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| No hay datos definitivos de cuántas
personas pueden estar enterradas en fosas comunes. Mucho menos
de cuántas han terminado en los cauces de los ríos
de Colombia. |
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| Manuel Saldarriaga, enviado especial, La Gabarra,
Norte de Santander | Recuperar restos de fosas o ríos
no es un objetivo en sí, porque falta el proceso de
identificación. Hallar, guardar y no poder identificar
restos implica que la cifra de NN aumentará y eso,
para un investigador forense, es un fracaso judicial, porque
no se sabe quién fue, qué ocurrió y quién
lo hizo. |
La ciencia tras las huellas
Expertos forenses explican que sí es posible hallar restos
humanos en los ríos.
Con el paso
del tiempo la búsqueda, más difícil que la
de fosas, tiende a complicarse.
Por
Glemis
Mogollón Vergara
Cuenta un ex alcalde del norte del Valle que una vez, cuando
supo que un pescador del río Cauca había encontrado
y amarrado un cadáver a su canoa, envió al inspector
de policía a realizar el levantamiento. "Él
sí fue, pero no hizo la diligencia, sino que cortó
la cuerda para que el muerto siguiera río abajo".
Han pasado varios años y el ex alcalde aún se pregunta
quién sería aquel que tuvo una oportunidad para
ser identificado y sepultado y que por la decisión de un
inspector continuó en la corriente. "Jamás
se sabrá lo que le pasó", se lamenta.
El ex funcionario no es el único que está convencido
de que un cadáver en el río es un rastro que se
pierde.
Así también lo creen los integrantes de grupos
armados que usaron y siguen usando esa práctica, convencidos
de que hacer una fosa en tierra es dejar huella del delito y echar
cadáveres al río es el triunfo de la impunidad.
Y así parecen creerlo algunos funcionarios -como el del
norte del Valle- a los que les compete, por ley, el rescate de
cadáveres y restos humanos, pero prefieren dejarlos pasar
o, incluso, empujarlos cuando se acercan a las orillas de sus
pueblos.
"A las autoridades no les gusta que les achaquen muertos
que lleguen de otros lados porque eso aumenta las cifras de homicidios",
reconoce un funcionario de un pueblo a orillas del río
Cauca, que sabe que el hecho es común, a pesar de ser un
delito.
Pero ninguno de ellos debe estar tranquilo. Expertos forenses
están convencidos de lo contrario.
No es imposible
"La búsqueda de cadáveres y restos humanos
en ríos sí es posible. Es una labor difícil
y que tiende a complicarse con el paso del tiempo, pero no puede
afirmarse como conclusión que no se puedan realizar búsquedas
en ríos", aseguran varios profesionales a EL COLOMBIANO,
basados en metodologías aceptadas por la comunidad forense
internacional y en experiencias exitosas de búsquedas fluviales
en otras partes del mundo.
Hay diferentes factores que pueden ayudar a a "determinar
el transporte fluvial de los restos, particularmente los cráneos,
pelvis y huesos largos, que son los restos humanos más
posibles de encontrar", comentan los forenses, que piden
reserva de la fuente.
Según ellos, cualquier plan de búsqueda en ríos
debe comenzar por hacer una reconstrucción histórica
de variables como el caudal o las lluvias, para tratar de establecer
hipótesis de dónde pueden encontrarse estos restos
y proceder a labores de arqueología subacuática.
"Dicha reconstrucción se puede hacer a partir de
simulaciones hidrológicas computarizadas, que se deben
realizar antes de salir a trabajo de campo", advierten las
fuentes. Precisan que la búsqueda puede ser lenta y costosa,
pero no imposible.
Si los restos humanos son encontrados en algún punto del
río, las autoridades pueden hacer relaciones entre el estado
de descomposición en que los restos son encontrados y el
tiempo desde que la víctima fue asesinada.
"Así se pueden construir hipótesis sobre la
distancia recorrida por el cuerpo en el período estimado"
y tener información del punto inicial de depósito
de los restos.
Con estos datos, se pueden formular hipótesis sobre la
posible autoría de grupos armados ubicados en zonas específicas
o reportes de masacres o desapariciones.
Los forenses también piden tener en cuenta que en varias
zonas del país existen lugares a lo largo de algunos ríos
donde se acumulan restos humanos (como Puerto Berrío, en
Antioquia, o Marsella, en Risaralda) que son rescatados por los
habitantes de las poblaciones y sepultados como NN.
Río Verde, río de muerte
Entre las experiencias exitosas en búsqueda de cadáveres
en río está la de la masacre del río Verde,
en Estados Unidos.
Desde 1982 y hasta 2001, Gary Leon Ridgway, pintor en una fábrica
de camiones, empezó a asesinar en serie a 49 mujeres en
Washington y Oregon.
La mayoría de los homicidios se cometió entre el
verano de 1982 y marzo de 1984, cuando se identificaron 42 cadáveres.
Sus víctimas favoritas fueron prostitutas jóvenes,
a las que torturó y violó en repetidas ocasiones.
Después de los crímenes, Ridgway depositaba los
cadáveres en las riberas del río Verde o en su cauce.
Los restos comenzaron a ser recuperados cinco años después
del primer asesinato atribuible a Ridgway.
Aunque varias veces fue interrogado por la Policía, solo
al comparar el ADN de una muestra de su saliva, tomada en 1987,
con el del esperma hallado en las tres primeras víctimas,
se pudo establecer su responsabilidad.
En 2003 se salvó de recibir la pena de muerte porque ofreció
revelar dónde estaban las víctimas que no habían
sido halladas aún.
Qué se debe considerar
al buscar cadáveres y restos en ríos
Según científicos expertos, el río tiene
tres niveles de impacto en la búsqueda de cadáveres
y restos:
El físico,
que se refiere al transporte de los restos a lo largo del cauce,
debido a que se trata de cuerpos sólidos.
El bioquímico,
que corresponde al proceso natural de descomposición y
desarticulación (conocida también como tafonomía).
El biológico,
que es el deterioro de los restos al ser consumidos por animales
carroñeros.
Independiente
de la descomposición de restos, el punto de partida para
cualquier búsqueda en río es calcular el transporte.
Esto consiste en determinar el momento y sitio de depósito
de los restos y cuál ha sido la distancia recorrida en
el intervalo de tiempo desde que fueron arrojados.
Para establecer esta distancia,
se deben tener en cuenta:
El caudal
del río, o sea el volumen de agua que transcurre por un
determinado lugar en un lapso determinado.
La profundidad
o la distancia entre la superficie y el lecho del río,
y las diferencias en caudal que se manejan a distintas profundidades.
Los niveles
de precipitación causados por el invierno durante el intervalo
desde el depósito, que afecta el caudal y la profundidad
del río.
La sedimentación
y forma del cauce, que permiten determinar puntos de anegamiento
o atascamiento de cuerpos o restos óseos.
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