EL COLOMBIANO
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Área Metro: Voces de la Esperanza

Aurora de la Fuente es una madre para muchos jóvenes


Su opción fue la educación de los pobres para el trabajo.
Maneja la Escuela de Trabajo San Juan de Luz, ubicada en Zamora.
Dice que la situación actual de la ciudad es el presagio de la paz.

Por
Catalina Montoya Piedrahíta
Medellín


Algunos de los muchachos permanecen internos en la Escuela. La madre Aurora les brindó la posibilidad de quedarse a quienes no tuvieran para pagar pasajes o a los que corrieran peligro en sus barrios. Los jóvenes manifiestan no tener palabras para agradecer las oportunidades que les da la Escuela. Manuel Saldarriaga

La madre Aurora conoce la historia de vida de cada muchacho que pasa por la Escuela de Trabajo. Dice que trata de ayudarlos sin “cargarlos”, porque dice, el asistencialismo puede ser perjudicial.

"Hermana, ¡me van a matar! Pero la llamo porque antes tengo que agradecerle a San Juan de Luz todo lo que hizo por mí".

- "Madre Aurora, ¿sabe qué? el trabajo es lo mío".

Son dos voces jóvenes de muchas que han pasado por los oídos y estremecido el espíritu de la religiosa Aurora de la Fuente, la mujer que un día escarbó la basura con bulldozer y, de donde sólo había miseria, hizo que brotara una escuela que aún funciona en el barrio Moravia.

La mujer, que después de haberse dedicado 20 años a gestionar recursos para llegar con educación a esos lugares "donde termina el asfalto, no llega el agua y la ciudad cambia de nombre", decidió fundar la Escuela de Trabajo San Juan de Luz en la parte alta del barrio Zamora.

Como directora regional de Fe y Alegría logró sembrar 30 escuelas en las laderas escarpadas de la ciudad negociando terrenos "de tu a tu" con urbanizadores que no podían ofrecer papeleos ni escrituras. "Me llamaban de los barrios solicitando la escuela y, a punta de las rifas de carros, lográbamos hacerla, hoy todas están legalizadas".

Y ahora, sintiendo un poco el peso del trabajo de tantos años, se dedica a manejar la Escuela de Trabajo San Juan de Luz y con ella las certezas de progreso de los más de 600 muchachos que han pasado por los talleres de ebanistería y metalistería, y de los 80 que hoy se capacitan para ser técnicos en forja de hierro, talla y modelado de madera... Pero también para "crecer como personas y mantenernos libres del contexto que hay alrededor, ligado a la banda y al vicio", explica Max Junior Valencia, uno de los jóvenes vinculados a la Escuela de Trabajo.

Ciudad de exclusiones
El joven que llamó a la hermana antes de morir pudo escapar y salvarse. El otro, metido hasta el cuello en la vida delincuencial, aprendió de los tornos y el aserrín que "el trabajo era lo suyo".

Porque recibieron una oportunidad. "Estamos en una sociedad de la exclusión y, en respuesta a eso, nosotros no excluímos: vienen bachilleres que no saben trabajar, pero también muchachos que no han terminado la primaria e incluso analfabetas, jóvenes que están metidos en la delincuencia pero también otros muy buenos, y a todos los acogemos".

El hábitat de la madre Aurora tiene como música de fondo el chirriar agudo de las pulidoras y el martilleo incesante de los talleres de forja. Y sus zetas españolas palidecen a ratos, a causa de una tonalidad antioqueña que se le escapa en frases, a pesar de que mantiene a flor de corazón el lejano Valdecolmenares de Abajo, ubicado en Castilla de la Mancha, España, de donde partió hacia Colombia a los 22 años, como Sierva de San José "por obediencia a Fe y Alegría".

Y si pudiera repetir su propia historia, la madre Aurora asegura, sin titubeos, que elegiría a Colombia para realizarse como religiosa, otra vez.

Porque su vocación, a prueba de hierro, fue el trabajo por los pobres, "aunque sólo fuera para acompañarlos y escucharlos".

Sin miedo a las alturas
Cuando la hermana Aurora decidió retirarse de la dirección regional de Fe y Alegría, quería apersonarse de algo propio pero pequeño, y no pudo, porque todas las cosas le salen grandes. Es así como la Escuela de Trabajo lleva diez años creciendo y está a punto de reproducirse en la parte más alta de Santo Domingo Savio, otra vez, y fiel a las pautas de Fe y Alegría, "Allá donde termina el asfalto y donde la ciudad cambia de nombre".

Entre las mil ocupaciones de la religiosa está la de lidiar con facturas de tubería y materiales, porque la construcción empieza pronto. La financiación total está pendiente, pero no importa, Aurora de la Fuente sabe de paciencia y perseverancia.

No le tiene miedo a las "alturas" de los barrios de medellín, atestadas de conflictos y disputas. Cuenta que cuando visita la zona de la nueva escuela de trabajo, siente que hombres y mujeres ya maduros la saludan. Intuye con inmensa satisfacción que se trata de los niños de preescolar que otrora dirigió en una de las escuelas que levantó en ese sector.

"¿Morir? sí me da miedo pero no es una tragedia porque no hay nada qué perder, ya tengo la vida entregada".

Por eso le habla duro a los violentos y ellos le obedecen. Así, San Juan de Luz es una isla de tranquilidad entre sectores conflictivos.

Sin embargo, la oscuridad del panorama es para la madre Aurora el presagio y la certeza de mejores tiempos. "Estamos en un momento de parto doloroso para que venga la paz". Y cuando llegue se sabrá que esta religiosa dio su vida como aporte.

Servicio y utilidad
San Juan de Luz, vitrina de calidad

Ocho talleres componen actualmente la Escuela de Trabajo San Juan de Luz: soldadura y forja de hierro, ebanistería, torno y talla, pintura, entre otras. En este momento la Escuela tiene 100 muchachos colocados en la industria de la ciudad, así como distintas empresas compran la producción de la Escuela. Entre ellas se cuentan: tecnimuebles, Imusa, Ser Vivienda, entre otras. A San Juan de Luz también pueden acudir los jóvenes desempleados que ya hayan recibido capacitación, trabajan en el taller de prácticas y reciben un subsidio estudiantil.

Al final del proceso de capacitación, que dura tres años, cada jóven debe presentar una tesis. Todos los trabajos en hierro y madera de los jóvenes, integran la decoración y amoblamiento de la Casa de la Espiritualidad, un lugar para retiros espirituales que la Escuela utiliza no sólo como vitrina de lo que los muchachos son capaces de hacer sino como ayuda para su sostenimiento.

 

 


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