Una
firma estampada por el presidente de los Estados Unidos, George W.
Bush, la noche del 31 de octubre, les permitirá a Colombia,
Ecuador, Perú y Bolivia, alcanzar el sueño dorado de
todo exportador: vestir y calzar a los Estados Unidos, el Emperador
del consumo.
El Presidente Bush firmó la proclama que esperaban con particular
interés los industriales del país y en virtud de la
cual se hicieron efectivas, a partir del 1 de noviembre, las nuevas
preferencias arancelarias para más de 6.700 productos colombianos.
Conocida como el nuevo Atpa, esta Ley de Preferencias
Arancelarias Andinas y Erradicación de las Drogas permitirá
vender en los Estados Unidos, con cero aranceles, confecciones elaboradas
con telas nacionales o provenientes de la región andina o de
Estados Unidos; calzado, cuero y sus manufacturas; atún empacado
al vacío en material de aluminio; petróleo y sus derivados;
y relojes y sus partes.
Uno de los más claros beneficios que les traerá a las
empresas colombianas el ingreso al mercado norteamericano en estas
condiciones preferenciales será la creación de empleo,
pues en el solo sector textil-confecciones se podrán generar
168.000 puestos directos de trabajo para el 2006.
Tal como lo proyectaron la Cámara Textil-Confección
de la Andi y los cálculos de los propios industriales, por
cada 100 millones de dólares nuevos en exportaciones de esta
cadena, se podrán generar 22.300 empleos directos.
Con el nuevo Atpa se estima que en los próximos dos años
las exportaciones de la cadena textil-confección podrían
aumentarse en 350 millones de dólares, lo que se traducirá
en 78.100 nuevos puestos de trabajo. Y, para 2006, alcanzaría
los 1.000 millones de dólares, es decir, 168.000 obreros más
en plena producción.
En el caso del calzado y la marroquinería, de aquí al
2005 se habría creado ya un total de 10.000 empleos directos
y 30.000 indirectos, con unas exportaciones estimadas en más
de 150 millones de dólares por año, tope que había
alcanzado en 1995, su mejor época. Estas cifras, nada despreciables,
reflejan la oportunidad de recuperar el terreno perdido en los últimos
diez años en términos de dinámica, mercado y
crecimiento.
Por qué es tan importante
Hay tres factores vitales, que explican la importancia del Atpa:
Primero,
la tendencia negativa de nuestra balanza comercial textil-confecciones.
Las exportaciones colombianas del sector, que en 2001 fueron de 839
millones de dólares, vienen creciendo desde el 2000 pero hoy,
escasamente, Colombia vende 51 millones de dólares más
que en 1995. En cambio, en el 2001 se importaron 666 millones de dólares,
6.5 veces más que lo que se importaba en 1992 (187 millones
de dólares). Esta diferencia ha deteriorado la balanza comercial.
Segundo,
la peligrosa desaceleración de nuestros vecinos. En los últimos
diez años han pasado de comprarnos 114 millones de dólares
a comprarnos 296 millones de dólares , es decir, un 159 por
ciento más y representan un 37 por ciento del total de nuestras
ventas de textiles y confecciones al exterior. Pero, dadas las circunstancias,
es imposible pensar que ese mercado siga dinámico y más
bien, al contrario, debe registrar una fuerte caída este año.
Por ello necesitamos un mercado que llene el vacío que van
a generar estas naciones, especialmente Venezuela.
Y,
tercero, el tamaño y la importancia del mercado de los
Estados Unidos. Es el más grande del mundo. Se estima que vale
más de 76.000 millones de dólares y el 89 por ciento
de su componente es importado. Pero no es sólo esto. El Atpa
también constituye el primer paso, en firme, hacia la Zona
de Libre Comercio de las Américas (Alca), que desde Canadá
hasta la Patagonia deberá entrar en vigencia hacia el 2005.
Con razón dicen los industriales que quien haga bien
la tarea del Atpa, aprovechando la plenitud de sus beneficios, habrá
ganado la carrera a sus competidores para llegar, robustecido, al
Alca. |