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Área Metro: Voces de la Esperanza

Gabriela, la artífice del "barrio de Dios"

Tiene 76 años y ha dedicado media vida a hacerle casa a los más pobres.
Lo ha hecho a través de La Arboleda, fundación que ella creó.
Más de 115 familias han cumplido el sueño de tener vivienda.



Por
Catalina Montoya Piedrahíta
Medellín


En el barrio San Francisco, ubicado en el sector de Belén Alta Vista, se construyen permanentemente viviendas destinadas a que las habiten los más necesitados. Gabriela Jaramillo es quien ha dado su vida para que ésto sea posible. Fotos Donaldo Zuluaga

Antes de salir, el último retoque: arreglar las cuentas con el de la tienda, que le había llevado unas cuantas bolsas con víveres suficientes como para cuatro almuerzos. El trayecto no iba a ser muy largo, desde Santa Lucía hasta Belén Alta Vista. El objetivo estaba claro: conocer a San Francisco, "el barrio de Dios".

¿Un barrio entero hecho por el Mismísimo, en pleno Medellín? No es fácil que a Gabriela Jaramillo la gente le crea el cuento. Pero ahí están las 115 casas, todas habitadas por personas que jamás se imaginaron acceder a una vivienda propia, y ahí está ella con su Fundación La Arboleda, luchando y sosteniendo una línea de comunicación directa "con el de arriba", a quien Gabriela le atribuye el milagro diario de conseguir recursos para ayudarle a los pobres, sus amores del alma y su eterna vocación.

"¿Usted ve esa casa? Está desocupada desde que yo estoy viniendo por aquí, o sea hace 14 años. ¿Sí cree que hay derecho a eso, habiendo tanta gente sin techo?". Gabriela señala una construcción desvencijada y sellada, en toda una curva, de las muchas que hay que dar para llegar a San Francisco. También se toca el corazón, para ella, ver de cerca la necesidad de los otros es como sentir una puñalada dolorosa.

Obra blanca, obra negra
Los primeros que se le tiran encima son los niños. María Alejandra, por ejemplo, la recibe gritándole "¡madrina!".

La niña sólo sabe que "Gabrielita" es la que reparte la panela y que su familia tiene donde vivir gracias a que un día recibió de regalo una casita cuando ella todavía no había nacido.

"Hay personas que no tuvieron que dar sino $5.000 por la vivienda, otras $100.000 o $200.000, lo que cada cual pudiera. Por ejemplo, los que se van a pasar para esta casa pusieron el terreno y van a dar el aire para la fundación. Hay otros que han dado una cuota de cuatro millones, máximo", dice Diego Reinoso, maestro de obra de las tres construcciones que se adelantan actualmente en el barrio, que nadie ha pagado el precio real de ninguna de las casas.

"Entonces, dígame usted, ¿de dónde ha salido la plata? Yo no me explico, para mí este barrio es un milagro del amor", aAsegura Diego, al tiempo que señala la calidad de la construcción de las casas, unas todavía en obra negra, y otras blanqueadas y revocadas.

Pero... ¿Cómo?
El primer llamado que recibió para dedicar su vida a los más desfavorecidos, Gabriela Jaramillo lo sintió el día en que el mundo se le vino encima, a causa de la muerte de su esposo. "Le dije a mi Dios que me mostrara un camino para yo no morirme de tristeza". Y le mostró el motivo que habría de ocuparle el resto de la vida.

Entonces, a punta de hacer empanadas para vender, con el dinero de la taquilla de una función de cine semanal y con la colaboración del gerente de la Caja Agraria, arregló tres viviendas en Sonsón, el pueblo donde vivía hace 36 años. Después, un riñón enfermo la lanzó a un largo período de dolor y quietud, del que salió "por milagro", contra todos los pronósticos médicos, luego de "prometerle al Señor ser su instrumento para llegarle a los necesitados".

Y fue así como una madrugada cualquiera despertó sobresaltada y supo que lo que tenía que hacer era casas para los pobres. Entoces, llamó a una conocida que tenía un terreno en Altavista para comprárselo con la cuota inicial que le dio el hermano, y los ladrillos que le donaron en las ladrilleras. Logró construír 13 casas. ¿Las otras 102? "Las hizo mi Dios, yo sólo le he hecho los mandados".

Ejemplo: hace unos días, cansada de recibir gente "a la que no tenía nada que darle", Gabriela se fue para el grupo de oración a nombrarle a Dios, con apellidos y todo, cada familia y cada necesidad. Y cuando llegó a la casa encontró razón de una llamada. Cuando la correspondió, ya tenía una considerable donación que le va a alcanzar para darle casa a una desplazada con cuatro hijos.

"Llévele a Mery que ella no tiene qué almorzar", le entregó una de las bolsas con mercado a Olga Lucía, una mujer que se acercó a despedir a Gabriela en su visita por San Francisco. Después de mucho preguntarle y ella, de mucho contestar, el interrogante lo formuló ella: "Dígame: esto es obra de Dios o no?".

Opinión general
El sueño cumplido de los más pobres

"Me cambió la vida. Yo estaba viviendo de arrimada en una casa en Fredonia y mi esposo se quedó sin trabajo, estábamos aguantando hambre. Ahora que tenemos casita nos está yendo mejor, mi trabajo en la construcción de las otras casas que está haciendo doña Gabriela"
Olga Lucía Álvarez

"Yo pensaba que nunca iba a tener una casita. Ella me dijo pídale a mi Dios y verá que El se la da. Y cuando me dio la sorpresa, sentí una alegría tan grande que no lo podía creer".
Marianela Rendón

 


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