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Andrés Pastrana, balance
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La soberanía sobre el Caguán quedó firmada cuando el presidente Pastrana izó la bandera.Andrés Pastrana le apostó a la paz

Horas antes de que anunciara el rompimiento del proceso de negociación, el presidente Andrés Pastrana Arango recibió un detallado informe sobre los 117 ataques de las Farc desde la firma del cronograma, un mes antes.


Los cerca de 4.000 habitantes de la polvorienta Macarena se enteraron de que el proceso de negociación con las Farc se había terminado. La noche del 20 de febrero pasado vieron a decenas de guerrilleros apresurados montarse en varios camiones y huir por la única destapada y maltrecha vía que llega a este olvidado municipio, erigido como puerto del río Guayabero y conocido por la mayoría de los colombianos porque hizo parte de la zona de distensión.

La alocución presidencial, transmitida por los canales privados y públicos, se inició a las 9:00 de la noche; sin embargo, a las 10:00, cuando se apaga la planta de electricidad que alimenta a esta localidad, el entonces jefe de Estado, Andrés Pastrana Arango, apenas había expuesto los argumentos para decretar, minutos después, que Manuel Marulanda Vélez y sus compañeros de las Farc tenían sólo hasta las 12:00 de esa noche para abandonar lo que, hasta ese día, se conoció como el "despeje", antes de ponerse en marcha la Operación Tanatos.

"Creímos que, como siempre, iba a mostrar todo lo que había hecho el Gobierno, su voluntad de paz, en fin, toda esa carreta, para pedirles a las Farc que se volvieran serias y que mostraran su disposición con actos de paz", le dijo después un campesino a un periodista de la prensa nacional, al argumentar que "el final, el del rompimiento, nos tomó por sorpresa", aunque él y muchos habitantes de la zona de distensión sabían que, tarde o temprano, "esto iba a suceder".

Los actos de guerra lo demostraron. La confrontación militar se agudizó luego del 20 de enero, cuando Gobierno y Farc firmaron un cronograma para comprometerse a discutir la reducción en la intensidad del conflicto y una posible tregua que permitiera las elecciones presidenciales en paz.

Para ese 20 de febrero, luego de 117 ataques de la subversión, los detonantes fueron el secuestro del avión de Aires, del que las Farc sacaron por la fuerza al senador Jorge Eduardo Géchem Turbay, y la voladura de un puente entre San Rafael y San Carlos, tras la cual murieron cuatro personas que viajaban a bordo de una ambulancia.

“Hipocresía de la guerrilla”
Con pruebas y cifras en manos, de los ataques y la construcción de pistas y laboratorios para el procesamiento de alcaloides en los cinco municipios desmilitarizados, Pastrana Arango le dijo al país que se había cansado de la "hipocresía de la guerrilla", por considerar que "mientras habla de paz, por el otro lado pone fusiles en la cabeza de los inocentes".

El anuncio, aunque esperado, creó expectativas, pero sobre todo mucho temor: "tenemos que estar preparados porque es muy posible que se incrementen los actos de terrorismo".

El Mandatario prometió que las Fuerzas Armadas y de Policía entrarían a la zona con el mayor profesionalismo posible buscando evitar daños colaterales y con la misión de proteger a la población civil. En lo político anunció que "el libro de la paz" quedaba abierto y que, en ese campo, les había propinado el mayor golpe a las Farc, "porque logramos que la guerrilla perdiera el poco respaldo que había ganado".

Días antes, frente a la perspectiva de un recrudecimiento de la violencia por parte de la guerrilla, el entonces comandante general de las Fuerzas Militares, general Fernando Tapias, reconoció que "hay cosas que uno no puede impedir, como una bomba en un restaurante". Precisó, asimismo, que en el país había unos 2.000 puntos que, por sus características estratégicas, eran vulnerables y 20.000 torres de energía que podrían ser consideradas objetos de ataque.

Esa fue la preocupación nacional, pero la inquietud en la zona de distensión, y en especial en San Vicente del Caguán, se centró en la desprotección, porque las evidencias pasadas revelaron que las cosas andaban mal: desde enero, esa gente poco vio a los guerrilleros transitar por esas calles y, nunca, a los jefes de las Farc.

El único vestigio de que había negociación fueron las reuniones entre representantes del Gobierno y las Farc, aunque todas con un perfil diferente al que las caracterizó, perfil que acabó de extinguirse cuando ese 20 de febrero, a las 10:00 de la mañana, rumbo a la sede de los diálogos, el entonces comisionado de Paz del Gobierno, Camilo Gómez Alzate, recibió una llamada de la Casa de Nariño en la que le ordenaron devolverse ante el peligro de que la guerrilla estuviera detrás de la desaparición del avión de Aires, que cubría la ruta Florencia-Neiva-Bogotá.


   
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