Fue el primer día de febrero
cuando el cielo se iluminó con el estallido del transbordador
espacial Columbia.
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Las imágenes se vieron con horror en las pantallas de la
televisión internacional. El presidente de Estados Unidos
George W. Bush aseguró que era “una noticia terrible”,
un gran pesar para su país.
El transbordador espacial Columbia acababa de desintegrarse en llamas
cuando se dirigía al Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral,
en La Florida. Eran las nueve de la mañana del sábado
primero de febrero.
La nave estaba a unos 60.000 metros de altura en el cielo del estado
de Texas y a 16 minutos antes de concluir la misión que se
había iniciado el 16 de enero de este año. Murieron
los siete tripulantes que fueron declarados héroes: los estadounidenses
Rick Husband, William McCool, Michael Anderson, David Brown y Laurel
Clark; la hindú Kalpana Chawla y el israelí Ilan Ramon,
que en el momento del accidente viajaban a una velocidad de 20.112
kilómetros por hora.
Este nuevo desastre en la carrera espacial de la Nasa marcará
la historia de la conquista del espacio, así se reconoció
en aquel momento de intensa conmoción, luego de que el mundo
viera la estela dejada por la nave, la bola incandescente que cayó
a la tierra hecha pedazos, que aún hoy son motivo de investigación,
aunque desde un principio se descartó que fuera un atentado,
según advirtió el director de la Nasa, Sean O´Keefe.
“La humanidad se dirige a la oscuridad más allá
de nuestro mundo por la inspiración del descubrimiento y
el deseo de entender. Nuestro viaje por el espacio continuará”,
dijo el Presidente de Estados Unidos, al tiempo que aseguró
que los tripulantes conocían los peligros a los cuales se
enfrentaban y los afrontaron”. Esta era la misión número
28 del transbordador espacial Columbia, una máquina hecha
para soportar unos cien viajes.
Los estudios
Los tripulantes desarrollaron en órbita 80 experimentos
y para lograrlo contaron con un laboratorio espacial que ya había
sido usado en otra misión del programa de transbordadores,
en 1999, y que debió ser actualizado, para este nuevo viaje,
en algunos de sus componentes. Los astronautas se dividieron en
dos equipos para trabajar día y noche durante los 16 días
de la misión, tiempo en el cual adelantaron experimentos
propuestos por equipos de científicos y de estudiantes
universitarios de todo el mundo, seleccionados por la Nasa.
Viajaron con langostas, hormigas, arañas, gusanos, abejas,
ratas y peces y estudiaron en ellos el funcionamiento arterial
en condiciones de microgravedad, el riesgo de cálculos
renales, regulación de proteínas en vuelos espaciales
y cambios en el sistema inmunológico. Otros experimentos
se refirieron a los efectos biomédicos de la microgravedad
sobre el organismo humano, al crecimiento de los cristales de
proteínas y a la observación de fenómenos
meteorológicos. Y los tripulantes actuaron como conejillos
de indias: todos tomaron dosis de calcio en forma de marcadores
biológicos para estudiar cómo se dispersa en el
cuerpo y dónde se queda.
Aunque ellos lograron enviar parte de la información, se
perdió un valioso material, pues las conclusiones de gran
parte de los trabajos se recogerían en tierra. Se cree
que este accidente afectará muchísimo los proyectos
liderados por la Nasa, pues no habrá vuelos de transbordadores
en un año o más.
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