EL COLOMBIANO
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Área Metro: Voces de la Esperanza

La iniciativa es de la comunidad
¿Cómo amaneció hoy la abuelita de la cuadra?


Flor Mariela Molina y los vecinos cuidan a doña Barbarita.
A la indiferencia le dicen ¡no!, residentes de La Campiña, Robledo.
Que no se tenga dinero no significa que no hay forma de ser solidario.


Por
Margaritainés Restrepo Santa María
Medellín


Que siempre haya alguien cerca de Barbarita. Las vecinas se turnan. Y si nadie puede,"tiene que poder" Flor Mariela. Y hay que tocar nuevas puertas para buscar ayuda, cuando las que se tocaron primero "se cansan". Róbinson Sáenz

Mariela, Barbarita no come... Mariela, Barbarita está brava... Mariela, Barbarita no se deja bañar... Y Flor Mariela Molina Montoya, de 42 años y residente del barrio La Campiña, en Robledo, siente que esa mujer de 99 años, que trabajó en una textilera, fue lavandera y vive a pocos metros de su casa, es responsabilidad suya; al margen de que sea conocida, amiga o pariente... ¡Marieeela!

Todo comenzó hace 2 meses y medio, cuando a su casa llegó uno de los tres hijos de Barbarita Mejía Valencia (los tres desempleados, sin experiencia en manejo de la anciana), con un "mi mamá está muy mal".

Barbarita estaba postrada, "desnutrida, desencajada, con los ojos hundidos, sobre un colchón podrido, con una infección renal tremenda, sin quién le diera una sopa, la aseara o la llevara al médico, en una casa sin piso y sin baño..."

Se movilizaron vecinos y otros ciudadanos. Por aquí, los primeros auxilios. Por allí, el hospital. Pase luego a un asilo pero... "La enfermedad que tengo es vejez; ¿qué hice yo para que me trajeran a esta cárcel", murmuraba.

"Me partía el alma. La cuidaban, pero sentí como si la hubiera llevado, me hubiera quitado el problema de encima, sin importarme lo que ella sentía. Pensé (lo había aprendido de mi mamá): a cada anciano hay que darle la dicha de estar y morir en su hogar, en lo suyo; de no estar abandonado y tener al lado alguien de confianza para pedirle y quejarse".

Y la "matrona" regresó, a casa de un hijo, al barrio.

Toc, toc, toc
¡Barbarita ha vuelto! Sus limitaciones y condiciones de pobreza no han cambiado. ¿Y cómo ser solidarios sin plata?

Toque puertas. Hable con vecinos, amigos, grupos de pastoral, curas. ¿Quién se encarga de su baño? Contacte la prensa. Preste un colchón. ¿Le puede dar la sopa? Consiga cobija. Busque voluntarias para cuidarla. Recurra al supermercado. Párese en media calle a pedir pañales. Que alguien envíe cartas por correo electrónico. Recoja para los medicamentos y los pasajes.

"La caridad hay que cogerla de un todo y por todo. Que una persona muera sola también es culpa de los vecinos", piensa Mariela. Y una cadena de manos dispuestas se ha ido conformado. Ligia, Mercedes, Estela, Omaira, Rosalba, Viviana, Vanesa, Astris, Amparo, don Francisco, don Edgar… De todas las edades. Carolina, una adolescente, pregunta cómo sigue "la abuelita", cuando pasa. Juan Pablo, un niño de 5 años insiste cualquier día en que, para que la abuelita no se queme, vayan por pañales. Siempre tiene que haber alguien.

Mariela, quien, en compañía de su marido, está pendiente de su madre enferma, de sus hijos Diana y Carlos, de su nieto Sebastián, y de vender productos de Yanbal con catálogos, sueña con hacerles navidades hermosas a los niños, encontrarles actividad a los bachilleres desempleados, contar con centros de atención a niños y ancianos en cada barrio y encontrar la forma de ayudar a un señor de 68 años, con leucemia y cuatro hijos, residente del barrio Trinidad. La contactaron para que hiciera algo.

Ella le da vuelta, cada noche, a Barbarita o la lleva a su casa. Y a Barbarita, en silla de ruedas, todavía se le escapan sonrisas, miradas marrulleras y la expresión: "Para servirle, en lo que les pueda ayudar. con mucho gusto".

"No se necesita estar queriendo una persona para sentir necesidad de ayudar. Uno debe tener siempre al lado alguien quien le dé esperanza. Sin plata se puede ser solidario... Cuente, divulgue, encamine, dé ánimo, empuje... Todavía hay gente maravillosa que ayuda. Si nos preocupamos por los vecinos la violencia se acaba".

Y en el vecino piensan en ese sector que se llamó El Cucaracho. Donde, años ha, los dueños de fincas prestaban carros para los enfermos y si se veían ladrones se alertaba. Donde no faltan músico o instrumento en las casas. Territorio de Niño, un perrito que apareció hace como dos años; viejo y achacoso, también tiene quien lo cuide -Mariela-y se resiste a morir, aunque lo hayan aporreado una y otra vez bicicletas y carros.


Opinión especial
Del afecto nacen familias sustitutas

Beatriz María Molina (*)
"El anciano necesita cuidado y protección, pero no con el sentimiento de conmiseración de lástima, sino de estarle brindando algo a lo que él tiene derecho. La actitud de "pobrecito" crea más minusvalía. El sentirse útil es, para él, muy importante. No se trata de trasladarle las obligaciones, sino de darle la oportunidad de tener algo para hacer y desentir que es valioso, que se le tiene en cuenta.

Se dan casos de familias sustitutas, no unidas por lazos de sangre, sino por el afecto, el cariño, casos en los que se organiza como una especie de red comunitaria.Es lo que se considera hoy en día familia: aquellos con quienes se cuenta para un apoyo, para conversar, para que colaboren cuando se les necesita y a quienes el anciano puede ofrecerles lo que tiene para dar. Es familia, porque suple las necesidades afectivas y básicas Eso se da, no sólo con los ancianos, así se piense que en esta ciudad no existe la solidaridad".
(*) Terapista familia

 

 


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