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La ciudad, en riesgo de crisis
humanitaria
Transición de conflicto rural a urbano alerta a entidades
de socorro.
Aumento de choques armados, como en Medellín, expone
más a civiles.
Solución debe ser integral y no puntual, dicen entidades
humanitarias.
Por
Javier Arboleda
García
Medellín

La Cruz Roja de Antioquia llamó la atención
sobre la necesidad de que exista una reglamentación
muy clara frente al uso del emblema universal del organismo
humanitario para evitar confusiones en situaciones de
conflicto. Donaldo Zuluaga
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En Medellín y el Valle del Aburrá hay barrios
sitiados por los actores armados. Existen corredores estratégicos
para sus intereses, restricciones para la movilización
y posicionamiento de esos grupos. Allí, la confrontación
armada es abierta y va de la mano de la intensificación
y degradación de ese conflicto y la forma como afecta
a la población civil.
"Las características del conflicto rural se están
trasladando a la zona urbana, con mayores consecuencias y
con el agravante de que pueden afectar a más personas",
dice un directivo de un organismo humanitario con sede en
Medellín.
Y agrega que los síntomas de la degradación
son evidentes: a Carlos Andrés, de 21 años,
un estudiante del barrio Popular 1, del nororiente, un grupo
armado lo persiguió varias cuadras. Al aprehenderlo,
lo decapitó... María, una joven mamá,
del barrio La Divisa, en el extremo centroccidental, murió
atravesada por una bala. En su residencia, detrás de
un viejo escaparate que, pensó, le serviría
de escudo para protegerse de la balacera que grupos armados
protagonizaron en su sector... hace menos de un mes, también
en el centroccidente, un grupo de milicias amarró una
granada de fragmentación a un cadáver que tiró
en una vía pública. La trampa explotó
cuando las autoridades practicaban las diligencias de inspección
judicial...
"Son apenas ejemplos, reportados, y demuestran la verdadera
dimensión del problema", dice la defensora del
Pueblo para Antioquia, María Girlesa Villegas Muñoz,
al explicar que esa situación prendió las alarmas
de los organismos humanitarios.
Expectativas
Aunque el trabajo en relación con el conflicto urbano
no es del todo representativo, esos organismos empiezan a
vislumbrar una coyuntura complicada, pese a que el consenso
general es que la solución debe ser nacional y global.
Villegas Muñoz explica que su despacho empieza a recibir
quejas frecuentes sobre actuaciones de los actores armados
en los barrios populares, enfocadas a violaciones flagrantes
de los derechos humanos o infracciones a las normas del Derecho
Internacional Humanitario (DIH).
"Es muy crítica la situación porque la
comunidad está sufriendo con la confrontación",
al punto que siente vulneradas sus garantías fundamentales
cuando le restringen la movilización o la obligan a
desplazarse a otro barrio, o le reclutan a uno de sus miembros,
sobre todo a los jóvenes o, en el caso extremo, cuando
es testigo de un juicio sumario, en el que se irrespeta el
derecho a la vida o al debido proceso.
"Esas quejas las hemos puesto en conocimiento de las
autoridades competentes para que actúen de conformidad",
pero llegan a través de muchos filtros, debido al temor
general que existe para denunciar o poner en conocimiento
público tales atropellos. "A veces es tan grave
la situación, que mucha gente es capaz de enfrentar
su propio miedo y hablar", indica la defensora.
La educación
Le preocupa, sobre todo, lo que viene sucediendo con los establecimientos
educativos en sectores críticos de la ciudad, donde
algunos enfrentamientos armados se dan con una escuela o un
colegio de por medio.
Para la funcionaria, la solución debe ser integral,
partiendo del respeto a los derechos humanos, de un Estado
que sea capaz de garantizarlo, pero también de la voluntad
política de los actores armados de entender la necesidad
de acatar las normas del DIH, que protegen a los no combatientes
y, de paso, regulan y limitan el uso de la fuerza.
Villegas Muñoz jalona un proyecto para la realización
de un gran cabildo abierto en el que todas las entidades y
personas que tengan que ver con el tema puedan discutirlo
y lanzar sus propuestas. "También recopilamos
información para preparar una resolución defensorial",
que llame la atención de las autoridades sobre esa
realidad.
La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas
(NU) para los Derecho Humanos conoce el problema. Advierte
que su actuación, como en el resto del país,
es la de observar y recopilar información para asesorar
a las autoridades en la formulación y aplicación
de políticas, programas y medidas de promoción
y protección de esas garantías fundamentales.
Reitera su propuesta: el Acuerdo Global en Derecho Humanos
y Derecho Internacional Humanitario, que permita proteger
a la población civil de los riesgos de una confrontación
y que, de paso, allane el camino para una solución
definitiva.
La propuesta
En opinión del despacho, el Acuerdo es fundamental
porque refuerza el compromiso del Estado por la protección
y promoción de los derechos humanos y les recuerda
a los actores armados la importancia de acatar en toda su
extensión las normas del DIH.
Pese a esa visión, muchos analistas piensan que la
confrontación será cada vez peor en las grandes
ciudades por la dinámica que viene adquiriendo el conflicto
armado en el país, por lo que auguran un trabajo más
a fondo de todos los organismos humanitarios, nacionales y
extranjeros.
La crudeza de la guerra urbana, agrega otro directivo de
una Ong de derechos humanos, hará que muchas entidades
de este orden cambien el enfoque de sus actuaciones y miren
más a las urbes, porque tendrán que destinar
muchos de sus recursos en el manejo de una situación
que, de recrudecerse, "traerá más y mayores
consecuencias de las que hoy vemos en nuestros campos".
Implicaciones
Infracciones contra personal de socorro
El personal médico y sanitario de los hospitales en
Medellín ha padecido en algunas ocasiones el irrespeto
de su inmunidad como misión médica. En Belencito,
una ambulancia fue atacada hace dos meses. En San Javier,
el 20 de abril se enfrentaron la fuerza pública y las
bandas frente a la Unidad de Atención Hospitalaria.
A esto se suman amenazas y desplazamiento forzado de funcionarios
del sector salud; personal obligado a la prestación
de servicios; muerte de enfermos y de heridos bajo protección
del personal sanitario; ataque a unidades y medios de transporte,
que llegan incluso a su destrucción total; conversión
de unidades o medios de transporte en objetivos militares;
afectación secundaria de personal de salud y de heridos
y enfermos que se hallan en las ambulancias o en los hospitales;
robo o restricción del tránsito de medicamentos,
alimentos y equipos médicos, prohibición de
la oferta de servicios de salud de manera directa o con la
implantación de "toque de queda", retenes,
etc.
En la unidad hospitalaria del barrio Doce de octubre, las
directivas tuvieron que concertar con las bandas del sector
el respeto a la misión médica puesto que durante
varios meses utilizaron la parte posterior de las instalaciones
como trinchera, lo que obligó al cierre del hospital
durante varios meses. En la actualidad se encuentra en servicio.
"También hay vulneración del derecho y
deber del personal de salud de guardar silencio frente a la
información que conoce por causa o con ocasión
de sus labores humanitarias", expresó un médico
afectado por los ataques.
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