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Deporte en Grande >> "Cochise", 60 años

Cochise, 60 años y tan campante

Cumplió años Martín Emilio Rodríguez, deportista del siglo XX en Colombia.
El pedalista antioqueño que se lo ganó todo en la ruta y la pista.
Ejemplo de cómo debe ser la vida de un ídolo de multitudes.



Por
Pablo Arbeláez Restrepo
Medellín


Cochise celebró su cumpleaños 60 con la gente de EL COLOMBIANO. Foto Jaime Pérez

Las alas de la gloria nunca llevaron al infierno del orgullo al campeón mundial que aprendió a montar en una bicicleta de mujer. Este viernes 13 de abril de 2002, a los 60 años de edad, Martín Emilio Cochise Rodríguez sigue siendo ese hombre risueño, dicharachero y que a todos se goza por igual.

Humilde de estirpe y grande de corazón, esa ha sido la vida del campeón de campeones del deporte nacional.

Atleta del siglo XX en Colombia, el que le ganó a todos en todos lados, el que a sus rivales volvió eternos segundos, pero a los que siempre respetó y admiró.

Cochise, un nombre, hombre integral, sin dobleces. Una marca tatuada en la historia del ciclismo mundial, ser vital antes que un atleta artificial. El hijo de doña Gertudris, el dilecto alumno del club Mediofondo, impulsor del prestigio de una empresa, Caribú, y dueño del corazón de la afición del país en los años sesentas.

Leyenda de la bicicleta, el pedalista que antes de serlo tuvo que vender limones en la Plaza de Cisneros y quien por sus propios esfuerzos llegó a convertirse en el agregado cultural y deportivo del país ante el gobierno italiano en Milán.

Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez, el niño que perdió a su padre Victoriano once días después de haber nacido en el barrio Guayabal; criado por su mamá Gertrudis y cinco hermanos, siendo el menor.

El hijo putativo del "entenao" Francisco Román, quien tuvo la responsabilidad de conducirlo, de llevarlo de la mano a la Escuela Alfonso López, en la cual no se destacó por ser buen estudiante, siendo apenas un niño retraído y pachá. Allí, a los 8 años, se hizo llamar Cochise, un indio apache renegado, protagonista de la película la Flecha Rota, caracterizada por Jeff Chandler, la que pudo ver con 20 centavos de la época.

El ayudante de un bar del aeropuerto Olaya Herrera, que buscó la superación mediante la mensajería, que luego lo llevaría a conocer en su bicicleta las carreteras de Antioquia, Colombia y el mundo.

Cochise, el héroe de moda para los pequeños amigos de Aranjuez y Manrique. El mandadero insuperado de la Botica de los Isazas y de la Farmacia Santa Clara, que en una doble a Barbosa, al lado de 200 pedalistas no fue capaz de terminar por culpa de los calambres.

El portento en ciernes de los 60´s, la llavería del Negro Orlando Gómez y Javier "Ñato" Suárez, con quienes en medio de bananos, leche, "cucas" y salchichón cultivó el sentido de la amistad y de los esfuerzos del ciclismo. El turismero descubierto e impulsado por el antes ciclista y hoy periodista Jota Enrique Ríos, quien fue capaz de ir más allá de las dudas de los comentaristas del momento.

Ejemplo para quienes lo enfrentaron en sus comienzos, porque a pesar de sus limitaciones iniciales, tuvo las ganas suficientes para mostrar que había un héroe en ciernes.

"Fue bueno desde el principio, tenía carisma y nunca se le vio triste", es el recuerdo de su amigo, Javier Suárez.

Un gozador empedernido de la vida, que disfrutaba jugando a las cartas, que gozaba con los caballos montando a pelo cuando cargaba bultos de carbón, hincha del Atlético Nacional –pero hace fuerza por el DIM y Envigado-, el buen atajabolas del barrio, que evitaba los presagios de gol de los hermanos de Velitas Pérez y que aprendió a nadar los sábados por las tardes en los charcos de Quebradanegra, por las empinadas cuestas de la zona Nororiental de Medellín.

El muchacho que gozó de la fama cuando empezó a ganar todas las carreras locales, pupilo de la dirigente Isabelita Ángel; que se volvió brillante con los cuatro títulos de la Vuelta a Colombia, que dividió al país entre cochisistas y suaristas, protagonista de cinco rondas méxicanas, otras tantas del Táchira, recordista mundial aficionado de la hora y oro en la persecución en Varese. El que todo lo ganó. Un Pelé del pedalismo de América para el mundo, que nunca tuvo rencores ante la afrenta del dirigente Édgar A. Senior, que lo acusó de profesionalismo –"pecado" en el ciclismo de ese momento-, ni del nadaísta Gonzalo Arango, quien en el reportaje más famoso de cuantos le han hecho, se burló del Corazón de Jesús y de las porcelanas de su madre Gertrudis.

Cochise Rodríguez, aprendiz de torero, el filósofo –"la gente en Colombia no se muere de cáncer sino de envidia"-, el piloto de avioneta, graduado con 100 horas de vuelo, el tenista, el softbolista, el aeromodelista, campeón de la causas buenas del país, intocado por las veleidades del narcotráfico, que para su fortuna y de los suyos nunca cedió ante las presiones de la gloria eterna. El niño loco y bueno que siempre ha sido y que fue capaz de vencer a la fama.

Implicaciones
Vive de la venta de libros

Un campeón que sembró el buen nombre de Colombia en 22 países, que a los 60 años, después de haberle dado de todo a su país, subsiste de la venta de libros y de una pensión que le otorgó Coldeportes Nacional.

Martín Emilio Rodríguez tiene tres hijos: Marcela, Juan Esteban y Daniel. Disfruta de la vida de casado con María Cristina Correa. Ya es abuelo y tiene una nieta. Desde hace 14 años labora en el campo editorial. Ha representado a Enterprise, Planeta y Norma.

Con el apoyo de Indeportes Antioquia va de colegio en colegio llevando un mensaje a la juventud, de cómo debe ser su comportamiento y de la importancia del juego limpio, tanto en la vida como en el deporte.

"Cuando me pegué el golpe en la cabeza en el que por poco pierdo la vida –el 1° de abril de 1992-, me hubiera gustado quedarme ahí mismo. Porque ahora hay mucho rencor, envidia y violencia. Dios no quería que me fuera esa vez, porque contaba conmigo para que le dijera a la juventud de cómo debe ser uno en este mundo".

 


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