Por
Andrew Selsky
| Fotos Ricardo Mazalan
Nabusímake, Colombia | AP

Desde los tiempos de Colón, los indios arhuacos han debido enfrentar muchas dificultades en las montañas sagradas de la Sierra Nevada, tales como los conquistadores españoles, los colonos que ocupaban sus tierras y una opresión generalizada.

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En una reunión celebrada recientemente, la tribu afirmó que se enfrenta ahora a un nuevo reto: el bloqueo impuesto por el ejército y las fuerzas de autodefensas, quienes han restringido la cantidad de comida que los indígenas pueden subir a la sierra, para obligar a bajar de ella a que los guerrilleros que allí se esconden.

La guerra de Colombia, que dura ya 39 años y se libra entre los rebeldes, las autodefensas y las fuerzas gubernamentales, está llegando finalmente a las alturas de la Sierra Nevada, donde los miembros de la tribu se reunieron para enfrentar la crisis más reciente, que según ellos amenaza su propia existencia. Los adultos arhuacos, algunos de los cuales montaron 15 horas a caballo para atender la reunión de Nabusímake- la capital de la nación arhuaca- dijeron temer que el bloqueo de la comida sea sólo el comienzo y que esto los obligue a entrar en un conflicto que desde el principio han tratado de evitar.

Los guerrilleros han dejado tranquilos a los indígenas y se han limitados a usar las cimas de las montañas cubiertas de nieve -- las más altas del mundo junto al mar, con más de 5.000 metros --, como un escondite para ocultarse después de lanzar ataques contra los poblados cercanos. Pero con las nuevas restricciones al ingreso de comida que rigen desde principios de este año, los guerrilleros han empezado a sentirse hambrientos y las tensiones entre ellos y los indígenas se han agudizado.

"Los grupos armados -- llámense guerrillas, autodefensas o fuerzas del estado -- están imponiendo sus maneras a punta de pistola", dijo recientemente el líder arhuaco Rogelio Mejía en la plaza central de Nabusímake, pavimentada con rocas suaves y flanqueada por casas de techo de paja. Cientos de arhuacos, con vestidos color blanco o crema y su tradicional sombrero cónico, escucharon sus palabras y asintieron.

Ahora, muchos indígenas se abstienen de invitar a extraños a sus casas y de darles comida- como la tradición obliga-, por miedo de que si los visitantes son miembros de grupos ilegales, sus enemigos los acusarán de colaborar con uno de los lados. El sacerdote Darío Echeverri, quien asistió la reunión con trabajadores de grupos humanitarios y con un representante del gobierno, afirmó que las fuerzas de seguridad estaban castigando injustamente a los indios al restringir la cantidad de comida que entra a la Sierra Nevada.

"Eso no afecta a la guerrilla", dijo Echeverri en una entrevista. "Ellos toman la comida de la gente local, que son los que pasan hambre. Son los indios los que sufren". El 27 de agosto, los guerrilleros trataron de llevarse 17 vacas de Nabusímake. Un niño dio la alarma y unos 300 pobladores se enfrentaron a los rebeldes y trajeron de vuelta el preciado ganado. "Ellos amenazaron con disparar, pero nosotros les gritamos '­Ladrones! Ustedes se están robando nuestras vacas"', dijo Camilo Niño, el jefe de la comunidad de Nabusímake. "Seguimos a la guerrilla por una hora y finalmente (los rebeldes) abandonaron el ganado".

Echeverri aseveró que los rebeldes que secuestraron a un grupo de turistas extranjeros el mes pasado en la Sierra Nevada lucían flacos y andrajosos. Los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional también han denunciado el bloqueo de alimentos. Durante ocho meses las tropas han confiscado la comida de la gente que trata de llevar consigo cantidades excesivas de alimentos, de acuerdo a un soldado del ejército que estaba un retén en Puerto Bello, un poblado en la frontera del resguardo arhuaco.

En Nabusímake, las tiendas indígenas están prácticamente vacías de los productos que se intercambian en las tierras bajas por las verduras y la carne producida por los indios. María Dolores Romo, una enfermera española que ha vivido entre los arhuacos por 26 años, dijo que el bloqueo ya está afectando a la población nativa.

"Acá siempre ha habido desnutrición, pero ahora es peor", dijo ella. Los envíos subvencionados de trigo para los niños indígenas se han suspendido. Durante la reunión de cinco días, los arhuacos pidieron solemnemente ayuda a sus antepasados. Uno de esos días, cuando apenas asomaba el sol por las montañas de Nabusímake, dos docenas de hombres arhuacos hablaron de sus pasados encuentros con grupos recién llegados, a quienes llaman sus "hermanos menores". "Cinco siglos atrás, nuestros antepasados tuvieron que luchar cuando los españoles vinieron", afirmó un hombre. "Ahora enfrentamos otro reto. Le pedimos a los espíritus que preserven nuestras tradiciones y a nuestros hermanos menores que las respeten".

 


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