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Inicio serie Relleno de Rodas
¡Corra, corra, que sonó la campana! Saque la basura
Un ejército de 399 hombres recoge diariamente la basura
de Medellín.
Para
esta tarea EVM tiene diseñadas diversas rutas, días
y sectores.
Ser
recolector: labor satisfactoria y de pocos sinsabores.
Por
Gustavo
Ospina Zapata
Medellín
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Las
pesadas bolsas que alza Anibal en su recorrido lo obligan
a apretarse los dientes. Empapado en sudor y cansado de
correr, debe conservar los impetus intactos hasta el final
de la ruta. Él no se queja sino que se llena de
entusiasmo porque ama su trabajo. Fotos Donaldo Zuluaga
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6:55 a.m. En los talleres de Empresas Varias de Medellín,
cercanos a la IV Brigada, Aníbal Salas ya está
listo para emprender la tarea de todos los días. Vestido
con el uniforme gris impecable, una gorra de color naranja
y el rostro lleno de entusiasmo, se echa tres bendiciones,
se da la mano con sus dos compañeros de tripulación
y sube a la cabina del vehículo que lo llevará
a la calle 47D con carrera 82, donde recogerá el primer
paquete de basura, exactamente a las 7:00 y 10:00 a.m.
Hace catorce años este hombre, de 34, trabaja como
recolector y ya se conoce la rutina de memoria, los malabares
de un oficio en el que no faltan los sobresaltos, las curiosidades,
los peligros y las emociones. "Hay usuarios que se enojan
porque a uno se le desfondó la bolsa o porque no la
sacaron a tiempo y les tocó correr para alcanzar el
carro. Uno trata de entenderlos y ayudarles, porque estamos
prestando un servicio y hay que hacerlo con amor, con calidad",
repite Aníbal, quien a medida que avanza el recorrido
se le va enrojeciendo el rostro y humedeciendo el uniforme,
especialmente en el pecho y la espalda.
Al tan, tan, tan, de las campanas del vehículo recolector,
que hace sonar el conductor, Juan Carlos Sosa, para anunciar
la llegada del carro, van saliendo las damas y caballeros
que se dejaron coger del día y no sacaron sus paquetes
a tiempo. El corre corre obliga a muchos y muchas a asomarse
en pijama, otros en pantaloneta y los más infortunados
envueltos en toallas, como si hubieran tenido que salirse
del baño a la carrera.
"Uno va conociendo la gente, hay muchos a los que siempre
los coge el día, los recolectores les colaboran arrimándose
a la puerta para que no tengan que correr", explica el
maquinista, quien alterna los sonidos del pito y la campana
con una extraordinaria pericia para adelantar y reversar el
carro, según sea el caso.
A las 9:35 a.m., cuando el sol empieza a calentar con todo
su rigor, por los rostros de Aníbal y Gustavo Tobón,
el otro compañero recolector, chorrean grandes gotas
de sudor. Las camisas ya están mojadas casi a la mitad
de la espalda, pero sus ímpetus están intactos.
Increíblemente, el ritmo de su trote no va mermando
con el calor ni con el cansancio de las carreras.
La ruta es larga. La carga variada. Pesadas canecas emergen
a l lado de bolsitas de no más de un kilo. En ese margen
hay basura de todos los tamaños, empaques, olores y
pesos. "A veces uno cree que una bolsa pesa poco, pero
resulta que le metieron tapado, la gente le mezcló
escombros y a uno le cuesta levantarlas", comenta Gustavo,
de 44 años, quien no trabaja con vinculación
a EVM sino a una cooperativa recolectora que subcontrata con
la entidad.
Por ello su salario es más bajo que el de Aníbal,
al igual que sus garantías. Mientras a éste
lo dotan con cuatro uniformes cada seis meses, a Gustavo le
dan sólo uno cada 8 meses. Aún así, el
hombre no se queja. "Es el mejor trabajo que he tenido
en la vida y por eso estoy contento", sostiene.
Tampoco se notan recelos ni envidias entre el grupo. La tripulación
son tres y la unión es la garantía de que la
jornada será exitosa.
Sinsabores y alegrías
A las 10:30 a.m. el tan, tan, tan del carro sigue sonando.
De la puerta de una casa en Casalanz sale una anciana que
se extiende en bendiciones hacia el conductor y los hombres
que levantan las cargas de desechos. "Le dije, ella todos
los días sale y hace lo mismo, mucha gente nos conoce
y pregunta cuando un compañero no viene", cuenta
Juan Carlos.
El calor golpea más duro y el hambre empieza a hacer
mella en los estómagos. Diez minutos de parqueo en
una cafetería para desayunar, refrescarse y continuar
la marcha. Falta casi la mitad de la ruta, la 24, que hace
el recorrido entre los barrios La Floresta y Calasanz.
En otros sectores de la ciudad un ejército de carros
y personas realiza la misma labor. En los barrios de extracción
popular es más complicado. Lomas, calles estrechas
por las que no cabe el vehículo, arrumes inmensos de
paquetes, muchos regados en el suelo por indigentes y perros
callejeros, y ciertos problemas sociales impiden que se cumpla
la labor tal cual la tiene diseñada Empresas Varias.
Para estos sectores, la entidad tiene convenios con organizaciones
sociales comunitarias, que se encargan de organizar la sacada
de las basuras hasta determinados sitios, donde arriman los
vehículos a llevarse las cargas.
Zonas donde hay escalas, senderos y caminos peatonales tampoco
permiten la penetración de la tripulación, lo
que obliga a las familias a transportar los desechos a sitios
de acopio.
Hacia las 11:00 a.m. Aníbal y su compañero
se notan exhaustos. Tanto levantar paquetes y canecas, tanto
correr detrás del automotor, que tiene que moverse
con rapidez para cumplir a tiempo la ruta, y tanto soportar
calor y huirle a las motos, buses, taxis y particulares, que
les pasan rozando la humanidad, termina por agotarlos.
"Hace un tiempo me partí el menisco porque me
di contra el carro, tuvieron que operarme pero, gracias a
Dios, ya estoy bien", narra Aníbal. A Gustavo
la máquina le cogió dos dedos y también
se fue de operación. Otro compañero sufrió
una vez serias heridas en un brazo al alzar una bolsa donde
habían depositado un espejo quebrado. "Y a un
muchacho lo arrolló una motocicleta cuando llevaba
un paquete para el carro", relata el conductor, quien
debe tener diez ojos para estar alerta a los movimientos de
sus compañeros, a los vehículos que le piden
despejar el paso, a las amas de casa que se dejaron coger
del tiempo y asoman apresuradas a las puertas y a cualquier
movimiento extraño que amenace la seguridad de la tripulación.
A las 11:35 a.m. el desgaste físico ha sido total.
Entre Aníbal y Gustavo se alzaron 11 y media toneladas
de carga que le caben al vehículo, recorrieron 13 kilómetros
a ratos trotando, a ratos corriendo y nunca caminando, y dejaron
limpiecitas de basuras las decenas de cuadras comprendidas
en la ruta asignada. En la calle 48A con carrera 81A termina
el recorrido y Aníbal se echa tres bendiciones. En
la tarde empezará otra rutina igual y el tan, tan de
las campanas sonará de nuevo.
Costos y cifras
399 trabajadores
Para la recolección de las basuras EVM dividió
la ciudad en tres grandes bloques: lunes-jueves, martes-viernes
y miércoles-sábado, que incluyen sectores residencial
(dos veces a la semana), comercial (todos los días),
industrial e institucional (desde 1 hasta seis veces). El
recorrido cubre toda la ciudad y los cinco corregimientos,
incluidas zonas rurales, para una cobertura del 100%. En total
son 292 rutas, además de 28 rutas especiales. Todo
cubierto por 126 vehículos (entre compactadores, volquetas,
barredoras mecánicas y carrotanques) y 399 trabajadores,
entre conductores y recolectores. La tarea se cumple las 24
horas del día, explicó Olga Lucía Henao
Pardo, Especialista en Operaciones de Aseo de EVM.
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