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Inicio serie Valle: paso a paso
Febrero
22 de 2004
Norte del Valle vive la mala hora
Municipios de la región, piden no ser señalados
por guerra entre
narcos.
Tierra
fértil pero también de muertes: 21 en enero de 2004,
8
en 2003.
El cauca
sigue arrastrando cuerpos. Ocampo Fomeque, posible víctima.
Primera
entrega de serie de informes sobre el Norte del Valle
y Cali.
Por María
Cristina Rivera Ochoa
Enviada especial, Norte del Valle

Roldanillo es un pueblo de
arte por lo que no se resigna a ser tachado por la violencia.
Los pasajes viales con pinturas de niños de la región
adornan la entrada al municipio desde La Unión. A la
salida hacia Zarzal, las obras del maestro Ómar Rayo
decoran las carreteras y contrastan con los frutales y la
caña. Roldanillo y el Valle son mucho más que
narcotráfico.
Foto: José Luis Guzmán, Roldanillo- Valle. El
País. |
Un día de finales 2003 en que el parque de Zarzal fue
cubierto por un manto de papeles con la foto del narcotraficante
Diego Montoya acompañada de un "se busca", nadie
dijo nada en público. La gente miró y siguió
de largo. Ningún ciudadano se atrevió siquiera a
recogerlos, por temor a calentarse. Pero en menos
de una hora, "no hay explicación", el pueblo
estuvo otra vez limpio, como si nada hubiese pasado.
La segunda semana de diciembre de 2003, cuando bajo las puertas
del municipio de 46.000 habitantes se deslizaron panfletos amenazantes:
"los niños buenos se acuestan temprano, a los otros
los acostamos nosotros", el rumor rodó. Al paso de
cada boca creció el temor.
Hay quienes aseguran que los panfletos cayeron de una avioneta
que no hizo ruido. Juran que la vieron pasar sobre esas tierras
fértiles sembradas de caña, papaya, maracuyá,
tomate y uvas, donde el río Cauca empuja sus aguas rumbo
a Risaralda.
Hay otros que dicen que el único avión que pasó
fue el del Ejército. Que repartió los boletines
donde se ofrecía la recompensa por Diego Montoya, Don Diego,
uno de los miembros del cartel del Norte del Valle que empezó
una guerra a muerte contra el clan de Wílmer Varela, alias
Jabón, ex socio de los hermanos Orlando y Arcángel
de Jesús Henao.
Desde entonces, algunos municipios del Norte del Valle son ciudades
sitiadas por el pánico a la confrontación interna
del cartel, por el "mal del mudo", por el "si te
ví no me acuerdo" y por el estigma.
Montoya y Varela, pasaron de antiguos socios a ser enemigos en
un juego sangriento en el que no sólo se matan entre ellos.
La pelea toca a los pobladores de algunos municipios del Norte
del Valle, donde la guerra se extendió: La Victoria, La
Unión, Roldanillo y Zarzal.
Cuatro localidades que se pavonean entre los terrenos planos en
los que se aprecia el verde en todas sus tonalidades. Que cuentan
historias de agronomía, sistemas de riego, museos y hombres
célebres, norteños de nombre.
Municipios que sufren con su actual imagen y que se silencian
ante la pregunta: ¿cómo está la situación
en el pueblo?
La victoria
"La situación por aquí es que yo he estado
cuatro meses enfermo. Fui bautizado en La Victoria y eso lo que
se ve ahora es gente vagando como un berraco, usted sabe que el
café se acabó. ¿Tranquilo? Qué va
a estar uno tranquilo, bien enfermo y sin ninguna moneda. ¿Matar?
Eso matan en todas partes, acá siempre han matado".
Rodrigo* es un viejo de 75 años, con el cuero arrugado
pegado al hueso "de tanto sufrir en la vida y sin trabajo".
El sombrero de paja lo protege del sol indolente que a diario
calienta esta zona del país, a casi tres horas de Cali.
Más de 28 grados centígrados a palo seco, una temperatura
para salir por la sombra.
La información oficial es que, por el contrario, en el
tema del orden público el pueblo no está caliente.
"La calma es total, no es tensa. La zona está estigmatizada
pero es que el Norte del Valle son 16 municipios. El orden público
está bueno, créame que no he tenido problemas en
absoluto. Yo respondo por mi municipio y sus 18.000 habitantes.
Es más, salgo solo, sin escoltas". José Urbey
Lasprilla, alcalde de La Victoria, reconoce que también
al municipio, en el que mandará hasta noviembre, llegaron
los panfletos. Pero eso ahora no preocupa.
"La gente exagera. De esos comerciantes de los que usted
me habla no se ven aquí, la gente trabaja en Grajales.
Dígame, ¿si esto fuera peligroso un alcalde andaría
solo?".
Para algunos pobladores la situación no es ni "tan
tan" como dice el Alcalde ni tampoco como parece al mencionar
los nombres de Don Diego y Jabón.
Las palabras que definen el ambiente de silencio por el que apostaron
en el pueblo al vetar el tema del cartel y su matazón interna,
es calma aparente.
"Estamos afectados por lo que está pasando en otros
municipios vecinos. Acá también hay muertes violentas
pero en menor proporción. La gente está asombrada
por lo que ha sucedido", asegura un morador de una zona en
la que para hablar del tema casi nadie tiene nombre.
Antes del medio día de un miércoles el pueblo está
quieto. Unos pocos ancianos ven el sol moverse sentados en el
parque. "Aquí hay muy mala seguridad, no ve que están
matando a toda la gente que trae plata de Estados Unidos y además
hay un grupo que quiere acabar con los muchachos jóvenes
de este municipio", cuenta Ernesto* un habitante al que le
tocó la bonanza cafetera y que ahora presencia el recrudecimiento
de la violencia por parte de las empresas de la coca.
Las versiones se contradicen. Eso es lo único claro en
un recorrido que continuó hacia el occidente hasta llegar
al municipio de La Unión, un pueblo de viñedos,
donde está la sede de Casa Grajales y donde la situación
le ha jugado al turismo una mala pasada.

La Unión | Foto: José
Luis Guzmán, Roldanillo- Valle. El País. |
La Unión
La tierra del pandeyuca y el vino. De los balnearios, el turismo
y, hoy, de la mala hora. "En este momento hay mucha violencia.
A uno le da miedo ir a las discotecas, como esto está amenazado.
Aunque ahora últimamente no ha pasado nada malo".
Nelson*, un frutero que aprovecha las riquezas de su tierra para
vivir, reconoce que el miedo llegó en la época de
los panfletos.
"Hace ocho días hubo por allá un enfrentamiento
entre esa gente. Tres muertos, fue un sabanazo". Además,
reconoce que como en las peores épocas de acción
de los carteles de la droga de los noventa, la muerte baja desmembrada
por el río Cauca.
El 9 de enero fue encontrado en La Virginia, Risaralda, el cuerpo
de Heibert Alfonso Prado, de 35 años. El río se
encargó de llevarlo hasta la zona. El hombre fue sacado
de una casa de La Unión cuatro días antes.
El río volvió a traer consigo la muerte el miércoles
11 de febrero. En el municipio de Riofrío, más al
sur, pescadores encontraron el cuerpo de un hombre descuartizado:
primero la cabeza con melena, después los brazos.
Una de las versiones es que se trataba de Luis Alfonso Ocampo
Fomeque, hermano medio de Víctor Hugo Patiño Fomeque,
al parecer cercano a Varela. Lo que es cierto, entre los rumores
que se entretejen en el calor de estas tierras, el maracuyá
y la corriente del Cauca, es que Ocampo Fomeque sí fue
asesinado.
El coronel Óscar Naranjo, director de la Dijín,
dice que la otra versión es que el colaborador de Varela
fue velado y enterrado por su familia. De policía, Ocampo
Fomeque pasó a jalador de carros y después a narcotraficante
millonario.
Ahora, tras este asesinato, asegura Naranjo, puede haber un repliegue
estratégico de los ejércitos de Varela y Montoya.
Lo que explica que en las plazas, a pesar de vacías, no
se escuchen el doblar de las campanas de la iglesia, que anuncian
la hora de la misa de otro muerto o de varios.
Al oriente, Roldanillo
En 1929, Roldanillo vio nacer al maestro Ómar
Rayo. También fue cuna del escritor Eustaquio Palacio y
del narcotraficante Wílmer Varela, más conocido
como Jabón o el Negro Varela, de quien algunos habitantes
dicen que ahora empaña el buen nombre de uno de uno de
los municipios más desarrollados del norte.
También de los vecinos. La mala fama se pega y ahora el
estigma recae sobre los más cercanos y sobre otros municipios
como El Dovio o Versalles.
"¿Narcotráfico? ¿Qué es eso?"
Dos pequeños de diez y nueve años no saben de qué
les hablan cuando les preguntan sobre el tema, pero sí
saben que Rayo es un pintor. "¿¡Ahh! muertos?
Sí, acá matan gente. Un día mataron un señor
de un taxi allí y el otro día en una bomba a una
señora en embarazo y a otro señor", hablan
los niños.
La señora en embarazo murió en un tiroteo en el
que perdieron la vida Arleth Patiño Arango y Alex Patiño,
al parecer, miembros del clan Varela. Los niños saben de
lo que se trata y también entienden por qué la mamá
les dice: "a más tardar a las nueve".
Aunque los pobladores aseguran que la situación está
calmada, la tranquilidad es también aparente. Un hecho
inédito les da la razón a los optimistas. En las
fiestas del pueblo, del 29 de enero al 1 de febrero, no hubo ningún
homicidio. A los pesimistas los respalda el silencio y las cifras.
Estadísticas de la Policía de Roldanillo que cubre
este municipio, Zarzal, Bolívar, El Dovio, La Unión,
Versalles, Toro y La Victoria, indican que este año hubo
en enero 21 homicidios en la zona comparados con ocho en el mismo
mes en 2003. En 2002, la cifra fue de 14.
Al 19 de febrero iban ocho en comparación con 11 que se
registraron en 2003. Lo que respalda a los que afirman que lo
duro fue en diciembre, que ahora todo está calmado.
Más hacia Cali, Zarzal
Es tanta la discreción para hablar del tema que
desde hace tres años dictaron orden de captura contra Don
Diego y nadie dice nada. Incluso con recompensa a bordo. Pero
hay gente que asegura que no es como el de las fotos de los plegables
que cayeron del avión: "que está más
flaco". Diego Montoya es una zarzaleño de nacimiento
y vida. "El otro quiere limpiar esto y la barrida no es solo
en Zarzal sino en todo el Norte, la barrida de Varela y su ejército".
El pueblo en el que antes se parqueaban los carros lujosos para
aguar la boca de los pobres es ahora un lugar de muy pocos de
ellos. El de la alcaldesa Ana Cecilia Valencia, amenazada al posesionarse
en su cargo y alguno que otro. Los hombres armados que pasean
por la plazoleta central, al frente de la Alcaldía, son
los escoltas de la mandataria.
"Acá lo que hay es terrorismo sicológico. Las
muertes son normales: cada ocho ó 15 días. No hay
masacres ni secuestros", dice Cesar* un zarzaleño
que asegura que "la cosa está suave", que en
diciembre, cuando los panfletos y los letreros de se busca llenaron
el pueblo, en Zarzal sí espantaban. La gente no salió,
"los negocios no se han quebrado de debuenas".
Un empate técnico
Que la guerra entre los capos la está ganando
Varela, que no que Don Diego. Un juego de apuestas, especulaciones
y mucha sangre. Un juego de manos y de armas.
"Varela no tiene mucho poder económico ni muchos laboratorios,
pero sí brazo armado, además ha dado golpes importantes",
asegura un roldanillense. El coronel Naranjo habla de un empate.
El asunto
es de parte y parte y de la parte mala para todos.
Entre las predicciones de un juego en el que nadie gana, las cartas
están echadas. La Policía asegura que el fin del
cartel del Norte del Valle está cerca. Los habitantes son
más escépticos: "Yo solo digo que esos son
reinados de siempre. Eso se acaban los dos juntos y después
llegarán otros".
*Nombres cambiados para proteger la identidad de las fuentes.
Contecto
Informes a la DEA, clave en la guerra
El enfrentamiento entre ambos bandos del Norte del Valle data
de 2002, después de la muerte del capo Iván Urdinola
Grajales. Según informes de inteligencia, en ese tiempo
Wílmer Varela, le propuso a Don Diego y a Hernando Gómez,
conocido como Rasguño, acabar con los pequeños carteles.
Al parecer, lo que quería Varela era sacar a Don Diego
del negocio. Después de la muerte de Urdinola vino la fragmentación
del cartel.
Varela emergió con la caída del cartel de Cali e
intenta tomar el negocio del tráfico de cocaína
en la región. Pero el enfrentamiento se recrudeció
aún más cuando se conoció del acercamiento
a la Dea de los antiguos socios de Montoya: Arcángel de
Jesús Henao (detenido en enero en Panamá y extraditado
a Estados Unidos) y Rasguño.
Don Diego intenta vengar la traición de los narcotraficantes
y silenciar a todo el que pueda informar a la Dea de sus acciones.
El hecho de que el año pasado haya sido récord en
extradición de colombianos recrudece la confrontación.
La delación ha provocado la inestabilidad de los grandes
capos que se defienden a muerte.
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