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Inicio serie Atrato al desnudo
Los niños de la selva
Niños embera desplazados del Atrato Medio requieren protección.
En los albergues sufren enfermedades gastrointestinales y necesitan
alimento.
Ellos y sus comunidades reclaman respeto de actores armados.
Última entrega de la serie: Atrato al Desnudo. La gente
espera a su Estado.
Por
Carlos Alberto Giraldo M.
Enviado especial, Río Opogadó

Los niños embera desplazados
del río Opogadó desde el 20 de marzo. Las niñas
ayudan a sacar las esteras y una vieja escopeta de cacería.
Manuel Saldarriaga, enviado especial, río Opogadó |
Un bote con cinco paramilitares a bordo cruza en medio de la
veintena de canoas de los indígenas, la mayoría
jalada río abajo por la suave corriente y por palos de
tres metros de largo, que sirven de palancas clavados en los bancos
de arena.
Un nativo comenta al oído: "ahí va un guerrillero
que llaman Justito. Se entregó y véalo donde está".
Es un moreno fornido, de unos 40 años, viste camisilla
azul y maneja el motor fuera de borda de la nave de "los
paras".
Los niños, que viajan en las barcas más livianas
y estrechas, aguardan instrucciones de los mayores, en lengua
nativa.
La gente calla y baja el ritmo del viaje. Los combatientes siguen
su camino sin decir nada.
Los niños partieron en la mañana con la caravana
de indígenas embera desplazados, pero para ellos dejar
su territorio se convierte en un juego, en una aventura por el
río.
Bill Clinton Bailarín viaja acostado, con su hermano César,
sobre morrales, ollas y tanques de gasolina, al centro del bote
que guía Bernelio, el líder de la comunidad Egorókera.
Adelante, de "puntero", como llaman en el Atrato al
navegante que tira de la canoa con la palanca de madera para esquivar
los troncos y la arena, va un indígena al que los embera
llaman George Bush.
Falta una hora para llegar al sitio Bocas de Opogadó,
donde finalmente los nativos improvisarán albergues mientras
dure su destierro. Bush, jadeante, reconoce que está fundido.
Apenas acaba el verano y las aguas están muy bajas: los
pasajeros que van en la canoa han descendido cuarenta veces para
aligerarlo y desvararlo.
Asaltados por la guerra y sus atropellos, en el Atrato, Bill
Clinton y César, aún tan niños, siguen el
ejemplo de su dios Karagabí, según reza en el colegio
indígena de Vigía del Fuerte donde Óscar,
su padre, se forma como líder:
"Karagabí le aconsejó que no podía
creerse el más importante en la comunidad ni ser problemático.
Por el contrario, ser sincero, formal y respetuoso". Los
niños también empujan, mientras dejan atrás
su hogar.
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