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La Organización Mundial de la Salud lanzó la alerta
mundial: sugirió evitar los viajes a Beijing, a Hong Kong
y a determinadas provincias. Hacer algo así de cara al
país más poblado del mundo (China) y que la advertencia
fuera lanzada por la autoridad más reputada del mundo en
materia de salud, era para preocuparse.
Primero, la OMS emitió una alerta mundial, tras la propagación
del padecimiento en varios hospitales en Hong Kong y Hanoi. Luego
declaró la enfermedad como una amenaza mundial a la salud.
El nombre del mal, neumonía atípica, explicaba un
poco el desconcierto de los científicos frente a un virus
que se manifestaba con tos persistente, fiebre y dolores de cabeza.
Luego recibió el nombre de Síndrome Respiratorio
Agudo Severo (SARS) y los aeropuertos del mundo se llenaron de
carteles de prevención, las economías de Singapur
y Hong Kong se vieron afectadas por la disminución de turistas
y los ejecutivos prefirieron cerrar negocios vía teleconferencia
antes que desplazarse a estos países. En China fue cancelado
un torneo mundial de hockey. El temor era mundial. El número
de infectados llegaba a 8.000 y el de muertos era de 812.
Los pasos para descifrar el origen del virus eran paulatinos y
certeros. Se supo que únicamente se transmitía a
través del contacto humano, por lo que aconsejó
no tocarse la cara tras dar la mano a un desconocido y ventilar
los lugares cerrados donde alguien tose con frecuencia, pues se
transmite por el contacto directo a través de “droplets”
(las gotitas que se expulsan al estornudar o toser).
La ciencia se obstinó en vencer el mal y lo identificó
como un coronavirus, hasta entonces desconocido. Los coronavirus
son la principal causa de los catarros en los humanos. Las noticias
mejoraron el 5 de julio, cuando la directora general de la OMS,
Gro Harlem Brundtland, anunció que el brote de neumonía
atípica fue controlado.
No obstante, advirtió que “el mundo aún no
está libre del SARS, y no se puede bajar la guardia”.
El temor de vivir pestes como la gripa española, que acabó
con la vida de más de 40 millones de personas en todo el
mundo entre 1918 y 1919 o la gripa asiática, que acabó
en 1957 con la vida de un millón de personas se disipó.
Los estornudos que atemorizaron al mundo terminaron... por el
momento.
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