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Hugo
Chávez Frías, presidente de Venezuela
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Este fue un año en el que el presidente de Venezuela, Hugo
Chávez Frías, vivió entre la gloria y la derrota.
La fuerte oposición de diversos sectores, la amenaza de golpe
de Estado, los paros, la censura a los medios de comunicación
hicieron parte del pan de cada día en ese país. |
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En un
hecho político inédito, dos días después
de ser depuesto por presión de los gremios de trabajadores
y empresarios, de algunos medios de comunicación y sectores
de las Fuerzas Armadas, el presidente Hugo Chávez retomó
el poder en una Venezuela convulsionada que este año vivió
uno de los peores momentos de su historia.
Al ser depuesto Chávez, el presidente de Fedecámaras,
Pedro Carmona, y el vicepresidente constitucional, Diosdado Cabello,
ostentaron la calidad de jefes de Estado temporales, dejando al descubierto
una profunda división en la opinión nacional y las fuerzas
armadas.
En el momento de retornar al poder, Chávez Frías se
confesó "estupefacto" y en un discurso improvisado
a través del Canal 8, de la televisión estatal, dijo
en tono conciliador, "vengo dispuesto a rectificar donde tenga
que rectificar, pero no sólo tengo que ser yo, todos tenemos
que rectificar para que volvamos a la calma, al empuje, al trabajo".
La ola de violencia desatada en aquel momento dejó 41 muertos
y 323 heridos y el país se movió entre el odio a un
presidente que muchos encuentran autoritario, y el amor hacia aquel
que, para otros, es una especie de salvador en lo económico
y lo social, un político que se ganó el apoyo de algunos
gobiernos y el rechazo de otros, que lo ven como un dictador.
Hugo Chávez Frías, siempre a la sombra del Libertador
Simón Bolívar, algunas veces con un Cristo en la mano
y otras con un mini libro de la Constitución, fue, a lo largo
de este año, uno de los presidentes más polémicos
de América Latina.
En la madrugada del 12 de abril fue derrocado el presidente de los
venezolanos, luego de tres días de protestas iniciadas cuando
empresarios y sindicalistas convocaron a un paro indefinido para exigir
su salida.
Y es que este año, paros y revueltas mantuvieron la tensión
en el vecino país, con el cual Colombia libró varias
batallas diplomáticas, que afectaron por momentos las relaciones
políticas. Se presentaron numerosos incidentes fronterizos,
especialmente por la advertencia de haber encontrado miembros de las
guerrillas colombianas en esa nación.
Al punto que la Cancillería colombiana propuso la creación
de una comisión ad hoc para la verificación de incidentes
fronterizos, como el ocurrido el 21 de marzo, cuando el comandante
de la II División del Ejército denunció la existencia
de un campamento de las Farc en Venezuela.
Por su parte, el presidente venezolano acusó a sectores de
la oposición de jugar "a la intervención"
de Venezuela por fuerzas extranjeras al inventar que el jefe de las
Farc, Manuel Marulanda (alias Tirofijo), estaba escondido en su país.
El Ejército de esa nación afirmó, en su momento,
que Venezuela mantenía un estado de alerta en la extensa frontera
con Colombia, que fue reforzada con 2.000 hombres y otros equipos
militares.
Mirando hacia atrás, se recuerda cómo en Venezuela la
crisis de la Acción Democrática y el Copei, los dos
partidos tradicionales, fue aprovechada por el coronel Hugo Chávez
para montar la denominada Revolución Bolivariana, que apoyan
muchos, pero que no ha materializado el sueño de resolver las
necesidades del pueblo, que cada vez ve con preocupación no
sólo el desmembramiento social, sino la pauperización
de su existencia, en medio de una fuerte división y polarización
de la opinión pública.
Chávez fue identificado, por algunos sectores locales e internacionales,
como un caudillo empeñado en la construcción de una
sociedad hegemónica y excluyente, que poco oye razones y que
más bien atiende pasiones sesgadas; como conductor de un régimen
que no respeta las libertades esenciales, como las de la prensa y
la libre expresión.
Se recuerda, por ejemplo, la huelga de 24 horas convocada por la Confederación
de Trabajadores de Venezuela (CTV), el pasado 9 de abril, cuando el
presidente Chávez, como reacción, monopolizó
la información de estaciones de radio y televisión privadas
con las cadenas nacionales.
El tire y afloje se mantuvo a lo largo del año. El pasado 10
de octubre, se le pidió al presidente Chávez convocar
a elecciones, con la amenaza de un paro nacional, lo que fue rechazado
por afines al gobierno.
Ramón Machuca, presidente de Sindicatos Libres de Venezuela,
aseguró, por ejemplo, que nosotros no somos aduladores
del Presidente, pero nuestra preocupación son los trabajadores
de Venezuela, que en este gobierno pueden tener una oportunidad de
ser tenidos en cuenta. Pero entre tanta amenaza de golpe, el Presidente
no puede legislar.
Y es que la oposición tuvo en la protesta en las calles la
mejor herramienta para desprestigiar al gobierno y presionar por decisiones
reales, en lo económico, en lo político y en lo social.
Al loco le falta poco, fue una frase que se escuchó
como un eco a lo largo de todas las manifestaciones. |
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