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19-02-2003
La última autoridad civil salió del Caguán

Serie "primer año del fracaso del diálogo con Farc". Segunda parte.
Inspector de Policía salió este martes 18 de febrero, ante las graves amenazas.
Era la única autoridad civil de este municipio de Caquetá



Por
Carlos Olimpo Restrepo S.
Enviado especial, San Vicente


La última autoridad civil de San Vicente del Caguán salió la tarde de ayer, por vía aérea, a un exilio que no sabe si es temporal o definitivo, debido a las graves amenazas contra su vida.

Manuel José Ramírez Roa, inspector municipal de Policía, llevaba 30 de sus 52 años en esta población de Caquetá, donde fue funcionario judicial y secretario de varias dependencias municipales. "Sólo me faltó ser alcalde", anota.

El lunes en la tarde, alguien le dijo en su oficina que tres desconocidos rondaban su casa. Ante la seriedad de la amenaza, pasó la noche en la Inspección, a pocos metros de la Estación de Policía. Durmió como pudo, recostado en su silla, arrullado por el ruido del ventilador.

"Tres días antes recibí una llamada en la que me decían: ´con usted vamos a celebrar el aniversario del fin del despeje´. La amenaza es frecuente", señala Manuel José, quien pese al riesgo se negó a la protección policial permanente para evitar ser objetivo de la guerrilla.

Desde el 15 de octubre pasado, cuando asumió el cargo, fueron incontables las llamadas y cartas anónimas para que renunciara. "Llegó una nota del frente 14 de las Farc, en la que me citaba para explicar un caso que llevaba". Fue el único texto firmado que recibió, pero no acudió al encuentro por temor a ser asesinado.

Cargo difícil
Roto el diálogo, el 20 de febrero de 2002, las Farc amenazaron a la Administración Municipal para que renunciara o, incluso, se marchara del pueblo. La Inspección estuvo desocupada algunos meses, mientras Manuel José Ramírez se ganaba la vida en asesorías para trámites ante entidades oficiales. Un conocido le propuso ser inspector. Ante los escasos ingresos aceptó, pese a los riesgos que implicaba el cargo.

"Mis hijos estudian en otra parte. Son un gasto grande. Toca meterse a esto, a la mano de Dios", dice. Desde entonces, Manuel José no salió más de la cabecera municipal. Las inspecciones judiciales de cadáveres las hizo sólo en el hospital, donde contó, a veces, con ayuda de miembros de la Policía Judicial y de un médico general.

"Por la situación, sólo recogemos a los que matan aquí. A 40 minutos de Minas Blancas (vía a Neiva), hace tres meses tiraron a un muchacho y no lo han sacado. La guerrilla no deja. Está en los huesos", cuenta. Ayer, mediahora después de su última diligencia, sudoroso y apresurado, recogió sus papeles y emprendió camino al exilio.

Al abandonar su despacho se bendijo. Encendió su motocicleta y partió. Atrás quedaron 30 de esfuerzos en esta tierra, a donde llegó con la esperanza de morirse de viejo, una ilusión que mantiene, "así toque en otra parte".

Antecedentes
La violencia en la zona es creciente

Aunque sin estadísticas de lo sucedido antes de asumir su cargo, Manuel José Ramírez Roa cree que esta es la época más difícil que ha pasado San Vicente del Caguán.

El inspector de Policía indicó que, entre octubre 15 y diciembre 31 de 2002, las muertes violentas fueron 36. En 2003, van 16, cifra alta para un municipio de 35.000 habitantes. "Los asesinatos son, por igual, en zona rural y urbana. El 90% con disparos de 9 m.m. El resto fue con arma de largo alcance", sostuvo.

 


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