El llanto profundo de Irak

AP - Una de las dos hijas de Jalil Shaalan, un guardia de seguridad de una escuela local, llora a su padre luego de que desconocidos le dispararan frente a sus ojos, en Amarayah, distrito de Bagdad.

Este año la muerte en Irak no parpadeó, estalló casi a diario en una esquina diferente e ignoró el dolor de un pueblo que ha enterrado más de 27.000 civiles desde 2003, cuando Estados Unidos llegó al país e inició la guerra.

Las balas saltaron de todos lados y caminar por las calles de Bagdad o Faluya fue en 2005 como andar en una cuerda floja.

La paranoia fue tan alta, que el rumor de una bomba en medio de una masiva peregrinación de chiítas a Kadhimiya, el 31 de agosto, terminó en una estampida que, de tajo, dejó 1.030 muertos.

A pesar de esta situación y de que el presidente de E.U., George W. Bush, reconoció a principios del año que la información sobre armas de destrucción masiva, que motivó el arribo de tropas estadounidenses a Irak, fue inexacta, el ejército de ese país parece no tener una fecha de retiro, por lo que los rebeldes iraquíes advirtieron que los ataques en el país no cesarán.

El reto que dice tener E.U., de consolidar una democracia en un país que volvió a las urnas el 30 de enero, tras 20 años de no hacerlo, parece lejana y, mientras esto no se logre, la ocupación de Irak seguirá teniendo justificación para el país norteamericano.

El año terminó para los iraquíes con la apertura de un juicio por delitos de lesa humanidad contra el ex dictador Sadam Husein. Sin embargo, lo que más espera este pueblo es que la justicia habite las calles de Irak.

   




             
     
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