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El relleno, un vecino que no fue amigable


Moscas y aguas negras, factores que pueden contaminar a las personas.
Dolores de cabeza y gripas, entre los problemas de salud comunes.
Los desperdicios que dejan los gallinazos son otro tormento.



Por
Marleny Vélez Castaño
Medellín

Fotos Donaldo Zuluaga
Las basuras son focos de diseminación de infecciones, sobre todo si sus componentes no se disponen en forma adecuada. Insectos, malos olores y aguas negras son algunos de los factores contaminantes.
Los esposos María Nidia Gómez y Gildardo Rúa han pasado toda su vida en el sector La Mina. Uno de sus seis hijos, Jonathan, dice que cuando nació todavía no estaba allí el relleno. Lo que no olvida, porque lo ve a diario, son los gallinazos que surcan el cielo desde temprano en la mañana y desaparecen al anochecer.

Vuelan bajito sobre los techos de las viviendas de un amplio sector de Fontidueño, en Moravia. Después de hartarse, comiendo desperdicios que esculcan en la basura, llevan en sus picos sobras para guardar en las ramas de los árboles. Cuando levantan el vuelo, muchos pierden sus presas y caen en los aleros de los tejados y andenes de las casas. La podredumbre nunca deja de sentirse.

El olor nauseabundo es apenas uno de los males en la vida cotidiana de Jonathan, su familia y de los vecinos del relleno sanitario de la Curva de Rodas.

Por estos y muchos más inconvenientes, ninguno de los habitantes, de arriba, de abajo o de los lados, de los barrios La Gabriela, La Camila, Estación Primera y La Mina, quiere tener cerca al pestilente vecino.

Doña Alba Nidia Rodríguez vive encima de la Curva de Rodas, sobre la autopista Medellín-Bogotá, aunque está un poco retirada del lugar, hasta su humilde casa llegan, por temporadas, nubes de moscas que la ponen al borde de una crisis de nervios. "Por días las plagas y las moscas se alborotan y los olores se levantan. Cuando se remojan o recalientan las basuras llegan olores muy malucos", asegura, mientras se toca la cintura adolorida, que no la deja mover de la cama.

Luciano Vélez Arroyave, médico inmunólogo, especialista en medicina preventiva, señala que hay desconocimiento de la comunidad sobre los mecanismos de transmisión de enfermedades. Aclara que los olores de la basura, como los que menciona Alba Nidia, no causan enfermedades, pero sí molestias al olfato y mal genio.

"Es una falsa creencia que viene desde la Edad Media cuando la gente atribuía los malos olores a un castigo de los dioses. Lo que sí puede generar riesgos para la salud es la mala disposición dentro del basurero de latas de cerveza, llantas, tarros plásticos y otros tiestos, donde se recogen aguas lluvias, que pueden servir de criaderos de mosquitos como el Aedes Egiptys, causante del dengue".

Sin embargo, enfatiza, estos riesgos son menores en comparación con los que pueden ocasionar la mala disposición de los recipientes en los solares de las casas y sitios baldíos de toda la ciudad. Explicó que las moscas que habitan los basureros pueden arrastrar en las patas virus y bacterias de las materias fecales presentes en las basuras y esto ocasiona diarreas, riesgos que se suman a la mala higiene en la preparación de los alimentos de algunos hogares.

La Mina es el barrio más cercano al basurero. A pocos metros vive doña Amparo Panesso. A su casa llegan humos blancos y olores ácidos y químicos, muy extravagantes. "A esto le atribuyo el dolor de cabeza y el desánimo que mantengo y que mis niños se enferman mucho de gripa", asegura. Si en sus manos estuviera, se llevaría este mal vecino para una montaña bien lejos y alta donde no moleste a nadie. Es su sueño.

El mismo padecimiento hace parte de las conversaciones callejeras de don Otoniel Hernández, a quien le duelen las amígdalas y la cabeza, sobre todo por las noches y en la madrugada, males que le adjudica a los olores de "aguamasa de ocho días", cuando se revuelven la basura y los líquidos negros o lixiviado que emanan de las aguas lluvias y de los desperdicios descompuestos.

"Todo lo que sale de este relleno huele a porquería. Yo no sabría cómo poner remedio a esto porque el mal que no quiero para mí tampoco se lo deseo a nadie. Este es el peor vecino que he tenido en toda mi vida", sostiene. Mala salud, mal genio e infecciones respiratorias son apenas algunas de las molestias que deben enfrentar los vecinos de un relleno sanitario, y, en especial, esta comunidad que, además del basurero, tiene cantera y carbonera cerca de la vivienda.

La Organización Mundial de la Salud reconoce los riesgos que tiene para la salud la exposición permanente a sustancias tóxicas. La cercanía de la población a estos sitios lleva a los organismos de salud a plantear recomendaciones a los países del mundo que adopten las normas técnicas en la adecuación apropiada de las basuras, para que no se conviertan en un mal vecino. Nadie quiere a un mal vecino.

Acoger normas técnicas
Entre 1978 y 1980 las basuras que se producían en Medellín se depositaban en Moravia, cerca a la Universidad de Antioquia.

Desde 1984, cuando se empezaron a disponer las basuras en el relleno sanitario de la Curva de Rodas, este vecino incomoda y causa problemas a por lo menos 13.156 habitantes de la zona, que soportan el ingreso diario de 2.400 toneladas de desechos sólidos.

La Resolución 0813, del 10 de octubre del 2002, prohibe arrojar en el relleno residuos hospitalarios peligrosos, como objetos contaminados con sangre y otros fluidos corporales. Igualmente, agujas, jeringas, guantes de látex y otros materiales de uso quirúrgico... El 31 de agosto de este año, por ley, se terminó la vida útil del relleno y el nuevo que se proyecte debe cumplir con todas las normas técnicas vigentes para la disposición de residuos sólidos, recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
 


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