
moleculares y de un maravilloso desarrollo en el útero
materno es un ser desconocido y misterioso, sólo perceptible
a su madre por el movimiento de sus extremidades.
Desde entonces somos para la sociedad un N.N., hasta el momento
en que nos registran en los libros notariales. Solo a través
de este acto civil somos incorporados a la sociedad e identificados
en esta.
Su origen
Con la sigla N.N. (del Latín nomen necio, en español
nombre desconocido) los nazis abandonaban los cadáveres
de judíos en los campos de concentración de Treblinka,
Dachau, Bergen Bessel.
Durante la revolución francesa, una celebre mujer llamada
Madame Trusseau, quien recorría los cementerios del viejo
Paris identificando las cabezas y los cuerpos decapitados en la
guillotina, reconoció allí las cabezas del rey Luis
XV y de la reina Maria Antonieta. Este caso de reconocimiento
marca un hecho importante en la historia de los N.N.
En Medellín, dicha sigla ha sido de uso corriente desde
la época de la narcoguerra, que sacudió a la ciudad
en la década de los años 90´s. Desde entonces,
sus habitantes la incorporaron en su vocabulario cotidiano con
una insensibilidad tal, que cuando desaparece uno de sus seres
queridos, consultan en los centros de identificación y
búsqueda de desaparecidos por un N.N. con determinadas
características.
La sigla N.N. designa también personas sin identificación.
Como consecuencia del conflicto armado llegan a los municipios
que conforman el Valle del Aburrá personas de todas edades,
muchas de ellas sin registro civil o identificación civil,
esas mismas personas constituyen la población N.N. viva
en el Valle del Aburrá, que no tiene acceso a los servicios
estatales de salud, educación y bienestar social. La magnitud
de esta problemática llevó a las autoridades a realizar
campañas para el registro e identificación de los
N.N. vivos.
La muerte ¿Un hecho cotidiano?
Doce años de guerra y criminalidad nos hacen saber que
somos sobrevivientes de un largo y oscuro conflicto. La epidemia
de criminalidad desatada en el Valle del Aburrá, ha vuelto
cotidiano en nuestro léxico el termino N.N., para señalar
a esas víctimas fatales del crimen que reposan en las cavas
de las morgues de la capital antioqueña, sin que algún
doliente los reclame para darles adecuada y digna sepultura. Sin
embargo, en los cuerpos inertes de estas víctimas avanza
la investigación científica y judicial, produciendo
conocimiento médico para la vida.
Vivimos y morimos producto del azar genético y de los riesgos
sociales inherentes a una urbe que en los últimos doce
años suma 52.946 víctimas fatales; cifras que obligan
a reflexionar sobre el nacer y el morir.
En 2001 la morgue judicial de Medellín albergó en
sus neveras 619 cadáveres N. N., de los cuales 79 no fueron
finalmente identificados. La efectividad del 87% en la identificación
de estas víctimas N. N. se debe a la silenciosa y humanitaria
labor de médicos, odontólogos y técnicos
forenses, que al igual que Madame Trusseau en la revolución
francesa, recorren los campos de guerra identificando cadáveres
sin nombre conocido.
De los 619 cadáveres N.N. registrados en la morgue judicial
551 eran hombres y 68 mujeres, de los cuales 357 y 40, respectivamente,
fueron asesinados por proyectiles de arma de fuego.
Vida y muerte
De estas cifras de mortalidad violenta también emerge vida
para que otros puedan sobrevivirla con calidad. Es sorprendente
saber que de aquellos cadáveres N.N., que nadie reclama
ni llora; brotan corazones, córneas, médulas óseas,
hígados y riñones... para que la vida continúe
en otros seres humanos, que ansiosos esperan un órgano
vital para continuar. La ley colombiana establece que los ciudadanos
fallecidos en este país son presuntos donadores de órganos.
Los cadáveres de los hombres y mujeres N. N., después
de ofrendar sus vidas sobre el duro asfalto de la ciudad, facilitan
sus cuerpos a Patólogos y Anatomistas para que estos descifren
en sus órganos los entrañables secretos de la enfermedad
y de la muerte. De acuerdo con la normativa vigente en Colombia,
se pueden entregar cadáveres N.N. para estudios científicos
a instituciones universitarias por autorización del Ministerio
de Salud.
Esos cuerpos y sus órganos sufren la acción preservadora
de la formalina; a diferencia de muchos otros no conocen la putrefacción
ni la acción cremadora del fuego. Dichos órganos
permanecerán en laboratorios y recipientes de laboratorio
como una variedad especial de libro, enseñando a los estudiantes
de Anatomía las complejidades del cuerpo humano.
Morir en el Valle del Aburrá, significa para los criminalistas
una marca de tiza en el duro asfalto de ciudad; no es más
que el blanco trazo de una silueta humana sobre el negro asfalto,
un conjunto de elementos físicos materia de prueba judicial
numeradas en riguroso orden: manchas de sangre, proyectiles, un
zapato, un arma...
El duelo se transforma
La velocidad con que suceden los homicidios en Medellín
- en promedio trece diarios- conlleva a cambios sociales, culturales
y psicológicos, ejemplo de estos son: La rápida
asimilación y evolución del duelo por la desaparición
de un ser querido, el poco tiempo para velación de los
cadáveres, la celeridad con que se quiere llevar el cadáver
de la cama al horno crematorio, la casi carencia absoluta del
ritual y la pompa fúnebre, y la tendencia hacia la desacralización
de los jardines y parques cementerios.
El desarrollo urbanístico se toma los camposantos, algunos
de estos se transformarán en parques de diversiones - como
el Cementerio de San Lorenzo -, se les arrebatan terrenos para
ampliación de avenidas o para invasiones urbanas subnormales.
Tales acciones quitan espacio a las fosas donde reposan los restos
de los N. N. ; La escena de sepultureros arrastrando carretillas
atestadas con cráneos rumbo al crematorio recuerda la poesía
Boda Negra del colombiano Julio Florez.
Durante los últimos treinta años los funcionarios
médico-legales y judiciales de Medellín han desarrollado
una cultura por el respeto y dignificación de los cadáveres
sin nombre (N.N.), permitiendo que 90% de estos sean identificados
y entregados a sus familias y allegados mitigando así el
dolor y teniendo la certeza que su ser querido sea inhumado con
dignidad.
Para el reconocimiento de los N.N. se aplican importantes técnicas
de Odontología, Genética y Medicina forense, necrodactiloscopía,
fotografías, videos y descripciones detalladas que garantizan
a sus familiares la certeza de una adecuada identificación.
La academia
Los cadáveres N.N., víctimas de la criminalidad,
son entregados mediante permiso legal, en custodia a instituciones
científicas, para el avance de investigaciones biomédicas,
generación de conocimiento, desarrollo de nuevas técnicas
quirúrgicas y la enseñanza de la medicina. En estas
instituciones permanecen con la esperanza de ser identificados
algún día no lejano por sus familiares y amigos.
Durante su permanencia en los laboratorios de Anatomía,
los cuerpos N.N. reciben trato digno y adecuado en espera de que
sus familiares y amigos les identifiquen y reclamen. Diariamente
son hidratados con agua y sal y preservados de infecciones de
hongos.
Cuando estos cuerpos han dado su aporte a la ciencia, los estudiantes
les rinden una discreto pero sentido acto fúnebre de despedida.
La nostalgia brota entre los rostros juveniles por el adiós
de un amigo desconocido que desde su silencio les permitió
avanzar en los caminos de la ciencia. Esos cuerpos de N.N. encontraron
en los laboratorios el cobijo que quizá en vida no tuvieron.
Gracias a los beneficios de los cadáveres N.N., la ciudad
ha logrado un importante desarrollo científico. En materia
de transplantes de órganos ésta es líder
a nivel mundial y centro de referencia en la materia. Pacientes
de varios países llegan aquí en espera de órganos
o componentes anatómicos para que les sean donados y transplantados.
Esta acción humanitaria llena de regocijo a quienes han
perdido un ser querido por la enorme satisfacción de saber
que algún componente anatómico de aquellos aún
vive y sirve en otro.
La vida prosigue en el Valle del Aburrá. Las salas de parto
inundan la ciudad con el alegre llanto de aproximadamente 300
bebés que a diario nacen en ella. La población se
reproduce rápidamente, y la fecundidad de los úteros
de las mujeres paisas florecen como capullos de orquídeas
en primavera, que aquí es eterna.
Documentación
- Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses
- Centro Nacional de Referencia sobre la Violencia, Regional Noroccidente
[Estadísticas]
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