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Se
volvieron a vivir jornadas de terror
La rutina de un día normal se interrumpió el 7 de julio, en Londres, con el estruendo de tres explosiones simultáneas que impactaron la red de trenes y buses de la ciudad británica. El terrorismo global apareció de nuevo con la rigurosa sentencia de que no existe hora ni día para realizar un ataque que pretende colapsar el corazón de un país y cambiar la vida de sus habitantes, para siempre. En Londres se escuchó el eco de los atentados perpetrados en Madrid (11-M de 2004) y Estados Unidos (11-S de 2001), y se registró con fotografías y pancartas, en los muros, la incertidumbre de no saber si un familiar que cubría la ruta estaba entre las 52 víctimas y más de 700 heridos que dejó el hecho. El crimen organizado de Al Qaeda volvió a concentrar la atención del mundo y confirmó, con sucesos posteriores en Sharm El Sheij, zona turística de Egipto, el 23 de julio, y en Amán, capital de Jordania, el 9 de noviembre, que el terrorismo está vivo y que es la estrategia de guerra del Siglo XXI.
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