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Inicio el Caguán un año después
18-02-2003
La presencia del Estado escasea
en el disuelto despeje
Terrorismo,
arma de guerra luego de la ruptura de la negociación.
Medellín
A un año de la ruptura de las negociaciones con las
Farc, San Vicente del Caguán, en Caquetá, y
La Macarena, Mesetas, Uribe y Vistahermosa, en Meta, los municipios
que conformaban la disuelta zona de distensión, siguen
esperando la inversión social que el entonces presidente
Andrés Pastrana Arango, anunció como compensación
por su sacrificio en favor de la paz.
Según Gilberto Toro Giraldo, director ejecutivo de
la Federación Colombiana de Municipios, hasta el momento
la presencia estatal en esta zona se ha limitado a la recuperación
de la institucionalidad, representada en la presencia de tropas
del Ejército y la llegada de la Policía a las
localidades. Sin embargo, la inversión social prometida
sigue sin llegar.
A esto se suman las amenazas a los alcaldes y concejales,
lo cual hizo parte de una estrategia de debilitamiento de
las instituciones que, a nivel nacional, emprendieron las
Farc luego de la ruptura del proceso.
Días después de la quiebra del diálogo,
los insurgentes declararon objetivo militar a todos los mandatarios,
concejales y funcionarios municipales de Caquetá que
no renunciaran a sus cargos.
El caso más grave es el de Néstor León
Ramírez, alcalde de San Vicente del Caguán,
quien hace siete meses despacha desde Bogotá.
"Al alcalde le hicieron un atentado y se refugió
en el comando de Policía. Después se fue para
Florencia, donde se concentraron todos los alcaldes de Caquetá,
que estaban amenazados. Cuando la situación se hizo
insostenible se fue para Bogotá y al que había
dejado como alcalde encargado, que era el secretario de Gobierno,
le asesinaron a la esposa", recordó Toro Giraldo.
Este crimen motivó la renuncia de varios funcionarios
y empleados de la Alcaldía de San Vicente del Caguán.
La situación de los mandatarios de los cuatro municipios
de Meta que hicieron parte de la zona de distensión
no es mejor. Ellos, al igual que varios concejales y miembros
de sus gabinetes, tuvieron que refugiarse en Villavicencio.
Terrorismo, la otra arma
Además de la desestabilización de las instituciones
mediante las amenazas contra alcaldes y concejales, las Farc
acudieron al miedo como estrategia de guerra.
Según el director nacional de la Policía, general
Teodoro Campo Gómez, en el último año
las Farc disminuyeron las tomas a poblaciones y dirigieron
su accionar a los actos terroristas. "Ellos están
concentrados en evitar la confrontación directa con
las Fuerzas Militares, lo que demuestra su debilidad",
comentó el oficial el viernes pasado, en Medellín.
Frente a este cambio de accionar, Toro Giraldo recordó
que "cada vez más se recurre al terrorismo que
es una forma vil de atacar a la población civil".
Sin embargo, reconoció que las estrategias de seguridad
del actual gobierno han permitido a la gente común
"salir de nuevo a las carreteras y reencontrarse con
los seres queridos sin el miedo a un secuestro". También
consideró que el proceso fallido con las Farc deja
un mensaje claro para que cuando se emprenda una nueva negociación
con cualquier grupo irregular se fijen reglas claras para
evitar abusos como los que se dieron al amparo del desmontado
despeje.
Mediante un comunicado, la Asamblea de la Sociedad Civil
por la Paz, hizo un llamado para que el Gobierno y la guerrilla
"paren sus lógicas belicistas" e instaron
a que se siga insistiendo en la búsqueda de una salida
negociada. La asamblea recordó que la guerra se ha
degradado durante el último año y la población
civil sigue poniendo las víctimas. "Las medidas
decretadas por el gobierno al amparo de la conmoción
interior no han servido para disminuir el enfrentamiento armado
y, al contrario, las violaciones a los derechos humanos y
a las libertades individuales son cada vez mayores",
señaló el documento de los voceros ciudadanos.
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