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ABRIL | INTERNACIONAL
Neumonía: ¡qué estornudo!

Un mal que se parecía a la influenza pero que resultaba mortal en su etapa inicial, tuvo en vilo varios meses a las autoridades médicas.


La Organización Mundial de la Salud lanzó la alerta mundial: sugirió evitar los viajes a Beijing, a Hong Kong y a determinadas provincias. Hacer algo así de cara al país más poblado del mundo (China) y que la advertencia fuera lanzada por la autoridad más reputada del mundo en materia de salud, era para preocuparse.

Primero, la OMS emitió una alerta mundial, tras la propagación del padecimiento en varios hospitales en Hong Kong y Hanoi. Luego declaró la enfermedad como una amenaza mundial a la salud. El nombre del mal, neumonía atípica, explicaba un poco el desconcierto de los científicos frente a un virus que se manifestaba con tos persistente, fiebre y dolores de cabeza.

Luego recibió el nombre de Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y los aeropuertos del mundo se llenaron de carteles de prevención, las economías de Singapur y Hong Kong se vieron afectadas por la disminución de turistas y los ejecutivos prefirieron cerrar negocios vía teleconferencia antes que desplazarse a estos países. En China fue cancelado un torneo mundial de hockey. El temor era mundial. El número de infectados llegaba a 8.000 y el de muertos era de 812.

Los pasos para descifrar el origen del virus eran paulatinos y certeros. Se supo que únicamente se transmitía a través del contacto humano, por lo que aconsejó no tocarse la cara tras dar la mano a un desconocido y ventilar los lugares cerrados donde alguien tose con frecuencia, pues se transmite por el contacto directo a través de “droplets” (las gotitas que se expulsan al estornudar o toser).

La ciencia se obstinó en vencer el mal y lo identificó como un coronavirus, hasta entonces desconocido. Los coronavirus son la principal causa de los catarros en los humanos. Las noticias mejoraron el 5 de julio, cuando la directora general de la OMS, Gro Harlem Brundtland, anunció que el brote de neumonía atípica fue controlado.

No obstante, advirtió que “el mundo aún no está libre del SARS, y no se puede bajar la guardia”. El temor de vivir pestes como la gripa española, que acabó con la vida de más de 40 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919 o la gripa asiática, que acabó en 1957 con la vida de un millón de personas se disipó. Los estornudos que atemorizaron al mundo terminaron... por el momento.

   

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