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Recicladores, la vida tan llena de desafíos

Mari Andrea confiesa a lo que están expuestas las recicladoras.
Raquel sintió la balacera tan cerquita, que le dio miedo mirar.
El oficio de chatarrero es tan honrado como el del médico o ingeniero.


Por
Ber-Buri
Medellín

La joven Mari Andrea, su hijo Dubán Alexis, su hermana Luz Dary y su mamá Raquel en plena actividad de recoger basuras, en el sector de Santa Teresita, para luego seleccionar lo que se va a vender para el reciclaje. En otro lado están los otros dos hermanos Luz Denis y John Arley. Una famiempresa. Manuel Saldarriaga

"El tipo comenzó a arrimarse demasiado, a decirme groserías, cochinadas y hacerme malas propuestas: que si me bajaba las tangas me regalaba 10.000 pesos. Sentí una furia tan verraca que me provocó agarrarlo a golpes. Era el portero de un edificio, pero, gracias a Dios, ya lo echaron".

Mari Andrea hace una mueca de rabia a medida que va contando las experiencias desagradables que debe soportar en su diario trajín de recicladora. Su rostro joven, fresco y agradable se endurece.

"No me explico por qué piensan que como una trabaja en la calle recogiendo basura, tienen derecho a abusar y ofender. Si viera las cosas que me tengo que aguantar". Mari Andrea tiene 28 años, terminó bachillerato en el Ciro Mendía, de Santa Cruz. Alguna vez fue cantante en el colegio y soñó con ser médica, "porque no me gusta ver sufrir a la gente y, además, no le tengo asco a la sangre de las heridas". Anda con un niño de siete años: es su hijo Dubán Alexis.

"El papá del niño me engañó. Es que las mujeres somos unas bobas, unas pendejas, y sólo nos damos cuenta de lo que hacemos después de meter la pata. Estando en embarazo tuve un novio al que le dije de frente que si estaba conmigo tenía que ver por mi hijo. Al pelao le gustó mi franqueza y me le dio el apellido a Dubán".

Raquel, la matrona
"No me molesta que nos llamen chatarreros porque el nuestro es un oficio tan honrado como el de un médico o un ingeniero. Aunque a veces nos toque recoger mierda", se lamenta Raquel, la madre, quien lleva 28 años "jalándole" a la preservación del medio ambiente. Además de sus cuatro hijos, tiene ocho nietos, seis de ellos estudiando y dos en bachillerato. Lo único que se ha ganado en la vida es una hernia, por cargar objetos pesados, porque tiene la fuerza de un levantador de pesas, a pesar de ser tan menudita.

Antes de reciclar basuras, cuando era joven y bella, Raquel fue empleada de servicios domésticos. "Pero me pasaron unos sustos, que abandoné ese oficio y, más bien, me dediqué a chatarriar. Cómo le parece que me tocó trabajarle a una familia de mafiosos. A veces me daban hasta 200.000 pesos para consignar, hasta que alguien me advirtió que me cuidara porque ya me tenían chequiada para atracarme.

"Y la última fue en un apartamento, en Los Colores. Sin querer escuché que estaban tramando el robo de una caja fuerte y que también secuestrarían al hijo de los señores. Todo se iba a planear de tal manera que la culpable sería la muchacha del servicio. Apenas me enteré, le pedí al señor que me liquidara y, como a las 10 de la noche, cogí un taxi y salí despavorida de esa casa".

Raquel estaba convencida que lo de las basuras era más tranquilo, pero una vez estaba agachada recogiendo la basura de un banco cuando se produjo un tiroteo, ya que estaban atracando a un cliente que salía con plata. Pero Raquel permaneció agachada, quietecita y pensando: "si volteo a mirar, me quiebran. En esta ciudad está prohibido mirar lo que está pasando alrededor".

Admirada con lo que cuenta la matrona, interviene su hija Luz Mery. "Ojalá pudiera sacar a mi viejita de esta situación, porque esto es muy duro. A veces, cuando encuentro desperdicios llenos de gusanos, cierro los ojos y sigo recogiendo sin pararles bolas, porque los humanos somos ceniza y esos mismos gusanos nos van a devorar cuando seamos cadáveres".


Implicaciones
Reciclaje tiene sus estratos sociales

Los recicladores de la calle también están calificados por estratos sociales: están los de 5 y 6 que no se consideran recicladores sino recuperadoresa del medio ambiente y, por lo general, están organizados en alguna entidad o cooperativa. Los recicladores estratos 3 y 4 son los independientes, los informales que no están organizados, pero reciclan para vender. Y los de estrato 1 y 2 que son los indigentes y mendigos que se dedican a esculcar bolsas de la basura buscando, ante todo, comida.

 


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