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En una reunión celebrada recientemente,
la tribu afirmó que se enfrenta ahora a un nuevo reto: el
bloqueo impuesto por el ejército y las fuerzas de autodefensas,
quienes han restringido la cantidad de comida que los indígenas
pueden subir a la sierra, para obligar a bajar de ella a que los
guerrilleros que allí se esconden.
La guerra de Colombia, que dura ya 39 años y se libra entre
los rebeldes, las autodefensas y las fuerzas gubernamentales, está
llegando finalmente a las alturas de la Sierra Nevada, donde los
miembros de la tribu se reunieron para enfrentar la crisis más
reciente, que según ellos amenaza su propia existencia. Los
adultos arhuacos, algunos de los cuales montaron 15 horas a caballo
para atender la reunión de Nabusímake- la capital
de la nación arhuaca- dijeron temer que el bloqueo de la
comida sea sólo el comienzo y que esto los obligue a entrar
en un conflicto que desde el principio han tratado de evitar.
Los guerrilleros han dejado tranquilos a los indígenas y
se han limitados a usar las cimas de las montañas cubiertas
de nieve -- las más altas del mundo junto al mar, con más
de 5.000 metros --, como un escondite para ocultarse después
de lanzar ataques contra los poblados cercanos. Pero con las nuevas
restricciones al ingreso de comida que rigen desde principios de
este año, los guerrilleros han empezado a sentirse hambrientos
y las tensiones entre ellos y los indígenas se han agudizado.
"Los grupos armados -- llámense guerrillas, autodefensas
o fuerzas del estado -- están imponiendo sus maneras a punta
de pistola", dijo recientemente el líder arhuaco Rogelio
Mejía en la plaza central de Nabusímake, pavimentada
con rocas suaves y flanqueada por casas de techo de paja. Cientos
de arhuacos, con vestidos color blanco o crema y su tradicional
sombrero cónico, escucharon sus palabras y asintieron.
Ahora, muchos indígenas se abstienen de invitar a extraños
a sus casas y de darles comida- como la tradición obliga-,
por miedo de que si los visitantes son miembros de grupos ilegales,
sus enemigos los acusarán de colaborar con uno de los lados.
El sacerdote Darío Echeverri, quien asistió la reunión
con trabajadores de grupos humanitarios y con un representante del
gobierno, afirmó que las fuerzas de seguridad estaban castigando
injustamente a los indios al restringir la cantidad de comida que
entra a la Sierra Nevada.
"Eso no afecta a la guerrilla", dijo Echeverri en una
entrevista. "Ellos toman la comida de la gente local, que son
los que pasan hambre. Son los indios los que sufren". El 27
de agosto, los guerrilleros trataron de llevarse 17 vacas de Nabusímake.
Un niño dio la alarma y unos 300 pobladores se enfrentaron
a los rebeldes y trajeron de vuelta el preciado ganado. "Ellos
amenazaron con disparar, pero nosotros les gritamos 'Ladrones!
Ustedes se están robando nuestras vacas"', dijo Camilo
Niño, el jefe de la comunidad de Nabusímake. "Seguimos
a la guerrilla por una hora y finalmente (los rebeldes) abandonaron
el ganado".
Echeverri aseveró que los rebeldes que secuestraron a un
grupo de turistas extranjeros el mes pasado en la Sierra Nevada
lucían flacos y andrajosos. Los guerrilleros del Ejército
de Liberación Nacional también han denunciado el bloqueo
de alimentos. Durante ocho meses las tropas han confiscado la comida
de la gente que trata de llevar consigo cantidades excesivas de
alimentos, de acuerdo a un soldado del ejército que estaba
un retén en Puerto Bello, un poblado en la frontera del resguardo
arhuaco.
En Nabusímake, las tiendas indígenas están
prácticamente vacías de los productos que se intercambian
en las tierras bajas por las verduras y la carne producida por los
indios. María Dolores Romo, una enfermera española
que ha vivido entre los arhuacos por 26 años, dijo que el
bloqueo ya está afectando a la población nativa.
"Acá siempre ha habido desnutrición, pero ahora
es peor", dijo ella. Los envíos subvencionados de trigo
para los niños indígenas se han suspendido. Durante
la reunión de cinco días, los arhuacos pidieron solemnemente
ayuda a sus antepasados. Uno de esos días, cuando apenas
asomaba el sol por las montañas de Nabusímake, dos
docenas de hombres arhuacos hablaron de sus pasados encuentros con
grupos recién llegados, a quienes llaman sus "hermanos
menores". "Cinco siglos atrás, nuestros antepasados
tuvieron que luchar cuando los españoles vinieron",
afirmó un hombre. "Ahora enfrentamos otro reto. Le pedimos
a los espíritus que preserven nuestras tradiciones y a nuestros
hermanos menores que las respeten".
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