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Gabriel García Márquez
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Veinte años después de ganar el Nobel de Literatura,
el escritor de Aracataca, Gabriel García Márquez, publicó
el primer volumen de sus memorias, Vivir
para contarla, el 8 de octubre de 2002, en un acontecimiento
editorial que, en Colombia, fue calificado como la noticia cultural
del año. |
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Hubo
presentación simultánea, un día después
del lanzamiento en Bogotá, en México, Buenos Aires y
Barcelona, tres ciudades clave en la vida y obra del laureado autor
de Cien años de soledad.
García Márquez, nacido en 1927, con la misma prosa de
alucinación utilizada en sus novelas y relatos, escribió
sus memorias, cuyo primer tomo se prolonga hasta 1957, en un recorrido
por su vida familiar, estética, por sus primeras lecturas,
por el aprendizaje literario y periodístico, además
de evocaciones de acontecimientos clave en la historia nacional, como
la masacre de las bananeras y el Bogotazo.
El creador del mundo de maravilla que es Macondo, que en 1967 alcanzó
fama planetaria con la publicación en Buenos Aires de Cien
años de soledad, es, tal vez, el personaje más importante
en la historia de Colombia. Lo que sí es seguro es que es el
que más gloria y buena imagen internacional le ha dado a este
país de desmesuras.
Gabo, a sus 75 años, continúa activo en literatura y
periodismo, y parece no haber agotado su filón imaginativo,
tal como lo demuestra al haber anunciado este año la próxima
aparición de una novela y un libro de cuentos. Por lo demás,
sigue brindando sus aportes a las nuevas generaciones de reporteros
en sus talleres de la Fundación Nuevo Periodismo.
Vivir para contarla es una deliciosa excursión por los caminos
abruptos e inesperados de la vida del más grande escritor colombiano
de todos los tiempos y una convalidación de su escritura, siempre
audaz, siempre plena de atractivas sonoridades. Con su publicación
también se reactivó, en Colombia, el movimiento de las
librerías. No es corriente ver filas en ellas. Se presentaron
la noche del lanzamiento mundial de las memorias.
Ah, y como en Macondo estamos, resultó que los primeros 50
ejemplares vendidos de Vivir para contarla fueron los que se hurtaron
de un camión en el Alto de la Línea. En las calles de
Armenia, antes que en cualquier otra librería del mundo, los
ladrones los feriaron. Parece que ellos tuvieron, en esa
ocasión, una segunda oportunidad sobre la tierra. |
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