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LOS PERSONAJES DEL MUNDO
Así los ven los colombianos

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En un continente cada vez más conectado, los actos de sus gobernantes generan opiniones a uno y otro lado de las fronteras. Colombia no es la excepción.


Luiz Inácio Lula Hugo Chávez Fidel Castro Lucio Gutiérrez

Cada vez más, los nombres de los mandatarios de los países americanos aparecen asociados a la cotidianidad del pueblo colombiano. Hoy, sin duda, un creciente número de ciudadanos está en capacidad de criticar o avalar su gestión.

El caso de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, es el más diciente. Podría decirse que la imagen de Chávez se ve fuertemente afectada por su actitud frente al conflicto colombiano. En muchas esferas se le critica por sus supuestos vínculos con las Farc y el Eln. En varias ocasiones, las relaciones bilaterales se han visto enturbiadas por palabras de diplomáticos venezolanos, consideradas por sus homólogos de Colombia como desobligantes, especialmente sobre el tema fronterizo y las actividades de los grupos al margen de la ley en la zona. La situación se ha tornado recurrente, hasta el punto de que el presidente Álvaro Uribe ha tenido que reunirse con Hugo Chávez de urgencia para limar ciertas asperezas y reafirmar los lazos de hermandad entre los países.

Cuando Chávez llegó al poder en 1999 juró hacer una revolución, inspirada en el pensamiento bolivariano, contra el neoliberalismo. Hoy la estabilidad política de Venezuela pende de un hilo, es frágil y se caldea fácilmente. La oposición ha sido fuerte y sistemática atacando las medidas de Chávez como la Ley de Tierras, una especie de reforma agraria. En abril de 2001 el mundo presenció por televisión la inestabilidad política venezolana. Chávez fue desalojado del palacio de Miraflores. Pero volvió, con el apoyo de militares fieles y sus Círculos Bolivarianos, una versión de los Comités de Defensa de la Revolución de Cuba.

George W. Bush tampoco sale bien librado con los colombianos. Su imagen oscila entre lo favorable y lo desfavorable. El hecho de que sea el presidente del país más poderoso del mundo lo aleja de los afectos de los colombianos, a pesar de que el gobierno de Álvaro Uribe se ha portado como un escudero aliado, tanto así, que de Washington salió la expresión de que “Uribe es el Tony Blair latinoamericano”, dicen algunos analistas.

Colombia ha hecho la tarea de preparación para el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), a su vez, trata de gestionar, como ya lo hizo Chile y como lo adelantan los países centroamericanos, un acuerdo bilateral de comercio. Sin embargo, el garrote aparece por algún lado. En junio, la Casa Blanca anunció la congelación de una parte de los dineros previstos para ayuda militar, con la posibilidad de que se pongan en riesgo los recursos para 2004. Esto fue motivado por la negativa de firmar una acuerdo bilateral que impediría juzgar a ciudadanos norteamericanos ante la Corte Penal Internacional.
La imagen de Fidel Castro tampoco gusta mucho.

A pesar de que muchos ven aún el régimen cubano con la óptica romántica de la Revolución y le achacan todos los males de la isla al embargo estadounidense, lo cierto es que la crítica, encabezada por los disidentes, acusa a Castro de ser anacrónico y violador de los Derechos Humanos. En marzo pasado, la disidencia interna sufrió un fuerte golpe con el encarcelamiento masivo de sus militantes y, en abril Castro ordenó la ejecución de tres secuestradores de una lancha de pasajeros. Las protestas internacionales le llovieron como dardos.

Los casos de Lucio Gutiérrez, en Ecuador, y Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil, muestran una tendencia diferente. Para los colombianos, la imagen de ambos marca tendencia positiva, sobretodo en el caso Lula.

Lucio Gutiérrez desde que subió al poder trata de recuperar el crecimiento económico de Ecuador. Las relaciones con Colombia se han mantenido en buenos términos, aunque, en constantes ocasiones, el país vecino ha manifestado su preocupación por las incursiones guerrilleras en su territorio. Lula tiene una buena imagen en gran medida motivada por su extracción popular.

El ex empleado metalúrgico de izquierda asumió grandes retos para reactivar la economía más grande del continente. Lula significó con su llegada al poder, la esperanza para muchos trabajadores y sectores populares, a su vez, hubo temor por su discurso de campaña proteccionista, pero su posición ha cambiado y ahora se muestra un poco más flexible, lo que le ha significado un respiro para numerosos sectores políticos.
   

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