Estatuas humanas

El centro de Medellín se convirtió en escenario de las “estatuas humanas”. Puro paisaje callejero.

Asombran, algunos descrestan y son motivo de risas y sonrisas de niños y adultos.

Aquí, las historias detrás de estos monumentos de carne y hueso, que sobreviven así: quietecitos.

Hay hombres de yeso, esclavos, damas antiguas e incluso un Juan Valdez, claro sin ‘mula estatua’.
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Ilustre y tradicional
Se trata de la imitación del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, cuya estatua se encuentra en La Alpujarra. Semeja el bronce e impacta por la sensación tan real que proyecta.

Una ‘estatua’ hogareña
John Jairo Vásquez Arboleda nació en Amalfi, es de origen campesino y tiene tres hijos. Se define responsable, hogareño y piensa que la rutina de su trabajo es muy dura.

Dama moderna y dama antigua
Estas dos representaciones que hace Nancy Pérez tienen la intención de mostrar dos facetas de la mujer: la de ayer, con sus trajes largos y de colores fuertes y serios. Y la de hoy, en colores pasteles y con ropas livianas y sin encajes. Aquí, muy quieta para la foto.

Un dolor en silencio
Ella es una desplazada por la violencia en el campo. Vive en un rancho del barrio París, con sus cuatro hijos. Para ellos trabaja, por ellos se para siete horas al día. Es Nancy del Carmen Pérez Villarreal.
Otra versión de un paisa típico
Se trata de una figura que describe al paisa tradicional: de carriel y sombrero. Su estatismo es casi perfecto. Si usted mira con detenimiento, la respiración se torna imperceptible. Algunos transeúntes también relacionan esta figura con la de Cisneros.

El ex soldado profesional
David Rangel Mejía. 35 años. Hace ocho años es estatua humana. Nació en Caucasia y vive en Medellín con su esposa Johana y su hijo Michael. Fue soldado regular y profesional. Dice que ser estatua tiene más de bueno que de malo.
Una más de Botero
Quiere perderse en el paisaje de Plaza Botero, ser una escultura más. Representa otra figura tradicional de un hombre de traje de épocas pasadas, pero algo fantasmagórico.

De Urabá a Medellín
Se trata de un aventurero nacido en Nueva Colonia, Turbo. Tiene 23 años. Es José Ibañez Ruiz, padre de dos hijos. Hace un año es estatua humana y se siente muy contento en su oficio.
Paz por Colombia
Al vestuario de una estatua griega tradicional, de túnica, se le suman la bandera de Colombia y un aviso en el pecho que pide por la paz del país. Tiene una sirenita que cautiva a los niños.

Los años y la alegría
A Luis Alirio Salazar, que cumple 50 en diciembre, lo desanimaba su rostro. Pero al convertirse en estatua halló felicidad. Padrastro de diez
niños y papá de uno más, este
caleño ama a Medellín.
Símbolo nacional, versión dorada
Entre sus aperos están el machete, la ruana, el carriel, el canasto chapolero y las cotizas. Su color dorado llama la atención de inmediato. También su pinta de Juan Valdez, a la que solo le falta una mula. Pero hay que ver quién la tendría quieta, junto a él.

Payasadas desde pequeño
Rodolfo Aponte nació en Cartago, Valle. Pasó parte de su infancia en Bogotá donde aprendió el arte de los payasos y los mimos a su padrastro. Trabajó en circos pobres y hacía malabares, pero ahora se goza su creatividad con el “estatuismo”. Será ‘hombre de piedra’.
Representación muy real
Se trata de otra de las figuras clásicas de las estatuas humanas, aunque se le agrega un bastón. Es otra de las más cuidadas en su vestuario. Tiene un aire de dureza y severidad. Un ser imperturbable ante el ruido y la gente.

Con clientes propios
Rafael Pérez nació en San Marcos, Sucre. Dice que ya tiene niños que lo conocen y no dejan seguir a sus papás si no le echan una moneda. Asegura que los niños de Medellín son muy especiales y se siente orgulloso de su representación.
Muñeca en el museo callejero
Se trata de una figura delicada, con los ojos cerrados, adentrada en su mundo interior. Se le ve por los lados del Parque Berrío, en la calle 50 con la carrera 50. Llaman la atención su soledad y su quietud en medio del río humano del centro de Medellín.

La felicidad del sustento
La Muñeca es Adriana María Betancur Henao. Vive en barrio Popular Dos, zona nororiental. Ella dice que ama su trabajo y que la anima mucho saber que con su arte sostiene a sus padres y a su hijo. “Doy mi corazón y no le quito nada a nadie”, dice.
El chaplin paisa
Imita al gran hombre del cine mudo de todos los tiempos. Pero también representa a un robot que se llama Oro Sólido y a un payaso que todos conocen como Motorcito.

Empeñado en ser mejor
Maquillado, Jabid Alexander Arbeláez se siente más seguro y cree que se comunica mejor con las personas. Le mete plata a sus personajes “porque ellos son los que dan la papita”.
Los hombres estatuas se levantan por los lados del Parque Berrío y de la Plaza Botero. Normalmente trabajan entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde. Ellos dicen que viven del arte y de la generosidad de los antioqueños, que son gente querida y respetuosa. “En Medellín, el 95 por ciento de la gente nos trata muy bien”. Las estatuas tienen su vida. Aquí David y su hijo. Terminó la jornada. Llegó la hora de desmaquillarse.
 
La pintura es un ritual de todos los días. Un esclavo despierta la curiosidad infantil. Las monedas que deja una dura jornada de pie.  
Fotos Henry Agudelo | Departamento de fotografía EL COLOMBIANO | Envíe sus comentarios
 


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