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MARZO | INTERNACIONAL
Y cayó Sadam Hussein

En un país en el que se rendía culto a la personalidad de Sadam Hussein, las miles de personas que osaron criticarlo en 33 años en los que estuvo en el poder, pagaron ese enfrentamiento con sus vidas.


Las fuerzas británico-estadounidenses ganaron la guerra en Irak en cuatro semanas, rompiendo las previsiones de los analistas y de los propios países ocupantes de una confrontación larga y sangrienta.
Las primeras bombas contra Bagdad cayeron en la madrugada del 20 de marzo (noche del 19 en Colombia) tras un ultimátum de George W. Bush de 48 horas al líder iraquí Sadam Hussein y a su familia.

Los bombardeos tuvieron un fin simbólico un miércoles 9 de abril con el derribamiento de la estatua de Sadam Hussein en pleno centro de Bagdad, cuando las tropas ya controlaban gran parte de la capital.
Tras centenares de víctimas civiles, las operaciones no dejaron al descubierto el principal objetivo por los que la coalición argumentó la ofensiva: las supuestas armas de exterminio masivo. Y la suerte de Hussein se convirtió en un completo misterio.

En el plano militar, Irak fue el típico perro que ladró pero no mordió. Si bien en los primeros días hubo fuerte resistencia en las ciudades del sur, roto ese muro, el avance de la coalición resultó incontenible.
En cuestión de días, el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, y el comandante de las tropas, el general Tomy Franks, pasaron de ser villanos a héroes. Finalizada la guerra, tanto George W. Bush como el primer ministro británico, Tony Blair, salieron posicionados políticamente entre sus ciudadanos, pero se fue desvaneciendo. Aquellos adversarios de la guerra como Francia, Alemania y Rusia, adoptaron una actitud pragmática de cooperación en un Irak post-Hussein.

En su presencia en Irak, las tropas de la coalición se han preocupado por borrar toda huella del derrocado gobierno de Sadam Hussein.
Pero parece que consolidar la paz, le tomará a la coalición mucho más tiempo de lo realmente presupuestado, pues una vez caído el régimen se evidenció la pugna por el poder entre los diferentes grupos que representaban la oposición.

Los ataques contra las tropas de la coalición y los asesinatos de solados, especialmente de E.U., se dan sucesivamente. Si bien E.U. designó como administrador de Irak a Paul Bremer y posteriormente fue constituido un consejo de gobierno con representación de los diferentes movimientos políticas y religiosos, las condiciones de gobernabilidad no son las mejores.

Y otro factor de tensión para los gobiernos de George W. Bush y Tony Blair corren por cuenta del tema de las armas de exterminio masivo.

Al visitar a África en julio, Bush debió admitir las falsas afirmaciones suyas de enero, en las cuales dijo que el régimen de Hussein habría buscado uranio en Níger. Los datos fueron desmentidos y se le atribuyeron a informes si nfundamento de la Agencia Central de Inteligencia de E.U. (CIA). Su director, George Tenet, asumió toda la responsabilidad.

Pese al debate que aún no termina y a que Bush insiste en que la operación militar era necesaria, una pregunta sale a flote tras esta guerra en la que E.U. consolida su papel como potencia dominante en el mundo: ¿quién será el próximo en la lista?
   

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