Los
cerca de 4.000 habitantes de la polvorienta Macarena se enteraron
de que el proceso de negociación con las Farc se había
terminado. La noche del 20 de febrero pasado vieron a decenas de guerrilleros
apresurados montarse en varios camiones y huir por la única
destapada y maltrecha vía que llega a este olvidado municipio,
erigido como puerto del río Guayabero y conocido por la mayoría
de los colombianos porque hizo parte de la zona de distensión.
La alocución presidencial, transmitida por los canales privados
y públicos, se inició a las 9:00 de la noche; sin embargo,
a las 10:00, cuando se apaga la planta de electricidad que alimenta
a esta localidad, el entonces jefe de Estado, Andrés Pastrana
Arango, apenas había expuesto los argumentos para decretar,
minutos después, que Manuel Marulanda Vélez y sus compañeros
de las Farc tenían sólo hasta las 12:00 de esa noche
para abandonar lo que, hasta ese día, se conoció como
el "despeje", antes de ponerse en marcha la Operación
Tanatos.
"Creímos que, como siempre, iba a mostrar todo lo que
había hecho el Gobierno, su voluntad de paz, en fin, toda esa
carreta, para pedirles a las Farc que se volvieran serias y que mostraran
su disposición con actos de paz", le dijo después
un campesino a un periodista de la prensa nacional, al argumentar
que "el final, el del rompimiento, nos tomó por sorpresa",
aunque él y muchos habitantes de la zona de distensión
sabían que, tarde o temprano, "esto iba a suceder".
Los actos de guerra lo demostraron. La confrontación militar
se agudizó luego del 20 de enero, cuando Gobierno y Farc firmaron
un cronograma para comprometerse a discutir la reducción en
la intensidad del conflicto y una posible tregua que permitiera las
elecciones presidenciales en paz.
Para ese 20 de febrero, luego de 117 ataques de la subversión,
los detonantes fueron el secuestro del avión de Aires, del
que las Farc sacaron por la fuerza al senador Jorge Eduardo Géchem
Turbay, y la voladura de un puente entre San Rafael y San Carlos,
tras la cual murieron cuatro personas que viajaban a bordo de una
ambulancia.
Hipocresía de la guerrilla
Con pruebas y cifras en manos, de los ataques y la construcción
de pistas y laboratorios para el procesamiento de alcaloides en los
cinco municipios desmilitarizados, Pastrana Arango le dijo al país
que se había cansado de la "hipocresía de la guerrilla",
por considerar que "mientras habla de paz, por el otro lado pone
fusiles en la cabeza de los inocentes".
El anuncio, aunque esperado, creó expectativas, pero sobre
todo mucho temor: "tenemos que estar preparados porque es muy
posible que se incrementen los actos de terrorismo".
El Mandatario prometió que las Fuerzas Armadas y de Policía
entrarían a la zona con el mayor profesionalismo posible
buscando evitar daños colaterales y con la misión
de proteger a la población civil. En lo político anunció
que "el libro de la paz" quedaba abierto y que, en ese
campo, les había propinado el mayor golpe a las Farc, "porque
logramos que la guerrilla perdiera el poco respaldo que había
ganado".
Días antes, frente a la perspectiva de un recrudecimiento de
la violencia por parte de la guerrilla, el entonces comandante general
de las Fuerzas Militares, general Fernando Tapias, reconoció
que "hay cosas que uno no puede impedir, como una bomba en un
restaurante". Precisó, asimismo, que en el país
había unos 2.000 puntos que, por sus características
estratégicas, eran vulnerables y 20.000 torres de energía
que podrían ser consideradas objetos de ataque.
Esa fue la preocupación nacional, pero la inquietud en la zona
de distensión, y en especial en San Vicente del Caguán,
se centró en la desprotección, porque las evidencias
pasadas revelaron que las cosas andaban mal: desde enero, esa gente
poco vio a los guerrilleros transitar por esas calles y, nunca, a
los jefes de las Farc.
El único vestigio de que había negociación fueron
las reuniones entre representantes del Gobierno y las Farc, aunque
todas con un perfil diferente al que las caracterizó, perfil
que acabó de extinguirse cuando ese 20 de febrero, a las 10:00
de la mañana, rumbo a la sede de los diálogos, el entonces
comisionado de Paz del Gobierno, Camilo Gómez Alzate, recibió
una llamada de la Casa de Nariño en la que le ordenaron devolverse
ante el peligro de que la guerrilla estuviera detrás de la
desaparición del avión de Aires, que cubría la
ruta Florencia-Neiva-Bogotá. |