Hogar madre Eugenia, el refugio de las religiosas ancianas.
Asistencia
física y espiritual reciben en este lugar de Calasanz.
Entre todas
se ayudan a soportar los dolores de sus enfermedades.
Reportaje gráfico Hernán
Vanegas
Medellín
Como el amor y el servicio a Dios no se jubilan nunca, cuando las
fuerzas físicas comienzan a abandonar a las religiosas, éstas
llegan al hogar de San Madre Eugenia, de las Hermanitas de los Pobres
San Pedro Claver.
Situado en Calasanz, el albergue ocupa un sitio en predios del Refugio
Santa Ana. 34 monjas dirigidas por la madre Luz Marina, se brindan
apoyo en los momentos de dificultad, representados en quebrantos
de salud, y reciben cuidados básicos.
Como no solo de pan viven las esposas de Cristo, entre éstos
se cuentan la terapia con gerontóloga, que despierta las
ganas de vivir con juegos una vez a la semana, y encuentros espirituales
y diálogos. Muchas de ellas han sido directoras: madres superioras,
provinciales o generales. No obstante, con humildad, siguen cumpliendo
su voto de obediencia.
A algunas monjas se les ve deambular por los pasillos del caserón
gobernadas por el alzheimer. Julia, una de las religiosas hospedadas
allí, sentada en una silla de ruedas, mira uno de los jardines
y se consuela escuchando rezos en una emisora de radio. Dice que
ha aprendido a amar el dolor y el sufrimiento. Luz Marina sostiene
que Dios da una gracia a estas mujeres, pues, lejos de acongojarse
con sus enfermedades, soportan con serenidad la atormentada existencia.
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