Círculos, líneas, cuadrados, rombos y pentágonos
hacen una urbe geométrica y rara.
Una vista aérea
de Medellín permite reconocer un ángulo diferente de
la ciudad.
Cuando se vuela sobre Medellín las curvas y las rectas dibujan
una ciudad que sorprende. Desde arriba, la capital antioqueña
ofrece un escenario en el que esquinas, puentes, casas, techos,
barrios y vías se conjugan en un valle geométrico.
90 grados por encima, la ciudad se vuelve un plano en el que círculos,
líneas, cuadrados, rombos y pentágonos hacen del mapa
urbano un espacio en el que sería difícil perderse.
Todo se ve ordenado, incluso, aquellos barrios que nacieron en el
afán y la pobreza de sus habitantes de encontrar un lugar
para vivir.
Medellín no sólo es gris... el verde de los árboles
del Jardín Botánico, la U. de A., el cerro Nutibara,
el Volador deja ver los pulmones de la urbe. El agua tampoco falta:
el río Medellín, los lagos del Botánico y del
Parque Norte, y decenas de quebradas más mojan la ciudad
de concreto y hierro formando hilos de brillo. Es otra mirada. Insospechada,
extraña, asombrosa.
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